—Solo a trabajar y entrenar, entiendo… ¿Entrenar el cuerpo o algo así? — se mantuvo junto a él, usándolo como si fuese el bastón más cómodo. Aun así no siempre va de esa manera. Culpó al cansancio, a lo que ha sucedido o quizás es la preocupación de sostener a alguien que ha hecho más de lo que debería por ella. Es gracioso como en realidad no podría hacer nada si cae al piso, porque la fuerza no es algo que le sobre, sino que le falta constantemente — ¿Te gusta tu vida? — no es una acusación, es legítima curiosidad, que nace porque a ella no le gustaría algo así, pero poco puede hablar alguien que ha vivido encerrada en la iglesia gran parte de su vida ¿No?
El que hable de sueños llamó su atención, tanto como para tentarse a preguntar. Pero no necesita hacer la consulta, porque lo que quiere llega y no supo qué decir. Porque la mortalidad es algo natural, solo lo divino es eterno. Apretó con suavidad el brazo que mantiene unidos y suspiró.
—Debes querer mucho a tu familia ¿Cómo… eran? — la palabra llegó sin saber si se ha equivocado o no. No quiso llevárselos antes de tiempo, pero suena a que ya no están más, por eso existe un anhelo de traerlos de regreso de alguna manera y perpetuar algo — Tú los vas a recordar. Y si tienes familia ellos lo harán si se los pides.
Permaneció con el rostro como si observara adelante, pero en realidad no es así. Incapaz de ver, simplemente se mantuvo erguida — Espero que encuentres lo que deseas, aunque… — bajó la voz, porque tal vez debería preocuparle más que alguien desafíe al señor que tanto debe amar — ¿Vale la pena el vivir viendo todo marchitarse? — no son solo las flores, es el amor, la gente, los lugares. Nada es inamovible y permanente — No nos molesta el otoño, porque sabemos que en primavera todo volverá a aparecer una vez más… ¿Pero y si no ocurriera así, nos gustaría?
Permaneció tranquila, porque quizás está planteando algo que no es fácil de asimilar, que ha decidido ya. Son extraños que no hablan de flores, sino de sueños en invierno, uno que pensó que no será eterno.
—En la iglesia comíamos cosas simples. Sopas, arroz y verduras — porque el lujo no existía ahí. Jamás le importó, porque la hora de la comida no es más que una instancia que no le gusta, en donde se tarda más que el resto y queda comiendo sola — Así que si te dijera un plato te mentiría. Creo que en el exterior tiene aun muchas cosas que no conozco como para decidir aun ¡Pero cuando las tenga te las diré! ¿Qué tal eso?
Cuando exista un sabor que le guste más que el resto, seguramente no podrá olvidarlo y aunque ha probado cosas que le gustan, se preguntó si en realidad es la novedad, el descubrir algo que no estaba ahí, que no se lo imaginó.
Alzó el rostro ligeramente, como si quisiera sentir algo con eso y sonrió, como si hubiese encontrado lo que busca. No es un milagro, tampoco un mensaje de Dios, porque él jamás le habla en realidad.
—Allá — apuntó un sitio en especial, tiene un aroma dulce y agradable. Lo suficiente como para avanzar ahí, esperando que su acompañante le dé las instrucciones para caminar recto sin detenerse — Suena a que has tenido una vida curiosa. Espero un día escuchar más de ella, seguro te pregunto cómo vas con tu sueño.
Y quizás así encuentre uno propio para compartirlo también.
—Muchas gracias Rack — se rió ya en la entrada, notando como la mujer parece reconocerla a ella y al muchacho — Mañana seguro partiré a otro lado, así que no nos volveremos a encontrar aquí — cualquier persona diría que tampoco allá, pero no se lo planteó en ese instante.
—Peeeeero pediré por tus futuros viajes.
Pero no sé si podría pedir por la condena que quieres para ti.
El que hable de sueños llamó su atención, tanto como para tentarse a preguntar. Pero no necesita hacer la consulta, porque lo que quiere llega y no supo qué decir. Porque la mortalidad es algo natural, solo lo divino es eterno. Apretó con suavidad el brazo que mantiene unidos y suspiró.
—Debes querer mucho a tu familia ¿Cómo… eran? — la palabra llegó sin saber si se ha equivocado o no. No quiso llevárselos antes de tiempo, pero suena a que ya no están más, por eso existe un anhelo de traerlos de regreso de alguna manera y perpetuar algo — Tú los vas a recordar. Y si tienes familia ellos lo harán si se los pides.
Permaneció con el rostro como si observara adelante, pero en realidad no es así. Incapaz de ver, simplemente se mantuvo erguida — Espero que encuentres lo que deseas, aunque… — bajó la voz, porque tal vez debería preocuparle más que alguien desafíe al señor que tanto debe amar — ¿Vale la pena el vivir viendo todo marchitarse? — no son solo las flores, es el amor, la gente, los lugares. Nada es inamovible y permanente — No nos molesta el otoño, porque sabemos que en primavera todo volverá a aparecer una vez más… ¿Pero y si no ocurriera así, nos gustaría?
Permaneció tranquila, porque quizás está planteando algo que no es fácil de asimilar, que ha decidido ya. Son extraños que no hablan de flores, sino de sueños en invierno, uno que pensó que no será eterno.
—En la iglesia comíamos cosas simples. Sopas, arroz y verduras — porque el lujo no existía ahí. Jamás le importó, porque la hora de la comida no es más que una instancia que no le gusta, en donde se tarda más que el resto y queda comiendo sola — Así que si te dijera un plato te mentiría. Creo que en el exterior tiene aun muchas cosas que no conozco como para decidir aun ¡Pero cuando las tenga te las diré! ¿Qué tal eso?
Cuando exista un sabor que le guste más que el resto, seguramente no podrá olvidarlo y aunque ha probado cosas que le gustan, se preguntó si en realidad es la novedad, el descubrir algo que no estaba ahí, que no se lo imaginó.
Alzó el rostro ligeramente, como si quisiera sentir algo con eso y sonrió, como si hubiese encontrado lo que busca. No es un milagro, tampoco un mensaje de Dios, porque él jamás le habla en realidad.
—Allá — apuntó un sitio en especial, tiene un aroma dulce y agradable. Lo suficiente como para avanzar ahí, esperando que su acompañante le dé las instrucciones para caminar recto sin detenerse — Suena a que has tenido una vida curiosa. Espero un día escuchar más de ella, seguro te pregunto cómo vas con tu sueño.
Y quizás así encuentre uno propio para compartirlo también.
—Muchas gracias Rack — se rió ya en la entrada, notando como la mujer parece reconocerla a ella y al muchacho — Mañana seguro partiré a otro lado, así que no nos volveremos a encontrar aquí — cualquier persona diría que tampoco allá, pero no se lo planteó en ese instante.
—Peeeeero pediré por tus futuros viajes.
Pero no sé si podría pedir por la condena que quieres para ti.
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