24-10-2025, 08:16 PM
[personajeinvalido=2283]
Negras nubes en el cielo, de pronto un relámpago enciende la cúpula celeste, pero como la luz vino, se fue, las nubes enturbiaba la vista de la luna, y las estrellas, temerosas de la lluvia, huyeron despavoridas. Aquellos rayos que desgarraban el aire desde el hogar de los dioses era lo único que alumbraba el camino, fugazmente, atronadores pero necesarios en la situación.
Entre fogonazo y fogonazo intentaba ver a mis compañeros, Kayseira agarraba con fuerza un cabo, intentando mantener la vela en la posición correcta mientras el barco ascendía como si fuese arte de magia. Zhang agarraba el timón con toda la fuerza que sus brazos le brindaban y Cao, sin temor ni duda, lo ayudaba para mantener el rumbo y que el barco no se fuese a cualquier lado. Cuando el navío comenzó a levantarse, primero con una verticalidad evidente, tuve que agacharme mientras agarraba el cabo contrario que mi fría compañera sostenía, debía bajar mi centro de equilibrio para mantener aún en el suelo. .¿Y este es el camino fácil?.- Grité mientras miraba al asno entre relámpagos, claramente para subir los ánimos con un poco de humor, así al menos me distraía del terror que quería dominar mis piernas para salir de allí como alma que lleva el diablo.
El ascenso fue complejo, pero nuestro navegante fue diligente y astuto, su experiencia en el mar nos salvó de la parca, él tenía miedo de ser el monstruo que nos matase, pero de momento no estaríamos vivos sin él "Dios bendiga al burro..." Pensé durante los pocos segundos de calma antes de comenzar el descenso, donde todo se torció y comenzó a pintar feo de verdad. Incluso me permití sonreír de medio lado, pensando que podríamos vencer cualquier obstáculo que nos pusiera el destino por medio.
Que iluso fui, pues el viaje solo había comenzado, igual que los problemas, claro. Durante la bajada sentí un fuerte impacto, miré a Zhang, preocupado al observar su cara de confusión. "Aggh... Mierda" Volví a agarrar con fuerza el cabo mientras empezaba a sudar, y mira que no hacía calor en ese lugar. -Mierda, mierda, mierda. Señores que nos la damos.- Intenté avisar a los demás, pero fue inútil, un segundo golpe hizo saltar a Cao por la borda, al escucharlo gritar me giré rápidamente, soltando el cabo para intentar agarrarlo antes de ser demasiado tarde. Fue un movimiento tonto e impulsivo, pero no pude evitar intentar ayudarlo, parece que el camino al infierno esta pavimentado de buenas intenciones. Por culpa de mi torpeza, Kayseira no pudo manejar la vela, haciendo que la verga se descontrolara y la golpease, lanzándole fuera del barco también. Zhang no podía hacer otra cosa mas que intentar mantener el barco en control y rumbo, yo me giré a tiempo de ver a la dama salir despedida y, por último, un tercer impacto contra el casco del barco me lanzó a mi y a mi equipo compañero.
No recordaba como fue la caída, la oscuridad intermitente y el intentar no morir me mantuvo bastante ocupado para ver a donde fueron los demás. Lo que si recuerdo fue el despertar, Tumbado boca arriba mientras miraba el cielo limitado por un amplio círculo de piedra. -Uff... Menudo golpe...- Me incorporé mientras me sujetaba una sien de la cabeza. -Un momento...- Alarmado me fijé a mi alrededor, buscando desesperadamente a mis compañeros, mi rostro no escondía el miedo de que algo les hubiera pasado. Varias personas estaban en el lugar, tirados en el suelo como yo, intentando levantarse y descubrir donde narices estaban, entre ellos, una mujer de gran tamaño y rostro familiar se distinguió en mi vista. -¡Bai!.- Grité mientras salía despedido corriendo hacia ella intentando discernir si estaba herida.
Cuando llegué a su lado comencé a mirar su cuerpo con enorme miedo, sujetando sus brazos, escrudiñando su cabeza por si, Dios no lo quisiera, se hubiera dañado el cráneo.-Por favor dime que estas bien. Por lo mas amado Bai dime que estas bien.- Me aseguré de que no estaba lesionada, tan solo algo afectada por el testarazo que se había dado, pero nada que no le impidiera levantarse incluso. -Ufff... Menos mal...- Aquella mujer no era la que más conocía de entre todos los monjes, pero eso no quitaba que sintiera el compañerismo y hermandad de pertenecer a una misma organización. Cuando me aseguré de su salud miré a mi alrededor, fijándome que la estructura en la que nos encontrábamos no podía ser creada por la madre naturaleza. -Estamos muy lejos de casa, Dorothy.- Dije a Bai recordando una historieta que hablaba de un gran viaje. Me llevé una mano al mentón. -Hhmm... Quizás los demás hayan caído en otro lugar similar a este, o... Quién sabe, tal vez nos han movido a todos.- Abrí los ojos al caer en una cosa, un objeto que Cao me había dado para emergencias. Eché mano a mi mochila, sacando de este un Den den Mushi. -Espero que esto funcione.- Llamé por instinto, sin pensar siquiera en quien estaba intentando contactar, mi preocupación era mayor que la razón. -Lan, Lan... Dime que estas ahí, por favor.-
¿Por que le llamé a ella? No lo sabía la verdad, pude haber intentado llamas a Cao, o a Zhang, cualquiera de los que iban conmigo, pero... Si Bai estaba aquí conmigo... Su embarcación también tuvo que ser dañada.
