24-10-2025, 05:55 PM
Suspiró al escucharlo, es soltar todo ese aire que se ha quedado dentro, llenándose de preocupación, porque aunque ella está bien, existe un enorme problema, no puede ver cómo está Owen. Es una angustia que ya ha vivido antes, el no poder observar su estado, el que esconda cosas, solo porque ella no puede observarlas. Un temor nuevo que no es desconfianza, que nace del deseo de no preocupar ¡Pero que igualmente la atormenta! ¿Debería decírselo? — No me importa como estoy yo — subió su mano al rostro ajeno y paseó el tacto sobre la mejilla de quien la acompaña.
Aceptó la ayuda para levantarse, quedando sentada sin saber en dónde está, supuso que es la parte superior del techo, esa que no se conecta del todo con la casa. —Yo, creo que sí — pero el creer se aleja de lo que ocurre en la realidad. Es un tal vez, un quizás, un podría. Pero en ese instante no necesitaron posibilidades — ¿Qué piensas hacer? — sintió el calor de Owen, seguramente se encontró con un ligero frío que molestó y calmó la piel en partes iguales para él.
Negó con la cabeza con suavidad — Dudo que pueda hacerlo así. — porque le pide algo complejo y que se escapa que lo que ha podido hacer hasta ahora — Incluso si lo hiciera… el hielo no tardaría en derretirse ¿No? — porque así funciona el agua cuando se congela. Cuando la ha tenido sobre sus manos o escuchado que se derrite en medio de la lluvia — Pero hacer copos de nieve si podría.
Supuso que han caído ahí mismo — No, la verdad es que no tienes que hacer nada. Solo… que no quiero lastimarte — se sacó con cuidado la ropa que él le ha prestado y se la regresó con cuidado — Te dará más frío que a mi — sonrió, para luego reírse con suavidad, sintiendo que la han descubierto rápido en su primera mentira — Yo ya no siento frío. Solo quería estar más cerca tuyo — esa es la verdad, una que le tinturó el rostro de color por la vergüenza de realizar un pecado por mero capricho.
…
—¿De verdad? ¡¿De verdad podríamos?! Me gustaría ¡Y podríamos tener un jardín atrás! — podríamos, en un futuro que se vio dulce, tanto como para que se refleje en su tono, en sus acciones, incluso en su rostro.
Tener un hogar suyo, no prestado por alguien más. Sonrió acabando con el frío en su cuerpo inicialmente, mientras la lluvia cae despacio — Creo que si tapas el agujero con algo y me quedo arriba, podría esperar hasta que la lluvia pase — aunque suena solitario. — No quiero que te lastimes… más — porque supuso que existe un dolor que no le ha dicho. Se volteó a donde está, aun así no lo puede ver — Menos por mi culpa.
Porque recordó el día que comió la fruta.
—¿Me ayudas a subir? — ofreció sus manos y siguió instrucciones, impulsándose con algo de dificultad, porque la fuerza no es lo suyo, pero se encontró arriba. Sintió las gotas más intensas, seguro ya han mojado ligeramente el interior. No dudó en sentarse, incluso si el techo está húmedo. Quizás en el pasado le habría molestado por el frío, pero él ya no existe para causarle problemas, sino que parece una fiel compañera que no la abandona.
Se preguntó si debe hacerlo, antes de recordar lo que le ha dicho, que deben protegerla. Suspiró una vez más y el vaho salió de sus labios, porque todo se ha enfriado ligeramente con el pasar de los segundos. Ya no son gotas ligeras las que caen, es ese blanco que no conoce ni puede ver, pero sabe que existe.
Escuchó los movimientos de Owen, seguramente algo hace y esperó con paciencia. La confianza ahuyentó a la ansiedad, por eso no se preocupó, simplemente tarareó una canción que ha aprendido en el mar, mientras el techo se tintura de blanco ligeramente, incluso está sobre ella, como si fuese una decoración — Lamento no… poder cumplir tu plan, Owen — por no ser tan fantástica como suele decir, aun así, no mostró pena — Pero tal vez más adelante pueda hacer más.
En un futuro, en donde el esfuerzo rinda frutos o encuentre una manera de mejorar más, a pasos agigantados y no cargando la ceguera e ignorancia a cuestas — ¿Cómo estás? ¿Todo bien? — buscó con su mano la orilla del agujero que han hecho y se asomó con cuidado. No pudo ver como existen un par de copos caídos que se derriten lentamente — ¿Te cuento otro secreto?
Como si quisiera compensar. No pidió nada a cambio, simplemente se sacó aquella joya que no se retira y la movió, dejó que colgara para que él pueda verlo.
—Creo que tiene que ver con mi familia. Aunque no nunca pude preguntarle nada a la persona que me lo dio. Me dijo que era mío, pero cuando me lo entregó, a los días desapareció — no dijo adiós, pero le pidió que lo guardara como el mayor secreto, una promesa que cumplió estando en la iglesia ¡Tan importante! Tanto que no se lo podría contar ni a Dios.
