22-10-2025, 01:28 AM
(Última modificación: 10-11-2025, 09:57 PM por Runin D. Kitay.)
La primera vez que lo vio ocurrió un par de días después de su llegada a aquella enigmática isla tropical. Aún no lograba adecuarse correctamente al tipo de arena, al pegajoso clima, a las personas de origen humilde o a los lejanos edificios que contrastaban completamente con las casitas de madera y la exuberante vegetación y campos agrícolas que se extendían a lo largo y ancho del poblado. No entendía del todo la necesidad de acudir a la iglesia del lugar a la misma hora o la necedad de los ancianos de continuar trabajando en los campos aún cuando la espalda les dolía y las manos se llenaban de cayos.
Entre la curiosidad provocada por la forma de vida de algunos pobladores, el hecho de verlos como personas valientes y, por lo tanto, que le agradaran, y la necesidad de disfrutar de la fauna y flora del lugar, decidió lo impensable: dar un paseo bajo el sol. Una niña se ofreció a prestarle una franela para que pudiera cubrir su cabello o sus hombros mas la fémina, aún a pesar de su tendencia a verse perfecta, decidió declinar la oferta. ¿Cómo iba a quitarle a una pequeña sus cosas? Impensable, hasta alguien como ella tenía límites, control, principios.
En vez de ello decidió caminar rápido para llegar a las partes más frondosas de la naturaleza. La motas de polvo se deslizaba entre sus zapatillas, de vez en cuando escapaba de la espuma de mar que llegaba demasiado lejos, esquivaba pequeños cangrejos e inspeccionaba la mata rojiza que parecía ser una con la húmeda arena. Podría ignorarlo, pasar de largo, pero se detuvo un instante tan solo para inspeccionar el lugar.
![[Imagen: eykw5s5.png]](https://i.imgur.com/eykw5s5.png)
—Un cadáver.
Pronunció con excesivo grado de desinterés, se veía joven y no tan pálido o cadavérico como para pensar que realmente llevaba demasiado tiempo a orillas del mar. Se agachó solo lo suficiente para acercar su mano hacia la nariz del hombre, si, respiraba, tenuemente pero lo hacía. Sopesó antes de volver a ponerse de pie y, caminando con la gracia que la caracterizaba, desapareció por el mismo lugar por el que había llegado.
Dos días después volvió a caminar por la arena, cargando una pequeña bolsa de papel entre sus brazos. No había visto al muchacho pelirrojo de nueva cuenta pero seguramente lo habían rescatado, ya había hecho suficiente con dar aviso al pequeño poblado para que el cuerpo inconsciente de un marinero no continuase dando mala imagen a la parte sur de Sorbet. En general a ella no le interesaba pero entendía lo mucho que se esforzaban en ese lugar.
Ese día sí pudo llegar a la parte más verde del lugar. Sin mucho esfuerzo subió a un árbol resistente, sentándose con ligereza sobre una de las ramas más grandes, cruzando las piernas como si estuviera en un banco cualquiera, evaluando el entorno, reconociendo algunas plantas cercanas, intentando centrarse lo suficiente como para escuchar algún animal aunque estaba segura de haberlos asustado, normal, llevaba demasiado perfume encima y sus pasos no eran precisamente silenciosos, al contrario.
Un pequeño frasquito fue extraído de la funda de papel, el líquido era blanquecino, ligeramente teñido por algo artificial que hacía obvio el hecho de no encontrarse bebiendo agua. Después sacó un mango que peló con paciencia para no ensuciarse la ropa, ni las manos, aunque eso último era más complicado. Si, odiaba que la vieran comer frutas complicadas por lo que solía alejarse para ello. Claro que no todos los pobladores estaban en la urbe, en los campos o en la pequeña comunidad, algunos salían hacia la selva y la saludaban.
¿No estaba demasiado solitario el lugar? ¿Qué tanto ruido había hecho? Antes de comer de su mango escuchó un ruido, seguido de otro y de otro. Pisadas… ¿Humanas? Miró con avidez el lugar hasta que encontró una mata pelirroja. ¡Ah! Así que realmente no se había convertido en un cadáver aunque empezaba a creer que podía llegar a serlo o, al menos, podía llegar a sufrir más que un naufragio. Los labios de la fémina se presionaron en un intento de acallar una risa antes de decidir lamerlos, humectarlos con suavidad antes de dejar escapar su dulzona voz.
![[Imagen: vEnJXv0.png]](https://i.imgur.com/vEnJXv0.png)
—Cariño, yo que tú evitaría esa planta para limpiarte la retaguardia, a menos que quieras un par de ampollas y la picazón más grave que sentirás en tu vida. Fufufufufu~ —La risa floreció, burlesca pero serena cuando decidió al fin lamer un poco del mango antes de beber el líquido del pequeño envase, vino blanco. —Si quieres limpiarte, usa la planta a tu izquierda. —Levantó los hombros, continuando con lo suyo. ¿Estaba de buen humor? Al parecer sí.