Negras nubes en el cielo, de pronto un relámpago enciende la cúpula celeste, pero como la luz vino, se fue, las nubes enturbiaba la vista de la luna, y las estrellas, temerosas de la lluvia, huyeron despavoridas. Aquellos rayos que desgarraban el aire desde el hogar de los dioses era lo único que alumbraba el camino, fugazmente, atronadores pero necesarios en la situación.
Entre fogonazo y fogonazo intentaba ver a mis compañeros, Kayseira agarraba con fuerza un cabo, intentando mantener la vela en la posición correcta mientras el barco ascendía como si fuese arte de magia. Zhang agarraba el timón con toda la fuerza que sus brazos le brindaban y Cao, sin temor ni duda, lo ayudaba para mantener el rumbo y que el barco no se fuese a cualquier lado. Cuando el navío comenzó a levantarse, primero con una verticalidad evidente, tuve que agacharme mientras agarraba el cabo contrario que mi fría compañera sostenía, debía bajar mi centro de equilibrio para mantener aún en el suelo. .¿Y este es el camino fácil?.- Grité mientras miraba al asno entre relámpagos, claramente para subir los ánimos con un poco de humor, así al menos me distraía del terror que quería dominar mis piernas para salir de allí como alma que lleva el diablo.
El ascenso fue complejo, pero nuestro navegante fue diligente y astuto, su experiencia en el mar nos salvó de la parca, él tenía miedo de ser el monstruo que nos matase, pero de momento no estaríamos vivos sin él "Dios bendiga al burro..." Pensé durante los pocos segundos de calma antes de comenzar el descenso, donde todo se torció y comenzó a pintar feo de verdad. Incluso me permití sonreír de medio lado, pensando que podríamos vencer cualquier obstáculo que nos pusiera el destino por medio.
Que iluso fui, pues el viaje solo había comenzado, igual que los problemas, claro. Durante la bajada sentí un fuerte impacto, miré a Zhang, preocupado al observar su cara de confusión. "Aggh... Mierda" Volví a agarrar con fuerza el cabo mientras empezaba a sudar, y mira que no hacía calor en ese lugar. -Mierda, mierda, mierda. Señores que nos la damos.- Intenté avisar a los demás, pero fue inútil, un segundo golpe hizo saltar a Cao por la borda, al escucharlo gritar me giré rápidamente, soltando el cabo para intentar agarrarlo antes de ser demasiado tarde. Fue un movimiento tonto e impulsivo, pero no pude evitar intentar ayudarlo, parece que el camino al infierno esta pavimentado de buenas intenciones. Por culpa de mi torpeza, Kayseira no pudo manejar la vela, haciendo que la verga se descontrolara y la golpease, lanzándole fuera del barco también. Zhang no podía hacer otra cosa mas que intentar mantener el barco en control y rumbo, yo me giré a tiempo de ver a la dama salir despedida y, por último, un tercer impacto contra el casco del barco me lanzó a mi y a mi equipo compañero.
No recordaba como fue la caída, la oscuridad intermitente y el intentar no morir me mantuvo bastante ocupado para ver a donde fueron los demás. Lo que si recuerdo fue el despertar, Tumbado boca arriba mientras miraba el cielo limitado por un amplio círculo de piedra. -Uff... Menudo golpe...- Me incorporé mientras me sujetaba una sien de la cabeza. -Un momento...- Alarmado me fijé a mi alrededor, buscando desesperadamente a mis compañeros, mi rostro no escondía el miedo de que algo les hubiera pasado. Varias personas estaban en el lugar, tirados en el suelo como yo, intentando levantarse y descubrir donde narices estaban, entre ellos, una mujer de gran tamaño y rostro familiar se distinguió en mi vista. -¡Bai!.- Grité mientras salía despedido corriendo hacia ella intentando discernir si estaba herida.
Cuando llegué a su lado comencé a mirar su cuerpo con enorme miedo, sujetando sus brazos, escrudiñando su cabeza por si, Dios no lo quisiera, se hubiera dañado el cráneo.-Por favor dime que estas bien. Por lo mas amado Bai dime que estas bien.- Me aseguré de que no estaba lesionada, tan solo algo afectada por el testarazo que se había dado, pero nada que no le impidiera levantarse incluso. -Ufff... Menos mal...- Aquella mujer no era la que más conocía de entre todos los monjes, pero eso no quitaba que sintiera el compañerismo y hermandad de pertenecer a una misma organización. Cuando me aseguré de su salud miré a mi alrededor, fijándome que la estructura en la que nos encontrábamos no podía ser creada por la madre naturaleza. -Estamos muy lejos de casa, Dorothy.- Dije a Bai recordando una historieta que hablaba de un gran viaje. Me llevé una mano al mentón. -Hhmm... Quizás los demás hayan caído en otro lugar similar a este, o... Quién sabe, tal vez nos han movido a todos.- Abrí los ojos al caer en una cosa, un objeto que Cao me había dado para emergencias. Eché mano a mi mochila, sacando de este un Den den Mushi. -Espero que esto funcione.- Llamé por instinto, sin pensar siquiera en quien estaba intentando contactar, mi preocupación era mayor que la razón. -Lan, Lan... Dime que estas ahí, por favor.-
¿Por que le llamé a ella? No lo sabía la verdad, pude haber intentado llamas a Cao, o a Zhang, cualquiera de los que iban conmigo, pero... Si Bai estaba aquí conmigo... Su embarcación también tuvo que ser dañada.
resumen
Para el narrador
belico
karmas
