El interior del puño de Ubbe era un mundo de presión y oscuridad. Chop seguía allí, mordiendo con desesperación, sin apenas aire. Cada movimiento del gigante lo zarandeaba como un cascabel dentro de una botella, pero no se rendía. Hundía los dientes, una y otra vez, hasta que el sabor metálico de la sangre ajena le llenó la boca.
-¡Chip…! -Gruñó entre dientes intentando aparentemente avisar a su compañero, tal vez para instarle a desistir el fútil esfuerzo, con la voz ahogada y rabiosa. La frustración y la asfixia eran duras, pero él sabía que el verdadero terror estaba al otro lado.
Fuera, la selva explotó en sonido y movimiento. El golpe del coloso fue como un trueno hecho carne. El puño libre de Ubbe cayó sobre Chip con un estruendo seco, el pequeño arquero apenas alcanzó a cruzar los brazos delante del rostro antes de que la onda de choque lo lanzara como un muñeco. Su cuerpo salió despedido varios metros, atravesando la nube de polvo y barro hasta chocar contra una raíz gigantesca. El aire se le escapó del pecho en un gemido mudo.
Por un instante, no vio nada. Solo oía su propio corazón retumbando en los oídos, el mundo girando. Intentó levantarse, las piernas le temblaban. Había sentido la fuerza del gigante, y era algo completamente distinto a cualquier enemigo que hubieran enfrentado antes. Aquello no era una pelea… era sobrevivir.
El miedo subió como un escalofrío por su espalda.
-¿De verdad… podemos con esto? -Pensó Chip, jadeando, con el arco temblándole en las manos.
Entonces escuchó la voz. Lejana, ahogada, pero inconfundible.
-¡Chip, Chip…! ¡Aún estamos juntos, aún podemos con todo…! ¡No te atrevas a rendirte! -Era sin duda la voz de Chop, aún atrapado, aún luchando. Esa voz le devolvió el alma al cuerpo. No había tratado de instarle a rendirse, sino a todo lo contrario. A defender el orgullo tontatta, a mantenerse en pie.
Chip apretó los dientes, se limpió la sangre del labio con el dorso del brazo y alzó la vista. La nube de polvo que había levantado el golpe del gigante aún flotaba entre ambos, espesando el aire. Era difícil ver… Pero eso le daba la ventaja.
En un instante, atendió brevemente sus heridas, vendando su brazo más dañado y aplicando los ungüentos de su botiquín con una mezcla de cuidado y celeridad.
-Chop... ¡Chop! Está bien… ¡Está bien…! -Susurró, y después gritó, con una sonrisa torcida. -¡No pienso dejarte ahí dentro!
Se movió rápido, casi invisible entre el humo y las hojas agitadas, pero esta vez no echó a correr hacia atrás. Permaneció frente a su colosal oponente, erguido, magullado pero algo más entero tras aplicarse rápidamente aquel primer auxilio. Y, sin temer, alzó su arco y disparó de nuevo.
La flecha zumbó cortando el viento, disipando el poco humo que pudiera aún quedar flotando en el aire, y se dirigió directa a su oponente.
-¡Oye, grandullón! -Gritó, jadeante, mientras permanecía firme. -¡No creas que es tan fácil aplastar a un tontatta solo porque sea pequeño! ¡Chip y Chop no se rinden tan fácilmente, baby!
Su silueta apenas visible entre la nube de tierra, el arco vibrando sin descanso y su determinación inquebrantable, hacían que la sombra del pequeño se viera más grande que nunca.
El bosque entero parecía contener el aliento otra vez. El siguiente movimiento, una vez más, era del gigante.
-¡Chip…! -Gruñó entre dientes intentando aparentemente avisar a su compañero, tal vez para instarle a desistir el fútil esfuerzo, con la voz ahogada y rabiosa. La frustración y la asfixia eran duras, pero él sabía que el verdadero terror estaba al otro lado.
Fuera, la selva explotó en sonido y movimiento. El golpe del coloso fue como un trueno hecho carne. El puño libre de Ubbe cayó sobre Chip con un estruendo seco, el pequeño arquero apenas alcanzó a cruzar los brazos delante del rostro antes de que la onda de choque lo lanzara como un muñeco. Su cuerpo salió despedido varios metros, atravesando la nube de polvo y barro hasta chocar contra una raíz gigantesca. El aire se le escapó del pecho en un gemido mudo.
Por un instante, no vio nada. Solo oía su propio corazón retumbando en los oídos, el mundo girando. Intentó levantarse, las piernas le temblaban. Había sentido la fuerza del gigante, y era algo completamente distinto a cualquier enemigo que hubieran enfrentado antes. Aquello no era una pelea… era sobrevivir.
El miedo subió como un escalofrío por su espalda.
-¿De verdad… podemos con esto? -Pensó Chip, jadeando, con el arco temblándole en las manos.
Entonces escuchó la voz. Lejana, ahogada, pero inconfundible.
-¡Chip, Chip…! ¡Aún estamos juntos, aún podemos con todo…! ¡No te atrevas a rendirte! -Era sin duda la voz de Chop, aún atrapado, aún luchando. Esa voz le devolvió el alma al cuerpo. No había tratado de instarle a rendirse, sino a todo lo contrario. A defender el orgullo tontatta, a mantenerse en pie.
Chip apretó los dientes, se limpió la sangre del labio con el dorso del brazo y alzó la vista. La nube de polvo que había levantado el golpe del gigante aún flotaba entre ambos, espesando el aire. Era difícil ver… Pero eso le daba la ventaja.
En un instante, atendió brevemente sus heridas, vendando su brazo más dañado y aplicando los ungüentos de su botiquín con una mezcla de cuidado y celeridad.
-Chop... ¡Chop! Está bien… ¡Está bien…! -Susurró, y después gritó, con una sonrisa torcida. -¡No pienso dejarte ahí dentro!
Se movió rápido, casi invisible entre el humo y las hojas agitadas, pero esta vez no echó a correr hacia atrás. Permaneció frente a su colosal oponente, erguido, magullado pero algo más entero tras aplicarse rápidamente aquel primer auxilio. Y, sin temer, alzó su arco y disparó de nuevo.
La flecha zumbó cortando el viento, disipando el poco humo que pudiera aún quedar flotando en el aire, y se dirigió directa a su oponente.
-¡Oye, grandullón! -Gritó, jadeante, mientras permanecía firme. -¡No creas que es tan fácil aplastar a un tontatta solo porque sea pequeño! ¡Chip y Chop no se rinden tan fácilmente, baby!
Su silueta apenas visible entre la nube de tierra, el arco vibrando sin descanso y su determinación inquebrantable, hacían que la sombra del pequeño se viera más grande que nunca.
El bosque entero parecía contener el aliento otra vez. El siguiente movimiento, una vez más, era del gigante.
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