22-10-2025, 09:09 PM
Una noche más, en la que había recibido algunos nuevos "productos" que estaban por llegar, un trámite más, un movimiento más entre el negocio como yakuza. Esta vez iban a ser algunos que iban a trabajar en uno de los burdeles. Había sido contratado para "comprobar la mercancía", porque no eran ni personas, no para él. Llegó antes de lo que los empleados esperaban, siempre siendo eficaz por si había preparativos que acelerar, o cualquier traidor que tratara de desbaratar los planes. Sus pasos eran calmados, el traje elegante, el cabello bien peinado y, por supuesto, no podía faltar el hilo que lo acompañaba en sus pasos del cigarrillo que reposaba entre sus labios.
Entró calmadamente, apreciando el cambio de iluminación desde el exterior hasta el interior. Una tenue, iluminación baja, suficientemente íntima para que se captara a la perfección el ambiente del burdel. Algunos de los que se encontraban en el interior se inclinaron con respeto, otros con temor.
—Bienvenido, jefe. No le esperábamos tan pronto. — sus pasos prosiguieron, elevando su mano derecha a modo de respuesta. Dos de ellos comenzaron a guiarlo escaleras arriba, donde había una zona privada cargada de lujos y elegancia en los mismos tonos negros y rojos que en la planta baja, solo que con algunos detalles dorados, jarrones caros, decorados dorados...
Los hombres se miraron entre sí, ahora con el sudor frío recorriendo sus frentes, inclinando educadamente su cabeza. —N-no señor. Como mencionamos, llegó usted muy pronto. — Acomodó su espalda en el asiento, cruzándose de piernas. Ya se lo había advertido su jefe al darle aquel trabajo y, aún así, siempre terminaba cayendo en lo mismo. Quería la perfección, incluso si aquello significaba amenazar o matar a alguien más…
—Esperaré un par de horas más. — su voz, calmada, pausada y profunda, logró estremecer a los hombres, quienes se inclinaron educadamente. —Si hay alguien interesante, háganmelo saber. Por ahora déjenme solo.
—Sí señor. — la estancia se vació al momento que Jin daba la última calada de su cigarrillo, con la mirada perdida en el techo, organizando mentalmente qué asuntos atender, cómo proseguir y qué tanto tiempo era buena idea esperar sin que su jefe se volviera a alterar por “quitar demasiado pronto a un hombre de en medio”.
Llamaron a la puerta, una atención que por un lado deseaba, porque podía significar tres cosas; o bien la “mercancía” ya había llegado, o podría haber algo de interés o, en el peor de los casos, un problema. Lo dejó pasar, uno de los guardias que custodiaba el lugar.
—Señor, ha llegado alguien que… podría resultarle interesante. — carraspeó nerviosamente, claramente el sonrojo se dibujaba con una calidad abrumadora en el hombre. Jin, en un arqueo de ceja y viendo su reacción, podía sospechar a qué se refería. —E-está en el vestíbulo, en la entrada, jefe. — no contestó, solo se puso en pie, ahora apagando el que ya estaba siendo su segundo cigarrillo en un cenicero.
Los pasos lo guiaron, en la escalera descendiente, hasta la zona pronunciada. No tenía realmente demasiadas expectativas, no esperaba gran cosa, quizás una mujer elegante, o muy sensual. ¿Podría quizás desquitarse con ella y pasar el rato? A saber si siquiera merecería la pena. Lo que estaba claro era que, como no mereciera la pena, sería algo que el hombre que interrumpió su meditación lo pagaría caro.
Alcanzó la zona, donde vio a la mujer de pie, contemplando el lugar. Desde la distancia, en un inicio, vio una vestimenta, cuanto menos, de lo más llamativa. Si pensara en usarla como mercancía y la convencía, desde luego, iba a merecer un buen dinero, podría incluso disparar el número de clientes en apenas pocas semanas. Las piernas al descubierto, unos senos que desde esa distancia solo le hicieron relamerse mentalmente. Y, su compostura, se mantenía total y completamente intacta a medida que la lluvia de pensamientos lo azotaban.
Su voz sonó lenta, calculadora y calmada, a la espera de lo más común; poder apreciar su rostro directamente.
Su voz fue descendiendo en volumen, pero no en tono, algo entrenado incluso en los momentos de mayor tensión. Sus ojos ahora se enfocaron en el rostro de la mujer, fijos en ella. Sabía… que ahora tenía que hacer otra cosa, y no iba a usarla como mercancía. No. A ella no. Carraspeó, dando unos pasos seguros hasta colocarse a corta distancia de la mujer. Podía apreciar su perfume, intenso, fuerte, en su sistema olfativo. Se parecía mucho a su madre…
Fingir que no la conocía era la mejor opción. No se había involucrado de forma directa en ningún momento, ni quería que supiera los secretos que guardaba en aquel ataúd… entre otra lluvia más. —¿Qué la trae por aquí? — Innegable era que, sus ojos, la exploraron ahora de cerca, de pies a cabeza. Una belleza despampanante, más de lo que muchos habían visto. Por una vez, uno de sus hombres se había salvado. —Podemos hablar en un lugar más privado, sin miradas indeseadas. — sus ojos se guiaron hacia los guardaespaldas que salvaguardaban el vestíbulo, algunos de ellos sin haber sido capaces de apartar la mirada de la mujer.
Y quién sabe, ¿pasarlo bien? ¿Disfrutar de una conversación? Incluso conocerla directamente a ella, no de forma indirecta. Sabía más de lo que iba a decirle nunca, y no iba negarse.
