23-10-2025, 04:42 AM
Mucho antes de que Jensen Valentine fuera un notorio pirata era una persona normal, viviendo una vida normal en una isla tan normal como Baterilla. En esta pequeña isla tenía un amigo, el viejo Hank quien a veces le pedía ayuda con pequeños trabajitos aquí y allá, no todos eran legales, pero si todos daban una buena recompensa monetaria para poder sobrevivir tranquilamente.
Aquella mañana estaba en su lugar favorito de toda la isla, el faro del pueblo que ayudaba a marineros perdidos entre la neblina a encontrar su camino hasta el puerto. Jensen, vestido de negro bajo su gran capucha roja, pensaba que ser un maestro farolero no estaría tan mal para ganarse la vida.
Entre esas cavilaciones se encontraba el de la capucha roja cuando el viejo Hank llego con un carromato tirado por caballos. –Tengo trabajo para ti muchacho, necesito que vayas al mercado – dijo el viejo Hank abriendo la puerta del carromato. Dentro había sacos de papas, lechugas, tomates y manzanas. Naranjas, pomelos y repollo. Zanahorias, coles de Bruselas y limones. Básicamente todo lo necesario para hacer a un vegetariano muy feliz.
-Doña Gertrudis espera sus verduras para vender en su puesto en el mercado local, debes quedarte hasta que venda todo y te de la mitad de la paga, luego tu vuelves aquí y nos dividimos el dinero. Lo haría yo, pero me duele la espalda, tu sabes por la edad.
Jensen resoplo, cada vez que el viejo Hank debía hacer algo aburrido culpaba a achaques de la edad, pero para estar montando a caballo o bailando y perreando hasta el menos dos no se quejaba, convenientemente en esas ocasiones sus achaques de la edad se le olvidaban. El pelinegro partió en el carromato rumbo al mercado a entregar las frutas, y como la señora Gertrudis tenía sus años le toco cargar todo hasta su puestito en el mercado. En eso estaba cuando dejó caer una bolsa de patatas al ver la figura de una mujer hermosa.
Era una mujer grande y de una piel blanca como la porcelana. Su cabello era blanco como la luz del faro en medio de una tormenta. Tenía la cara más hermosa que Jensen hubiera visto en su vida a pesar de tener dos cuernos rojos, el de la capucha roja se acercó a ella notando que sus brazos estaban tatuados, se preguntaba la historia detrás de esos tatuajes mientras se frotaba las manos, su tic de cuando estaba nervioso. Jensen reunió valor y se presentó. –Discúlpeme señorita, pero es usted la mujer más guapa que había visto en mi vida, mi nombre es Jensen Valentine, es un gusto conocerla.
