Ya cuando no pudo moverse más el Gyojin o yoyin cómo prefería decirles. Notó cierta sangre aferrada en sus pies. Ya quizá era buen momento para dejarlo allí. Entonces cogió impulso nuevamente usando sus piernas y un salto se elevó para desplegar sus alas y seguir impulsando en el aire. Volar en círculos mientras pillaba el final de las peleas tanto de la chica de las llaves y el rubio de la asta eran capaces de hacerse cargo cada uno de un yoyin. De haber visto problemas suficientes seguramente habría caído en picada así solo planeó hasta alcanzar la madera con sus pies.
Tiene mucha facha su collar, le llama mucho la atención. Extendió su mano primero a él. —Que bueno que llegaste, creo que no hubiera llegado a tiempo para este último. Heras, un gusto.— Mi mano, como es usual, tiene una proporción distinta, así que es como agarrar la mano de un niño. diferente tamaño, diferente textura. —Eres muy bueno con eso.— Palabras de alguien sin criterio o credenciales para hablar de artes marciales. Estrecha su mano, sin ejercer fuerza alguna. No somos de confianza, así que cada momento me dice algo de él. Con vista felina luego de presentarme con él la miró a ella.
El ceño de Heras se frunció. Fue revivir un recuerdo. Su mano dudo el ir de él a ella, ya que al inicio no habría podido reconocerla. Su confianza lo que hizo fue dar más atención a ella, las cicatrices, el color del pelo, la misma mirada. Esa vez ella lo miró cómo un demonio y quizás lo era pero esa mirada solo lo transportó a ese amargo momento. —Heras, es, un, placer conocerte, finalmente. — Sus palabras salieron poco a poco. Necesitó de respirar de manera profunda. No ha pasado nada, puede que solo fuera un persona que se parece mucho en las quemaduras, si, debe ser eso.
En su cabeza por un pequeño instante se hizo la idea de que debía fluir y dejar pasar aquella situación. Llevó ambas manos a la parte baja de mi espalda. No es como que me quiera ver mucho más grandes que ellos, que ya lo soy, solo me mantengo precavido. —¿Y cómo vamos a resolver este asunto? Porque yo llegué primero.—No es como que yo tenga problema con dividir en partes iguales pero si puedo quedarme con la mejor parte pues mucho mejor.
—Aunque igual puedes poner 100 en la mesa y ahí si lo repartimos a partes iguales. Yo lo veo justo. — Igual y negociar puede ser el futuro de Heras, tener la capacidad de sacarle más dinero a la damisela en peligro podría definir aquella situacion. De una u otra forma miró el barco con más detalle pensando. —¿Este barco es tuyo?— Ya eso podría ayudar a saciar su curiosidad inicial a todas estas.
Heras quien se hizo presente con su humildad. Sus dimensiones son muy humanas para él, así que lógicamente miró hacia abajo a los dos. Estaba claro que aquí podría ocurrir otro percance porque los dos habíamos acudido después de que ella ofreció el dinero. —¿Estan bien? — Que quieren que haga, no tiene idea idea sobre ninguno. Se mantuvo calmado y caminó hacia ellos recogiendo sus alas, plegando lo suficiente para que sea cómodo caminar sobre las tablas que estamos parados. Mire primero al rubio, es lo que más llama su atención, ese cabello que con la luz del día refleja, le gusta, ojala supiera cual es su secreto para el cabello. El moreno acomodó el suyo para que luciera bien arreglado en su cola alta. Volar, pelear, esas cosas arruinan los peinados.
Tiene mucha facha su collar, le llama mucho la atención. Extendió su mano primero a él. —Que bueno que llegaste, creo que no hubiera llegado a tiempo para este último. Heras, un gusto.— Mi mano, como es usual, tiene una proporción distinta, así que es como agarrar la mano de un niño. diferente tamaño, diferente textura. —Eres muy bueno con eso.— Palabras de alguien sin criterio o credenciales para hablar de artes marciales. Estrecha su mano, sin ejercer fuerza alguna. No somos de confianza, así que cada momento me dice algo de él. Con vista felina luego de presentarme con él la miró a ella.
El ceño de Heras se frunció. Fue revivir un recuerdo. Su mano dudo el ir de él a ella, ya que al inicio no habría podido reconocerla. Su confianza lo que hizo fue dar más atención a ella, las cicatrices, el color del pelo, la misma mirada. Esa vez ella lo miró cómo un demonio y quizás lo era pero esa mirada solo lo transportó a ese amargo momento. —Heras, es, un, placer conocerte, finalmente. — Sus palabras salieron poco a poco. Necesitó de respirar de manera profunda. No ha pasado nada, puede que solo fuera un persona que se parece mucho en las quemaduras, si, debe ser eso.
En su cabeza por un pequeño instante se hizo la idea de que debía fluir y dejar pasar aquella situación. Llevó ambas manos a la parte baja de mi espalda. No es como que me quiera ver mucho más grandes que ellos, que ya lo soy, solo me mantengo precavido. —¿Y cómo vamos a resolver este asunto? Porque yo llegué primero.—No es como que yo tenga problema con dividir en partes iguales pero si puedo quedarme con la mejor parte pues mucho mejor.
