22-10-2025, 04:43 PM
- No te preocupes por eso, ambos nos sorprendimos -. Tampoco esperaba caer, pero a decir verdad tampoco pensó que iba a sobrevivir en cuanto el techo se deshizo debajo de él. - La casa no estaba en el mejor de los estados -. Al decir esto, echó la mirada atrás, observando el lugar al que esperaba no acercarse de nuevo.
Las preguntas llegaron como cataratas, siendo seguidas por una explicación que tuvo todo el sentido del mundo. - Supongo que es bastante difícil -. No creía ser capaz de correr perfectamente, y sin caer, con los ojos cerrados. No tener visión debe ser una cosa horrible, y ella lo aceptaba y convivía de, al parecer, la mejor manera. - Aún así, eres bastante valiente -. La forma en la que había decidido que subiría al techo lo sorprendió, por un momento tuvo miedo de que ella temiera a las alturas, pero supuso que si no se puede ver no le tendría miedo a algo así.
- No fue algo genial, fue algo que cualquiera en mi situación haría -. Quiso quitar esos halagos, no le gustaban, se sentía más cómodo al no hablar sobre sus “proezas”. - Entreno a diario, si, pero no soy tan fuerte -. Solo era un cocinero, nada más que eso, por mucho que su sueño en la vida fuera muy grande. - No tienes que preocuparte por olvidar mi nombre, pero me siento halagado por que quieras recordarlo -. Sonrió, incluso si la muchacha no podía notar ese gesto, y pese a los problemas, estaba siendo un día de lo más divertido.
Guio a la mujer sin problemas, mientras sentía su agarre en su propia mano. El camino de tierra quedaba marcado bajo sus pes, mientras que avanzaban hacia su destino.
- Pues… vivo en esta isla hace, más o menos, 7 años, en la zona sur. Vivo solo, y solamente me dedico a trabajar y entrenar -. Su vida no era nada interesante, no se le ocurría qué más podía contarle a la mujer. - Eh… -. Las ideas eran escasas. - Pues, tengo un sueño, pero me temo que aún no puedo cumplirlo -. Se quedó en silencio por un momento, analizando si era una buena idea contarlo, tal vez lo tomaba como un loco, y aún tenían un largo camino hasta la posada.
- Quiero… una forma de ser inmortal -. Al fin, dejó salir esas palabras por su boca, seguro de su hablar. - Si consigo algo que me haga inmortal, podría vivir hasta el fin de los tiempos, y así llevar el nombre de mi familia hasta el final, para que alguien los recuerde -. Si, definitivamente sonaba como un loco, y tampoco planeaba contarle a ella el porque su familia no estaba con él, ni siquiera si le preguntaba.
- Fuera de eso, mi vida no es muy interesante. Soy un buen cocinero, así que muchas veces obtengo ofertas de trabajo variadas, pero no se si te interesaría oír sobre esas cosas -. A decir verdad, todo el alboroto y la caminata le habían dado hambre, debería volver a casa y cocinar algo. - Dime, ¿tienes una comida favorita? Podría cocinarla si nos vemos en otra ocasión, o aprenderla para prepararla la siguiente vez que nos veamos -. Algo le decía que se volverían a cruzar, así sea en muchos años.
- Oh, cierto -. Parecía haber recordado algo lo suficientemente interesante para contarle a la mujer. - Trabajé en un orfanato durante 4 años antes de venir a Sorbet, como cocinero obviamente -. No pasó nada muy interesante en ese lugar, al menos no cosas que pudiera contarle, pero seguro que el dato al menos creaba otra charla curiosa.
Al fin, podía ver como la entrada a la zona norte de la ciudad se acercaba. Poco a poco iban llegando a su destino, aunque aún faltaba encontrar ese lugar que Gwendolyn había dicho que sería su refugio por la noche.
Las preguntas llegaron como cataratas, siendo seguidas por una explicación que tuvo todo el sentido del mundo. - Supongo que es bastante difícil -. No creía ser capaz de correr perfectamente, y sin caer, con los ojos cerrados. No tener visión debe ser una cosa horrible, y ella lo aceptaba y convivía de, al parecer, la mejor manera. - Aún así, eres bastante valiente -. La forma en la que había decidido que subiría al techo lo sorprendió, por un momento tuvo miedo de que ella temiera a las alturas, pero supuso que si no se puede ver no le tendría miedo a algo así.
- No fue algo genial, fue algo que cualquiera en mi situación haría -. Quiso quitar esos halagos, no le gustaban, se sentía más cómodo al no hablar sobre sus “proezas”. - Entreno a diario, si, pero no soy tan fuerte -. Solo era un cocinero, nada más que eso, por mucho que su sueño en la vida fuera muy grande. - No tienes que preocuparte por olvidar mi nombre, pero me siento halagado por que quieras recordarlo -. Sonrió, incluso si la muchacha no podía notar ese gesto, y pese a los problemas, estaba siendo un día de lo más divertido.
Guio a la mujer sin problemas, mientras sentía su agarre en su propia mano. El camino de tierra quedaba marcado bajo sus pes, mientras que avanzaban hacia su destino.
- Pues… vivo en esta isla hace, más o menos, 7 años, en la zona sur. Vivo solo, y solamente me dedico a trabajar y entrenar -. Su vida no era nada interesante, no se le ocurría qué más podía contarle a la mujer. - Eh… -. Las ideas eran escasas. - Pues, tengo un sueño, pero me temo que aún no puedo cumplirlo -. Se quedó en silencio por un momento, analizando si era una buena idea contarlo, tal vez lo tomaba como un loco, y aún tenían un largo camino hasta la posada.
- Quiero… una forma de ser inmortal -. Al fin, dejó salir esas palabras por su boca, seguro de su hablar. - Si consigo algo que me haga inmortal, podría vivir hasta el fin de los tiempos, y así llevar el nombre de mi familia hasta el final, para que alguien los recuerde -. Si, definitivamente sonaba como un loco, y tampoco planeaba contarle a ella el porque su familia no estaba con él, ni siquiera si le preguntaba.
- Fuera de eso, mi vida no es muy interesante. Soy un buen cocinero, así que muchas veces obtengo ofertas de trabajo variadas, pero no se si te interesaría oír sobre esas cosas -. A decir verdad, todo el alboroto y la caminata le habían dado hambre, debería volver a casa y cocinar algo. - Dime, ¿tienes una comida favorita? Podría cocinarla si nos vemos en otra ocasión, o aprenderla para prepararla la siguiente vez que nos veamos -. Algo le decía que se volverían a cruzar, así sea en muchos años.
- Oh, cierto -. Parecía haber recordado algo lo suficientemente interesante para contarle a la mujer. - Trabajé en un orfanato durante 4 años antes de venir a Sorbet, como cocinero obviamente -. No pasó nada muy interesante en ese lugar, al menos no cosas que pudiera contarle, pero seguro que el dato al menos creaba otra charla curiosa.
Al fin, podía ver como la entrada a la zona norte de la ciudad se acercaba. Poco a poco iban llegando a su destino, aunque aún faltaba encontrar ese lugar que Gwendolyn había dicho que sería su refugio por la noche.