—No sé leer, así que no tengo idea qué dice.
Lo levantó y acarició con suavidad.
—Y como somos familia, supuse que sería bueno que lo supieras también.
Aceptó la ayuda para levantarse, quedando sentada sin saber en dónde está, supuso que es la parte superior del techo, esa que no se conecta del todo con la casa. —Yo, creo que sí — pero el creer se aleja de lo que ocurre en la realidad. Es un tal vez, un quizás, un podría. Pero en ese instante no necesitaron posibilidades — ¿Qué piensas hacer? — sintió el calor de Owen, seguramente se encontró con un ligero frío que molestó y calmó la piel en partes iguales para él.
Negó con la cabeza con suavidad — Dudo que pueda hacerlo así. — porque le pide algo complejo y que se escapa que lo que ha podido hacer hasta ahora — Incluso si lo hiciera… el hielo no tardaría en derretirse ¿No? — porque así funciona el agua cuando se congela. Cuando la ha tenido sobre sus manos o escuchado que se derrite en medio de la lluvia — Pero hacer copos de nieve si podría.
Supuso que han caído ahí mismo — No, la verdad es que no tienes que hacer nada. Solo… que no quiero lastimarte — se sacó con cuidado la ropa que él le ha prestado y se la regresó con cuidado — Te dará más frío que a mi — sonrió, para luego reírse con suavidad, sintiendo que la han descubierto rápido en su primera mentira — Yo ya no siento frío. Solo quería estar más cerca tuyo — esa es la verdad, una que le tinturó el rostro de color por la vergüenza de realizar un pecado por mero capricho.
…
—¿De verdad? ¡¿De verdad podríamos?! Me gustaría ¡Y podríamos tener un jardín atrás! — podríamos, en un futuro que se vio dulce, tanto como para que se refleje en su tono, en sus acciones, incluso en su rostro.
Tener un hogar suyo, no prestado por alguien más. Sonrió acabando con el frío en su cuerpo inicialmente, mientras la lluvia cae despacio — Creo que si tapas el agujero con algo y me quedo arriba, podría esperar hasta que la lluvia pase — aunque suena solitario. — No quiero que te lastimes… más — porque supuso que existe un dolor que no le ha dicho. Se volteó a donde está, aun así no lo puede ver — Menos por mi culpa.
Porque recordó el día que comió la fruta.
—¿Me ayudas a subir? — ofreció sus manos y siguió instrucciones, impulsándose con algo de dificultad, porque la fuerza no es lo suyo, pero se encontró arriba. Sintió las gotas más intensas, seguro ya han mojado ligeramente el interior. No dudó en sentarse, incluso si el techo está húmedo. Quizás en el pasado le habría molestado por el frío, pero él ya no existe para causarle problemas, sino que parece una fiel compañera que no la abandona.
Se preguntó si debe hacerlo, antes de recordar lo que le ha dicho, que deben protegerla. Suspiró una vez más y el vaho salió de sus labios, porque todo se ha enfriado ligeramente con el pasar de los segundos. Ya no son gotas ligeras las que caen, es ese blanco que no conoce ni puede ver, pero sabe que existe.
Escuchó los movimientos de Owen, seguramente algo hace y esperó con paciencia. La confianza ahuyentó a la ansiedad, por eso no se preocupó, simplemente tarareó una canción que ha aprendido en el mar, mientras el techo se tintura de blanco ligeramente, incluso está sobre ella, como si fuese una decoración — Lamento no… poder cumplir tu plan, Owen — por no ser tan fantástica como suele decir, aun así, no mostró pena — Pero tal vez más adelante pueda hacer más.
En un futuro, en donde el esfuerzo rinda frutos o encuentre una manera de mejorar más, a pasos agigantados y no cargando la ceguera e ignorancia a cuestas — ¿Cómo estás? ¿Todo bien? — buscó con su mano la orilla del agujero que han hecho y se asomó con cuidado. No pudo ver como existen un par de copos caídos que se derriten lentamente — ¿Te cuento otro secreto?
Como si quisiera compensar. No pidió nada a cambio, simplemente se sacó aquella joya que no se retira y la movió, dejó que colgara para que él pueda verlo.
—Creo que tiene que ver con mi familia. Aunque no nunca pude preguntarle nada a la persona que me lo dio. Me dijo que era mío, pero cuando me lo entregó, a los días desapareció — no dijo adiós, pero le pidió que lo guardara como el mayor secreto, una promesa que cumplió estando en la iglesia ¡Tan importante! Tanto que no se lo podría contar ni a Dios.
—No sé leer, así que no tengo idea qué dice.
Lo levantó y acarició con suavidad.
—Y como somos familia, supuse que sería bueno que lo supieras también.
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