22-10-2025, 09:08 AM
La oscuridad era su aliada como siempre, sus movimientos bien medidos, le permitían moverse con su forma más ágil entre cajas y costales. Podía ver a su aliado moverse con gran sigilo para ingresar al almacén, justo a la parte donde un grupo de reunía, algunos que murmuraban por la entrada principal se hacían visibles, aunque no entendían que sucedía, dada la hora en la que se encontraban, uno pensaría que habría poco ruido alrededor, pero al ambiente aún era movido, incluso barcos a lo lejos y algunos de estos mismos, platicando o escuchando música, como si fuera otro día más en sus vidas de delincuentes. La costumbre a veces desconcentra, eso lo sabía Dharma, que, para el este tipo de situaciones, aunque ya experimentadas mas de una vez, nunca le desmeritaban seriedad, más que nada para evitarse retrasos innecesarios, lo mejor era atender de manera puntual lo que ocurría, sin distracciones.
El de Wano se “materializaba” entre la oscuridad y algunos reflejos lunares, en la parte de afuera del almacén cuya puerta era algo amplia, y toda su demás estructura solida en material entre aluminio y metal. La puerta o las puertas pues era una de esas puertas dobles con pequeña ventana, se mantenía abierta por el ajetreo de los "trabajadores” una forma de decirle a este tipo de criminales.| Sus vidas al fin encontraran calma | Musito, palabras suaves y frías, cual parca dictando el destino de un par de hombres que pensaban ingresar al almacén, cada uno cargando un costal, para cuando escucharan las voz de Dharma, el cual tomaba su arma con su mano derecha y en un solo movimiento, elegante y piadoso originaba el deceso de sus existencias, cortando sus gargantas con brevedad. Había 5 personas afuera y 5 adentro para ese momento. Sanemi era el encargado de hacer lo suyo, los lugares cerrados le iban mejor. Mientras tanto el poseedor de armas de filo, se movía por la explanada afuera del almacén, la cual tenía tumultos de cajas y algunos contenedores de gran altura estorbaban la visibilidad de todos los ahí presentes.
Lo que ocurría dentro iba por cuenta del otro ser de cabellera gris. Sus habilidades en el arte del combate cuerpo a cuerpo eran muy buenas, si se le podían decir así únicamente, para abreviar su arsenal, serian lo suficientemente útiles, si es que le apetecía usarlos. Por otro lado, el otro ser, se movía con suma confianza por el lugar externo al almacén, aun nadie se había percatado del todo de lo que sucedía. Dharma acechaba con calma, su arma se hacía presente, las sombras de aquellas cajas lo protegían, aunque no era tan fácil ocultar a alguien de su tamaño y estilo, sin embargo, sus ojos esmeraldas brillando tenuemente entre la oscuridad, vislumbraban otras presas, así con cuidado se acercaba ante lo que parecían ser otro hombre reunido alrededor de una caja y sobre estas algunas botellas de cerveza y alimentos de medio pelo. Dormitando tras una jornada larga del bajo mundo y de lo mucho que ganarían vendiendo esas "antigüedades".
El de Wano se “materializaba” entre la oscuridad y algunos reflejos lunares, en la parte de afuera del almacén cuya puerta era algo amplia, y toda su demás estructura solida en material entre aluminio y metal. La puerta o las puertas pues era una de esas puertas dobles con pequeña ventana, se mantenía abierta por el ajetreo de los "trabajadores” una forma de decirle a este tipo de criminales.| Sus vidas al fin encontraran calma | Musito, palabras suaves y frías, cual parca dictando el destino de un par de hombres que pensaban ingresar al almacén, cada uno cargando un costal, para cuando escucharan las voz de Dharma, el cual tomaba su arma con su mano derecha y en un solo movimiento, elegante y piadoso originaba el deceso de sus existencias, cortando sus gargantas con brevedad. Había 5 personas afuera y 5 adentro para ese momento. Sanemi era el encargado de hacer lo suyo, los lugares cerrados le iban mejor. Mientras tanto el poseedor de armas de filo, se movía por la explanada afuera del almacén, la cual tenía tumultos de cajas y algunos contenedores de gran altura estorbaban la visibilidad de todos los ahí presentes.
Lo que ocurría dentro iba por cuenta del otro ser de cabellera gris. Sus habilidades en el arte del combate cuerpo a cuerpo eran muy buenas, si se le podían decir así únicamente, para abreviar su arsenal, serian lo suficientemente útiles, si es que le apetecía usarlos. Por otro lado, el otro ser, se movía con suma confianza por el lugar externo al almacén, aun nadie se había percatado del todo de lo que sucedía. Dharma acechaba con calma, su arma se hacía presente, las sombras de aquellas cajas lo protegían, aunque no era tan fácil ocultar a alguien de su tamaño y estilo, sin embargo, sus ojos esmeraldas brillando tenuemente entre la oscuridad, vislumbraban otras presas, así con cuidado se acercaba ante lo que parecían ser otro hombre reunido alrededor de una caja y sobre estas algunas botellas de cerveza y alimentos de medio pelo. Dormitando tras una jornada larga del bajo mundo y de lo mucho que ganarían vendiendo esas "antigüedades".
