Me agaché un poco para hablar con MM. No lograba ver su puchero desde arriba, pero sabia que no le gustaba la idea de vender al animal.
Le puse el meñique en la cabeza a forma de consuelo —No te encariñes demasiado con Cara Melo, pequeña. Llevas menos de una semana con él— Me agache un poco para escucharla mejor pero un comentario de Hyak me descoloco.
—¿Mujer?— Pregunté, ladeando la cabeza y apoyando una mano en la barbilla. —¿Dime por favor si ese gigante que viste era mujer?— Miré a Hyak con esa cara de suplica que uso cuando quiero una buena noticia desde hace años.
Recuperando un poco la compostura, carraspee y explique algunas cosas. —Es raro ver gigantes por estos mares; la mayoría se queda en Elbaf, nuestro reino que se encuentra por el Nuevo Mundo. No es que no haya alguno de paso, pero no es cosa común en estos Blues.— Hice una pausa, señalando a MM de forma incriminadora. —Y oye, lo de “Caramelo” se lo puso MM; fue idea suya, muy dulce y muy tonta a la vez. Pero venderlo aquí… no me parece buena idea. ¿Quién en un barco civil tendría la pasta suficiente para comprar una criatura exótica de Wano? Dudo que encontremos comprador que pague lo que vale y, además, no quiero que se lo lleven por cuatro monedas y luego nos lo echen en cara.—
En ese momento apareció Jin, todo apurado y con cara de quien necesita manos pero no suficiente, pidiéndome su equipaje. No hizo falta que me lo pidiera dos veces: descargué el cofre de mi espalda como si fuera una galleta y lo dejé con un thud en el suelo del barco. Él me agradeció con su clásica frialdad y yo le respondí con un gesto mínimo, casi humilde. —No es nada, compañero. Estos músculos están hechos para eso; además, cargarles las cosas me hace sentir útil.—
Casi al instante apareció Ashveil, que siempre tiene el oído en todo, vino con el pedido de Odeth: conseguir comida para el viaje, rápido. Le hice un gesto afirmativo y me interné por el barco buscando algo decente. Lamentablemente, mi tamaño me limitaba, y a los pocos lugares que podía entrar, no encontraba nada que satisfaga una tripa como la mía, o la de mi tripulación.
Minutos después, volví al punto de reunión con las manos vacías y la cara algo roja de la vergüenza —Capitán— Dije, acercándome —No encontré nada digno. Muchas zonas del barco no son aptas para mí— Hice un gesto amplio con las manos. —Si me meto en ciertas estancias, termino rompiendo más de lo que arreglo.— Lamentablemente para mi, los camarotes, las mesas y las escaleras están pensados para gente que mide mas de veinte metros.
Curioso por lo que el resto estaba viendo en un recorte de periódico que pasaban de mano en mano, me arrodillé y bajé la cabeza casi hasta el suelo para leer el papel. Ahí, en letras grandes, vi algo que me heló la espalda: la jolly roger de nuestra tripulación estampada al lado de varios wanted. ¡Todos estaban ahí! No solo Ash, Jin y hasta MM, también había caras conocidas entre esos rostros reclamados: Uker, Maki, Jensen, hasta el polizón pelirrojo, pero no había ni rastro de Odeth ni de mí.
Mi cara cambio de la curiosidad a la preocupación. Si esos tipos trajeados se enteran de que hay criminales con recompensas millonarias a bordo de un barco “civil”, se arma la matanza. Me agarré la cabeza con las dos manos y el corazón me golpeó el pecho: teníamos que hacer algo, y rápido.
Me giré hacia Ash con la desesperación y, por qué no, con una solución de gigante. —No hay otra opción, Ash.— Le dije en voz baja pero firme, con la mirada clavada en la suya. —Tendrás que usar tu fruta y meter a los demás dentro tuyo. Yo te esconderé a ti cuando tengas a todos dentro… y tranquilo, nadie los encontrará.— Señalé mi trasero con el dedo índice y añadí con una seriedad preocupante, sin tomar en cuenta el tono de mis palabras —Nunca los hallaran tan adentro.—
Le puse el meñique en la cabeza a forma de consuelo —No te encariñes demasiado con Cara Melo, pequeña. Llevas menos de una semana con él— Me agache un poco para escucharla mejor pero un comentario de Hyak me descoloco.