Entró calmadamente, apreciando el cambio de iluminación desde el exterior hasta el interior. Una tenue, iluminación baja, suficientemente íntima para que se captara a la perfección el ambiente del burdel. Algunos de los que se encontraban en el interior se inclinaron con respeto, otros con temor.
—Bienvenido, jefe. No le esperábamos tan pronto. — sus pasos prosiguieron, elevando su mano derecha a modo de respuesta. Dos de ellos comenzaron a guiarlo escaleras arriba, donde había una zona privada cargada de lujos y elegancia en los mismos tonos negros y rojos que en la planta baja, solo que con algunos detalles dorados, jarrones caros, decorados dorados...
![[Imagen: 11gi01D.jpg]](https://i.imgur.com/11gi01D.jpg)
—¿Todavía no han llegado?
Los hombres se miraron entre sí, ahora con el sudor frío recorriendo sus frentes, inclinando educadamente su cabeza. —N-no señor. Como mencionamos, llegó usted muy pronto. — Acomodó su espalda en el asiento, cruzándose de piernas. Ya se lo había advertido su jefe al darle aquel trabajo y, aún así, siempre terminaba cayendo en lo mismo. Quería la perfección, incluso si aquello significaba amenazar o matar a alguien más…
—Esperaré un par de horas más. — su voz, calmada, pausada y profunda, logró estremecer a los hombres, quienes se inclinaron educadamente. —Si hay alguien interesante, háganmelo saber. Por ahora déjenme solo.
—Sí señor. — la estancia se vació al momento que Jin daba la última calada de su cigarrillo, con la mirada perdida en el techo, organizando mentalmente qué asuntos atender, cómo proseguir y qué tanto tiempo era buena idea esperar sin que su jefe se volviera a alterar por “quitar demasiado pronto a un hombre de en medio”.
[***]
Llamaron a la puerta, una atención que por un lado deseaba, porque podía significar tres cosas; o bien la “mercancía” ya había llegado, o podría haber algo de interés o, en el peor de los casos, un problema. Lo dejó pasar, uno de los guardias que custodiaba el lugar.
—Señor, ha llegado alguien que… podría resultarle interesante. — carraspeó nerviosamente, claramente el sonrojo se dibujaba con una calidad abrumadora en el hombre. Jin, en un arqueo de ceja y viendo su reacción, podía sospechar a qué se refería. —E-está en el vestíbulo, en la entrada, jefe. — no contestó, solo se puso en pie, ahora apagando el que ya estaba siendo su segundo cigarrillo en un cenicero.
Los pasos lo guiaron, en la escalera descendiente, hasta la zona pronunciada. No tenía realmente demasiadas expectativas, no esperaba gran cosa, quizás una mujer elegante, o muy sensual. ¿Podría quizás desquitarse con ella y pasar el rato? A saber si siquiera merecería la pena. Lo que estaba claro era que, como no mereciera la pena, sería algo que el hombre que interrumpió su meditación lo pagaría caro.
Alcanzó la zona, donde vio a la mujer de pie, contemplando el lugar. Desde la distancia, en un inicio, vio una vestimenta, cuanto menos, de lo más llamativa. Si pensara en usarla como mercancía y la convencía, desde luego, iba a merecer un buen dinero, podría incluso disparar el número de clientes en apenas pocas semanas. Las piernas al descubierto, unos senos que desde esa distancia solo le hicieron relamerse mentalmente. Y, su compostura, se mantenía total y completamente intacta a medida que la lluvia de pensamientos lo azotaban.
![[Imagen: wj6VRO0.jpg]](https://i.imgur.com/wj6VRO0.jpg)
—Bienvenida a las Siete Velas.
Su voz sonó lenta, calculadora y calmada, a la espera de lo más común; poder apreciar su rostro directamente.
![[Imagen: QOkilXg.jpg]](https://i.imgur.com/QOkilXg.jpg)
—Dígame, ¿buscaba algo que pudiera ser de su interés?
Su voz fue descendiendo en volumen, pero no en tono, algo entrenado incluso en los momentos de mayor tensión. Sus ojos ahora se enfocaron en el rostro de la mujer, fijos en ella. Sabía… que ahora tenía que hacer otra cosa, y no iba a usarla como mercancía. No. A ella no. Carraspeó, dando unos pasos seguros hasta colocarse a corta distancia de la mujer. Podía apreciar su perfume, intenso, fuerte, en su sistema olfativo. Se parecía mucho a su madre…
![[Imagen: Vy3RFPN.png]](https://i.imgur.com/Vy3RFPN.png)
—Onizuka Jin. Puede llamarme Jin si le resulta más cómodo, señorita.
Fingir que no la conocía era la mejor opción. No se había involucrado de forma directa en ningún momento, ni quería que supiera los secretos que guardaba en aquel ataúd… entre otra lluvia más. —¿Qué la trae por aquí? — Innegable era que, sus ojos, la exploraron ahora de cerca, de pies a cabeza. Una belleza despampanante, más de lo que muchos habían visto. Por una vez, uno de sus hombres se había salvado. —Podemos hablar en un lugar más privado, sin miradas indeseadas. — sus ojos se guiaron hacia los guardaespaldas que salvaguardaban el vestíbulo, algunos de ellos sin haber sido capaces de apartar la mirada de la mujer.
![[Imagen: Mq86UjR.png]](https://i.imgur.com/Mq86UjR.png)
—No se preocupe, no muerdo.
Y quién sabe, ¿pasarlo bien? ¿Disfrutar de una conversación? Incluso conocerla directamente a ella, no de forma indirecta. Sabía más de lo que iba a decirle nunca, y no iba negarse.
![[Imagen: bTjgVIr.png]](https://i.imgur.com/bTjgVIr.png)
