21-10-2025, 11:17 PM
—WUAWUAWUAWUA— ¡Y así se fueron los novios! Bajo los nubarrones más feos que he visto desde Isla Karate, Owen y su amiguito se perdieron entre la neblina con el dramatismo de una telenovela de media tarde. Si eso no era amor, entonces no sé qué diablos era. Me crucé de brazos en la borda, el viento despeinándome el flequillo mientras el muelle empezaba a vaciarse poco a poco.
—Mira tú, la vida tiene un sentido del humor jodidamente curioso —murmuré, medio riéndome. —Uno promete amor eterno, y los otros cargamos cajas y esperanzas rotas. — La madera del barco crujía con ese sonido que me encanta, ese estamos vivos que hace eco bajo los pies. Todo parecía calmarse, hasta que vi el papel volando por el aire, revoloteando entre la brisa marina como si el mismísimo destino hubiera decidido lanzarnos una broma pesada, uno, dos, tres periódicos que caen como palomas con mensaje.
Varo fue el primero en atraparlo, claro, siempre con su rifle en mano, tan tenso como un cable mojado. Cuando vi la cara que puso supe que no eran buenas noticias, me acerqué con paso ligero, el taconeo resonando sobre cubierta, y me asomé por encima de su hombro. —¿Qué pasa, mi amor? ¿Por qué esa cara de haber visto un fantasma? —pregunté con tono burlón, aunque algo en su mirada me detuvo un segundo.
El viento abrió las páginas y ahí estaban. Las malditas cosas, los carteles, recompensas, nuestras caras. Reconocí la de Alana de inmediato, porque su fotografía tenía la misma mirada dulce que pone cuando intenta convencernos de que no estamos en peligro (aunque siempre lo estemos). Luego la mía, ah, la mía era gloriosa, no lo voy a negar. ¡Salí preciosa! Hasta el cabello se me veía bien, y eso que en la foto debía estar peleando o gritando.
—WUAWUAWUAWUA ¡Coño, mírenme esa pose! Ni el fotógrafo de los periódicos del North Blue me habría sacado así de bien. — Rosse, por supuesto, tenía la recompensa más alta, casi el doble que la de Varo y eso solo podía significar una cosa el Gobierno Mundial nos teme, y no hay mejor cumplido que ese.
—Bueno, supongo que ya somos oficialmente famosos. ¿Viste eso, Giyuu? ¡Me superó el capitán! No es justo, yo cocino mejor y bebo más —dije con una sonrisa traviesa, aunque mis ojos no dejaban de repasar cada cifra. Varo temblaba, el pobre. Yo podía escuchar cómo su respiración se aceleraba mientras trataba de razonar una salida lógica y claro, él y la lógica nunca fueron amigos, empezó a hablar de esconderse, de disfrazarse.
—WUAWUAWUAWUA, ¡qué ternura, Varo! ¿De verdad crees que puedes esconder esa cara de “más buscado del South Blue”? Ni poniéndote el vestido de Gwendy pasas desapercibido —bromeé dándole una palmadita en la espalda. Fue entonces cuando Rosse habló y cuando Rosse habla, el aire se detiene, su voz llenó la cubierta, dulce y peligrosa como una copita de ron con veneno. Dijo que esto no era un problema, que era un espectáculo, que el mundo nos acababa de dar un escenario y nosotros, las estrellas, debíamos brillar.
Sus palabras encendieron algo en mí. Esa chispa que siempre me hace querer cantar, gritar, vivir, cuando el capitán alzó el brazo y ordenó izar las velas, supe que no había vuelta atrás. —¡Un banquete, dice!— repetí con energía, chocando las manos y girando sobre mis tacones. —¡Pues claro que sí, capitan! Si el mundo nos llama criminales, que al menos nos recuerde por tener buen gusto. — Bajé a la cocina como un relámpago. El barco se movía con cada ola, pero mis manos conocían el ritmo del Crimson Stage. Encendí los fogones, lancé un par de ollas al fuego y abrí las cajas recién cargadas, el olor a especias, a carne curada, a frutas tropicales llenó el aire.
—Hoy cenamos como reyes del pecado —murmuré, removiendo una olla mientras tarareaba una canción vieja de mi isla—. Si el mar nos quiere devorar, que al menos lo haga con buen sabor en los labios. Subí de nuevo a cubierta, sosteniendo una botella en una mano y una sartén en la otra. La tormenta se cernía sobre nosotros, el cielo sin luna rugía, y el barco se preparaba para zarpar, Rosse ondeaba su abrigo carmesí como si fuera un estandarte y el viento lo obedecía.
Me planté junto a él, sonriendo de oreja a oreja. —WUAWUAWUAWUA ¡Capi, la cena estará lista pronto y el infierno también! Que el mundo se prepare, porque los Piratas Cabaret no huyen, mi amor, sino que brillamos. —Alcé la botella, brindando con el aire salado.
