Un pitido, intenso, desconocido, apareció.
Una luz que le cegaba, que hacía que doliesen los párpados.
El cuerpo, tan pesado como un yunque, casi inamovible, endurecido, como si hubiese yeso entre sus articulaciones.
El pitido iba desapareciendo poco a poco, integrándose al sonido del mar, a de algunas gaviotas rechistando. Un cangrejo travieso parecía pellizcarle el brazo, con la ropa y el cuerpo completamente envuelto no solamente en agua salada, sino, en una capa de arena que cada vez se hacía más notable y húmeda.
—Un cadáver.
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Su enorme capacidad auditiva estaba mermada, parecía hasta abandonado por el mismísimo Dios. Mantenía los ojos cerrados, casi incapaz de poder pestañear ya que la única vez que lo intentó sus ojos picaban en extremo. Por suerte su largo cabello tapaba su visión, al menos, pudiendo mantener guarecido parte de su rostro ante cualquier alimaña o cosa que quisiese aprovecharse. Su cuerpo había recibido una paliza tal que parecía estar guardándose lo máximo posible para preservar su supervivencia. La voluntad interna de Owen era extrema, parecía un bicho salido del mismísimo infierno. Una cucaracha que no caía ni con varias bombas atómicas, pero...si Dios lo hubiese abandonado, jamás se podría haber topado con aquella isla. Y aquella mujer, claro está.
No supo cuántas horas, o días, habían pasado. Solo sintió cómo su cuerpo era arrastrado mientras el mundo parecía moverse una y otra vez sobre sí mismo.
Un baldazo de agua fría fue lanzado hacia él, uno que intento quitarlo de ese letargo que parecía absolutamente eterno. Ecos, uno detrás de otro, que le obligaban a ponerlo de pie y que, entre una reverberación que parecía la de una catedral, se escuchaba el rebote de una frase: "¡No queremos borrachos en las playas! ¡Estás advertido, gañán!". Con su cuerpo, derrumbado, sobre una pared, pareciendo un mendigo.Una silueta morena, cabello negro, borrosa, apareció en sus ojos como un recuerdo. No podía distinguirla, parecía casi como si sus ojos la hubiesen visto durante medio segundo hasta perderse en la nada. Desmayo, nuevamente.
Habían pasado varios días de aquel acontecimiento y él, ciertamente, aún seguía con una desorientación que solamente fue curada por lo que parecía ser la beneficencia de la iglesia local. Finalmente, luego de cuarenta y ocho horas, su cerebro ya era funcional, y no estar en el estado crítico en el que se encontraba.
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-...habrán quedado cosas mías por ahí?-
Tenía ciertas esperanzas, se había tomado los días pertinentes para recordar qué fue todo lo que pasó hasta llegar a una instancia tan delicada y maltrecha. Sucio, desaliñado, incluso, brotaba un poco de sangre de su nariz de vez en cuando, como si tuviese lastimada alguna vena interna que con solo inhalar fuerte lanzase líquido carmesí. Demoró poco y nada en aproximarse a aquella playa que reconoció casi al instante; Se había tomado la licencia, el día anterior, de otear un poco la zona para intentar saber por donde sí y no moverse.
-Qué tenemos por aquí...- ¡FRS! ¡FRIS!, el sonido de aquellas plantas revoloteando por aquí y por allá en aquella zona sur de la isla, ciertamente, invadían en el sonido tropical de la zona. Por suerte, además de su "malandreo", el pastor de una iglesia se había apiadado de su ser y, salvando su desdicha, cuidó en el primer día que lo vigorizó hasta llegado hoy -No hay un carajo. Joder.- su mano fue hacia su rostro, arrastrándolo hacia abajo, estaba agotado, agobiado, necesitaba descansar pero sabía que no podía detenerse allí.
Hasta que la escuchó.
—Cariño, yo que tú evitaría esa planta para limpiarte la retaguardia, a menos que quieras un par de ampollas y la picazón más grave que sentirás en tu vida. Fufufufufu~ —
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-¿¡E!?-
Volteó en un respingo, a la defensiva, volteando en direcciones aleatorias hasta poder elevar la vista que, un poco complicada producto del sol que golpeaba directamente contra su rostro, la silueta que en su cabeza había aparecido, ciertamente, empezó a dibujarse otra vez -¿Limpiarme? ¿De qué hablas?- pudo escucharla, pero poco a poco...la iba distinguiendo. ¿Acaso todavía seguía desmayado? Era una mujer con un aspecto tropical, morena, flequillo recto, exageradamente bonita y curvilínea, pero con una mirada que Owen conocía muy bien: Una chica de esas chicas que podían arruinarte la vida en dos segundos y medio -¡! ¡ESPERA! ¡QUÉDATE AHÍ!- exclamó, totalmente sorprendido, yendo hacia exactamente el origen del árbol resistente y selvático en el que la chica se había subido -Joder...está...difícil...- se quejaba, trepándose patinándose un poco en el camino. Owen tenía un aspecto...desaliñado, desordenado, sucio, no había podido, siquiera, conseguir ropas nuevas más allá de las propias y que aún no había podido cambiar. Había alguna que otra mancha de sangre, dispersa y relativamente maquillada producto a lo rojizo de su camiseta -Oye, tú, bombón, escúchame.- fue directo, mientras iba desplazándose por aquella rama firme, bote a bote, sosteniéndose con ambas manos con una mirada tan impresionada como preocupada -Yo te vi...en un sueño mío, ¿O sigo soñando?- parecía perdido, mirándole con tanta fijeza que hasta la inspeccionaba -Mi cabeza me da demasiadas vueltas hace varios días...la puta madre, ¿Acaso me he muerto? ¿Eres una diosa de los mares o algo así?- sonaba delirante, pero realmente estaba intentando cuadrar las piezas en su lugar mientras, con los ojos entre-cerrados, seguía con las preguntas -¿Me vas a comer el alma? ¿Qué hago?- se observó sus palmas, dorso y posterior, cuestionándoselo todo.
Dio un pequeño bote hasta quedar enfrente de ella -Dame.- sin literalmente darle opción a réplica, tomó la mano delicada y morena de la muchacha para empezar a analizarla. Sintió su tacto, separaba los dedos, tenía las uñas perfectamente arregladas, cuidadísimas, casi como si jamás hubiesen sufrido el paso del tiempo -Y tienes las manos perfectas. Sí, me morí.- porque eran demasiado perfectas para ser reales, incluso podía verse una cara de satisfacción de, al menos, tener una mínima respuesta. Aún sentía hambre, sed, calor, molestia y picor, ¿En el más allá, todo sigue igual? -Dime, ¿Tengo que hablar con alguien? ¿Hay como una lista para poder entrar al cielo o así? O dime la escalera para irme al infierno, seguro que el señor de las tinieblas tiene una parcela para mi reservada hace una década.- el calor, el sofoco, la desorientación le jugaban una mala pasada, pero sí, efectivamente, esos dos se habían encontrado hace poquito más de dos días.
-Hablo- , Narro , -Pienso-
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