24-10-2025, 07:22 PM
Las personas siempre piensan que la vida en la Isla Karate es lo ideal para aprender de los artistas marciales. Supieran lo celosos que son con su arte. Así como los pintores , los músicos, los escultores, todos tienen su gremio y se evalúan los unos a los otros. No compiten de manera artística, lo hacen con los puños, con los pies y a mordidas si es necesario. En este punto ya prefiero más evitarlos pues no sabes cuando uno de ellos se fijará en querer pelearse contigo.
Desplegar mis alas para sobrevolar la isla me permitía estar más tranquilo, aunque igual sigo siendo llamativo pues no pasó disfrazado a la idea de que sea un ave, cualquiera podría verme y pensar que soy una especie de ángel de la muerte. Mi tez oscura, tatuada; mi cabello blanco cómo una perla, alto, imponente, musculoso, sensual y deseable.
Es muy agradable volar cuando no hay lluvias, generalmente en este otoño suele llover y hace difícil el volar o el trabajar en los campos de arroz, pero hoy estoy tranquilo. Puedo sentir la brisa fría bajo mis alas. Planeo sobre los caminos marcados por los años de transeúntes y carretas que han pasado por allí. Mi vuelo no es demasiado alto, pero sí lo suficiente para que las personas se vean un tanto más pequeñas de lo que ya son.
Pasé a sobrevolar sobre los muelles buscando aterrizar cerca de aquellos extensos caminos de tabla, que conectados dando puesto de anclaje a los múltiples barcos que decidieron atracar por esta costa. Se siente el olor a pesca fresca, se siente la presencia de aquellos que ya están hasta las trancas de licor. Sí, con el tiempo te terminas acostumbrando y eventualmente hasta te termina gustando.
Cada día me hago la pregunta de si hice lo correcto al no haber aceptado la propuesta que me hizo ese hombre Uker. Por las noche pienso si hice lo correcto al no aceptar semejante propuesta en la que podría yo ser finalmente libre como una lombriz, sin ataduras. Tuve algo de miedo. Ya era la segunda vez que rechazaba una propuesta tan sugerente. No podía perder otra oportunidad así. La próxima persona con la que pudiera emprender un viaje no dudaría en zarpar y sin dudarlo recorreremos el mundo. Si de eso va esta vida de disfrutarla como una sola y no estar atrapado en esos pensamientos que solo crean resentimiento con uno mismo. Agité mi cabeza de un lado al otro para que esos pensamientos se esfuman cómo quien ahuyenta las moscas de las frutas.
Ahora voy a tener que sentarme a buscar algo de comer, lo bueno es que me había hecho amiga de una señora que era dueña de un restaurante y bueno, ella me dejaba comer tanto como quisiera. Ajustar cuentas no era problema para ninguno, yo disfrutaba mucho de su compañía y de su comida. Nunca me negaba nada, aunque ahora habían cambiado de cocinero y no tenía la misma cantidad de antes yo la verdad apreciaba mucho que ella me diera de comer y sería agradecido con ella siempre estando disponible cada que pudiera.
Curiosamente en ese mismo restaurante estaban llegando Zanahorias, papas, todo tipo de alimentos que habían traido en barcos. Se sabe por que yo iba directo hacía allí y podía ver como la comida ya estaba llegando. Tenía algunos comensales, no tantos, pero sí para tener al personal trabajando.
—Hola Jefa. ¿Cómo está?—
—Heras, no pensé que vinieras hoy. No a esta hora, te esperaba más tarde~—
—Si. Solo pasaba por algo rápido. Queria ver si podía trabajar con los pescadores, aunque no se está dando mucho la pesca…—
Ya saludarnos con un poco de confianza era lo usual, no demasiado, sin mucho contacto.
—Pasa, hoy estamos preparando un platillo nuevo, quisiera un par de opinion. Ya sabes, no te costará Berris.—
Desplegar mis alas para sobrevolar la isla me permitía estar más tranquilo, aunque igual sigo siendo llamativo pues no pasó disfrazado a la idea de que sea un ave, cualquiera podría verme y pensar que soy una especie de ángel de la muerte. Mi tez oscura, tatuada; mi cabello blanco cómo una perla, alto, imponente, musculoso, sensual y deseable.
Es muy agradable volar cuando no hay lluvias, generalmente en este otoño suele llover y hace difícil el volar o el trabajar en los campos de arroz, pero hoy estoy tranquilo. Puedo sentir la brisa fría bajo mis alas. Planeo sobre los caminos marcados por los años de transeúntes y carretas que han pasado por allí. Mi vuelo no es demasiado alto, pero sí lo suficiente para que las personas se vean un tanto más pequeñas de lo que ya son.
Pasé a sobrevolar sobre los muelles buscando aterrizar cerca de aquellos extensos caminos de tabla, que conectados dando puesto de anclaje a los múltiples barcos que decidieron atracar por esta costa. Se siente el olor a pesca fresca, se siente la presencia de aquellos que ya están hasta las trancas de licor. Sí, con el tiempo te terminas acostumbrando y eventualmente hasta te termina gustando.
Cada día me hago la pregunta de si hice lo correcto al no haber aceptado la propuesta que me hizo ese hombre Uker. Por las noche pienso si hice lo correcto al no aceptar semejante propuesta en la que podría yo ser finalmente libre como una lombriz, sin ataduras. Tuve algo de miedo. Ya era la segunda vez que rechazaba una propuesta tan sugerente. No podía perder otra oportunidad así. La próxima persona con la que pudiera emprender un viaje no dudaría en zarpar y sin dudarlo recorreremos el mundo. Si de eso va esta vida de disfrutarla como una sola y no estar atrapado en esos pensamientos que solo crean resentimiento con uno mismo. Agité mi cabeza de un lado al otro para que esos pensamientos se esfuman cómo quien ahuyenta las moscas de las frutas.
Ahora voy a tener que sentarme a buscar algo de comer, lo bueno es que me había hecho amiga de una señora que era dueña de un restaurante y bueno, ella me dejaba comer tanto como quisiera. Ajustar cuentas no era problema para ninguno, yo disfrutaba mucho de su compañía y de su comida. Nunca me negaba nada, aunque ahora habían cambiado de cocinero y no tenía la misma cantidad de antes yo la verdad apreciaba mucho que ella me diera de comer y sería agradecido con ella siempre estando disponible cada que pudiera.
Curiosamente en ese mismo restaurante estaban llegando Zanahorias, papas, todo tipo de alimentos que habían traido en barcos. Se sabe por que yo iba directo hacía allí y podía ver como la comida ya estaba llegando. Tenía algunos comensales, no tantos, pero sí para tener al personal trabajando.
—Hola Jefa. ¿Cómo está?—
—Heras, no pensé que vinieras hoy. No a esta hora, te esperaba más tarde~—
—Si. Solo pasaba por algo rápido. Queria ver si podía trabajar con los pescadores, aunque no se está dando mucho la pesca…—
Ya saludarnos con un poco de confianza era lo usual, no demasiado, sin mucho contacto.
—Pasa, hoy estamos preparando un platillo nuevo, quisiera un par de opinion. Ya sabes, no te costará Berris.—