—¡Por el amor, por el peligro y por las recompensas! ¡Que nos busquen, que nos encuentren, pero que nunca nos olviden!— El barco comenzó a moverse, cortando las olas como una nota de jazz en mitad de la noche.
—Mira tú, la vida tiene un sentido del humor jodidamente curioso —murmuré, medio riéndome. —Uno promete amor eterno, y los otros cargamos cajas y esperanzas rotas. — La madera del barco crujía con ese sonido que me encanta, ese estamos vivos que hace eco bajo los pies. Todo parecía calmarse, hasta que vi el papel volando por el aire, revoloteando entre la brisa marina como si el mismísimo destino hubiera decidido lanzarnos una broma pesada, uno, dos, tres periódicos que caen como palomas con mensaje.
Varo fue el primero en atraparlo, claro, siempre con su rifle en mano, tan tenso como un cable mojado. Cuando vi la cara que puso supe que no eran buenas noticias, me acerqué con paso ligero, el taconeo resonando sobre cubierta, y me asomé por encima de su hombro. —¿Qué pasa, mi amor? ¿Por qué esa cara de haber visto un fantasma? —pregunté con tono burlón, aunque algo en su mirada me detuvo un segundo.
El viento abrió las páginas y ahí estaban. Las malditas cosas, los carteles, recompensas, nuestras caras. Reconocí la de Alana de inmediato, porque su fotografía tenía la misma mirada dulce que pone cuando intenta convencernos de que no estamos en peligro (aunque siempre lo estemos). Luego la mía, ah, la mía era gloriosa, no lo voy a negar. ¡Salí preciosa! Hasta el cabello se me veía bien, y eso que en la foto debía estar peleando o gritando.
—WUAWUAWUAWUA ¡Coño, mírenme esa pose! Ni el fotógrafo de los periódicos del North Blue me habría sacado así de bien. — Rosse, por supuesto, tenía la recompensa más alta, casi el doble que la de Varo y eso solo podía significar una cosa el Gobierno Mundial nos teme, y no hay mejor cumplido que ese.
—Bueno, supongo que ya somos oficialmente famosos. ¿Viste eso, Giyuu? ¡Me superó el capitán! No es justo, yo cocino mejor y bebo más —dije con una sonrisa traviesa, aunque mis ojos no dejaban de repasar cada cifra. Varo temblaba, el pobre. Yo podía escuchar cómo su respiración se aceleraba mientras trataba de razonar una salida lógica y claro, él y la lógica nunca fueron amigos, empezó a hablar de esconderse, de disfrazarse.
—WUAWUAWUAWUA, ¡qué ternura, Varo! ¿De verdad crees que puedes esconder esa cara de “más buscado del South Blue”? Ni poniéndote el vestido de Gwendy pasas desapercibido —bromeé dándole una palmadita en la espalda. Fue entonces cuando Rosse habló y cuando Rosse habla, el aire se detiene, su voz llenó la cubierta, dulce y peligrosa como una copita de ron con veneno. Dijo que esto no era un problema, que era un espectáculo, que el mundo nos acababa de dar un escenario y nosotros, las estrellas, debíamos brillar.
Sus palabras encendieron algo en mí. Esa chispa que siempre me hace querer cantar, gritar, vivir, cuando el capitán alzó el brazo y ordenó izar las velas, supe que no había vuelta atrás. —¡Un banquete, dice!— repetí con energía, chocando las manos y girando sobre mis tacones. —¡Pues claro que sí, capitan! Si el mundo nos llama criminales, que al menos nos recuerde por tener buen gusto. — Bajé a la cocina como un relámpago. El barco se movía con cada ola, pero mis manos conocían el ritmo del Crimson Stage. Encendí los fogones, lancé un par de ollas al fuego y abrí las cajas recién cargadas, el olor a especias, a carne curada, a frutas tropicales llenó el aire.
—Hoy cenamos como reyes del pecado —murmuré, removiendo una olla mientras tarareaba una canción vieja de mi isla—. Si el mar nos quiere devorar, que al menos lo haga con buen sabor en los labios. Subí de nuevo a cubierta, sosteniendo una botella en una mano y una sartén en la otra. La tormenta se cernía sobre nosotros, el cielo sin luna rugía, y el barco se preparaba para zarpar, Rosse ondeaba su abrigo carmesí como si fuera un estandarte y el viento lo obedecía.
Me planté junto a él, sonriendo de oreja a oreja. —WUAWUAWUAWUA ¡Capi, la cena estará lista pronto y el infierno también! Que el mundo se prepare, porque los Piratas Cabaret no huyen, mi amor, sino que brillamos. —Alcé la botella, brindando con el aire salado.
—¡Por el amor, por el peligro y por las recompensas! ¡Que nos busquen, que nos encuentren, pero que nunca nos olviden!— El barco comenzó a moverse, cortando las olas como una nota de jazz en mitad de la noche.
Resumen
