22-10-2025, 04:43 PM
El telón se levantó y la obra dio inicio. El fuego fungía de las luces iluminando el improvisad estrado. Los actores principales Sanemi y Dharma, los de reparto los bandidos del lugar. Esta actuación tiene tiempo límite y el reloj arrancaba, imparable. No se preocuparía por su compañero, conoce de sobra sus habilidades y lo bien que se desempeña, especialmente de noche, es letal. Un usuario singular y devastador. Él, en cambio, luchador cuerpo a cuerpo. Dos fuerzas unidas en el mismo bando. Mala suerte para quienes, sin tener el nivel necesario, levantaban su mano.
Por un instante, Sanemi soltó un suspiro, dejando escapar un leve vaho. Su mirada se clavó en un hombre que, entre gritos desesperados, desenvainó su arma. Torpe, furioso, pero determinado. Mientras que Sanemi, sin titubear se movió y levantó su puño derecho con rapidez hasta impactar en la cara de quien buscaba dispararle, quería evitarse el problema que el sonido de las balas provocaría delatando así su ubicación.
Sin mediar palabra, el de apellido Toge escuchó los pasos de otras personas. Siguiendo con la estructura del plan trazado, lo idea es buscarlos para darles caza antes de que pudieran agruparse ¿cuántos eran? No lo podía distinguir con claridad, pero seguro un par más. Con la agilidad que lo caracterizaba, se deslizó entre las sombras, esquivando cajas y saltando obstáculos como si el terreno fuera suyo. Entretanto, las llamas seguían avanzando, y el lugar, en cuestión de minutos, dejaría de ser un escenario de combate para convertirse en una antorcha descomunal, desagradable y fatal.