—¿Mujer?— Pregunté, ladeando la cabeza y apoyando una mano en la barbilla. —¿Dime por favor si ese gigante que viste era mujer?— Miré a Hyak con esa cara de suplica que uso cuando quiero una buena noticia desde hace años.
Recuperando un poco la compostura, carraspee y explique algunas cosas. —Es raro ver gigantes por estos mares; la mayoría se queda en Elbaf, nuestro reino que se encuentra por el Nuevo Mundo. No es que no haya alguno de paso, pero no es cosa común en estos Blues.— Hice una pausa, señalando a MM de forma incriminadora. —Y oye, lo de “Caramelo” se lo puso MM; fue idea suya, muy dulce y muy tonta a la vez. Pero venderlo aquí… no me parece buena idea. ¿Quién en un barco civil tendría la pasta suficiente para comprar una criatura exótica de Wano? Dudo que encontremos comprador que pague lo que vale y, además, no quiero que se lo lleven por cuatro monedas y luego nos lo echen en cara.—
En ese momento apareció Jin, todo apurado y con cara de quien necesita manos pero no suficiente, pidiéndome su equipaje. No hizo falta que me lo pidiera dos veces: descargué el cofre de mi espalda como si fuera una galleta y lo dejé con un thud en el suelo del barco. Él me agradeció con su clásica frialdad y yo le respondí con un gesto mínimo, casi humilde. —No es nada, compañero. Estos músculos están hechos para eso; además, cargarles las cosas me hace sentir útil.—
Casi al instante apareció Ashveil, que siempre tiene el oído en todo, vino con el pedido de Odeth: conseguir comida para el viaje, rápido. Le hice un gesto afirmativo y me interné por el barco buscando algo decente. Lamentablemente, mi tamaño me limitaba, y a los pocos lugares que podía entrar, no encontraba nada que satisfaga una tripa como la mía, o la de mi tripulación.
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Minutos después, volví al punto de reunión con las manos vacías y la cara algo roja de la vergüenza —Capitán— Dije, acercándome —No encontré nada digno. Muchas zonas del barco no son aptas para mí— Hice un gesto amplio con las manos. —Si me meto en ciertas estancias, termino rompiendo más de lo que arreglo.— Lamentablemente para mi, los camarotes, las mesas y las escaleras están pensados para gente que mide mas de veinte metros.
Curioso por lo que el resto estaba viendo en un recorte de periódico que pasaban de mano en mano, me arrodillé y bajé la cabeza casi hasta el suelo para leer el papel. Ahí, en letras grandes, vi algo que me heló la espalda: la jolly roger de nuestra tripulación estampada al lado de varios wanted. ¡Todos estaban ahí! No solo Ash, Jin y hasta MM, también había caras conocidas entre esos rostros reclamados: Uker, Maki, Jensen, hasta el polizón pelirrojo, pero no había ni rastro de Odeth ni de mí.
Mi cara cambio de la curiosidad a la preocupación. Si esos tipos trajeados se enteran de que hay criminales con recompensas millonarias a bordo de un barco “civil”, se arma la matanza. Me agarré la cabeza con las dos manos y el corazón me golpeó el pecho: teníamos que hacer algo, y rápido.
Me giré hacia Ash con la desesperación y, por qué no, con una solución de gigante. —No hay otra opción, Ash.— Le dije en voz baja pero firme, con la mirada clavada en la suya. —Tendrás que usar tu fruta y meter a los demás dentro tuyo. Yo te esconderé a ti cuando tengas a todos dentro… y tranquilo, nadie los encontrará.— Señalé mi trasero con el dedo índice y añadí con una seriedad preocupante, sin tomar en cuenta el tono de mis palabras —Nunca los hallaran tan adentro.—
Resumen
