25-10-2025, 05:46 AM
[personajeinvalido=2283]
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Narrador / María Merlot
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Flash Back.
30 de Otoño. Año 16.
Minutos antes de la catástrofe.
30 de Otoño. Año 16.
Minutos antes de la catástrofe.
¿Por qué caminaba entre sus compañeros?
Por la terrible noticia del periodico.
Ujum.
Por la terrible noticia del periodico.
Ujum.
¿Quien en su sano juicio valoraría la cabeza de Algodón de Azúcar en semejante e irrisorio precio? La mujer de cabellera celeste no podía concebirlo, el gran error de cálculo, matemática y lógica; para ella era tan claro como las aguas cristalinas de los arrecifes: Algodón de Azúcar era incalculable, imposible darle valor a alguien cuya mera existencia alegraba la suya, y le daba magnitud, sentido y dirección a su corazón. Su trato amable, su cuidado, las palabras encantadoras, el exceso de glucosa era una exposición en su cerebro y alma, por eso lo adoraba… porque él le había dado lo que nadie jamás le dio, un consuelo a nivel emocional que no sabía que necesitaba hasta que lo conoció.
María había visto su propia fotografía pero la ignoró olímpicamente porque sus pensamientos estaban viajando en todos los sentidos posibles hacía una sola meta: Encontrar quien escribió semejante blasfemia y hacerlo retractarse. Y no, no por colocarle precio a su cabeza sin razón alguna, sino por el precio patético del objeto de su fanatismo. Ella aún no superaba, y posiblemente nunca lo hiciera, esos 52.200.000 Berrys.
El hombre de antes, y de hace mucho tiempo, apareció de la nada. Tenía esa manía de ser sigiloso y enigmático, aunque el olor a cigarrillo siempre lo delataba. La semi sirena no entendía la relación de Hyakinthos y Lucarde con ese sujeto, sujeto que desde que conoció la había hecho retroceder, en especial cuando la miraba con aquellos ojos azules sin vida o utilizaba la voz aterradora. Ella había pasado por tanto en su corta vida e instintivamente sabía reconocer uno de “esos tipos” cuando los veía, curiosamente su Kami también era su conocido. ¿Acaso solo estaba siendo prejuiciosa? No lo sabía, pero por ahora se mantendría al margen como lo hizo en el crucero.
¿Él la había escuchado? ¿Sus comentarios refunfuñados a baja voz? Debía recordar que el masculino tenía buen oído porque dudaba que alguien reconociese sus divagaciones de indignación a ese nivel auditivo. Estaba a punto de responderle cuando Lucarde intervino, llamándolo por su nombre “Jin”... su curiosidad aumentaba, necesitaba saber que clase de relación tenían el dúo y el Capitán, porque esos encuentros no podían ser casualidad, esa manera de dirigirse con tanta familiaridad/dureza no podían ser de simples conocidos. No prestó atención antes, no le pareció relevante, pero ahora lo haría… el misterio que envolvía al trío y del cual Thrym y Odeth parecían ajenos, como ella misma.
Palabras iban, palabras venían y entre ellas su Capitán marcando un límite con autoridad serena pero contundente; lo que causo que María se mordiera la lengua, porque ella estaba apunto de soltar una de sus diatribas características; así que solo hizo lo más normal y común en su actuar: Se levantó la capa dejando ver su hermoso rostro y le saco la lengua al hombre moreno. Claro, siempre, manteniendo la distancia porque él… él era peligroso, no tenía pruebas pero tampoco dudas.
María había visto su propia fotografía pero la ignoró olímpicamente porque sus pensamientos estaban viajando en todos los sentidos posibles hacía una sola meta: Encontrar quien escribió semejante blasfemia y hacerlo retractarse. Y no, no por colocarle precio a su cabeza sin razón alguna, sino por el precio patético del objeto de su fanatismo. Ella aún no superaba, y posiblemente nunca lo hiciera, esos 52.200.000 Berrys.
El hombre de antes, y de hace mucho tiempo, apareció de la nada. Tenía esa manía de ser sigiloso y enigmático, aunque el olor a cigarrillo siempre lo delataba. La semi sirena no entendía la relación de Hyakinthos y Lucarde con ese sujeto, sujeto que desde que conoció la había hecho retroceder, en especial cuando la miraba con aquellos ojos azules sin vida o utilizaba la voz aterradora. Ella había pasado por tanto en su corta vida e instintivamente sabía reconocer uno de “esos tipos” cuando los veía, curiosamente su Kami también era su conocido. ¿Acaso solo estaba siendo prejuiciosa? No lo sabía, pero por ahora se mantendría al margen como lo hizo en el crucero.
¿Él la había escuchado? ¿Sus comentarios refunfuñados a baja voz? Debía recordar que el masculino tenía buen oído porque dudaba que alguien reconociese sus divagaciones de indignación a ese nivel auditivo. Estaba a punto de responderle cuando Lucarde intervino, llamándolo por su nombre “Jin”... su curiosidad aumentaba, necesitaba saber que clase de relación tenían el dúo y el Capitán, porque esos encuentros no podían ser casualidad, esa manera de dirigirse con tanta familiaridad/dureza no podían ser de simples conocidos. No prestó atención antes, no le pareció relevante, pero ahora lo haría… el misterio que envolvía al trío y del cual Thrym y Odeth parecían ajenos, como ella misma.
Palabras iban, palabras venían y entre ellas su Capitán marcando un límite con autoridad serena pero contundente; lo que causo que María se mordiera la lengua, porque ella estaba apunto de soltar una de sus diatribas características; así que solo hizo lo más normal y común en su actuar: Se levantó la capa dejando ver su hermoso rostro y le saco la lengua al hombre moreno. Claro, siempre, manteniendo la distancia porque él… él era peligroso, no tenía pruebas pero tampoco dudas.
“¿Rojo? ¡Merlot! ¿Este no es tu hermano jurado? 57 millones…”
Las palabras de Algodón de Azúcar la hicieron prestarle toda la atención, por supuesto que era su guapo hermano jurado. Cuando se acercó para situarse al lado del médico, y volver a mirar las fotografías solo pudo sonreír —... es una gran fotografía. ¿Cómo habrán hecho para tomarsela? ¿Habrá sido lo último que vio esa persona? Y también está Unnie y el Cocinero… y ese de allá no es el polizonte mentiroso — aportó al repasar cada fotografía, aun no olvidaba como el hombre llamado Owen nunca le contó la historia que prometió… — Y Woooow… ¿Ese es mi Kami? Pero este periodico… — dejó la frase sin terminar mirando el resto de caras, caras irrelevantes en su vida y que posiblemente olvidaría pronto. Luego vinieron palabras más y palabras menos…
“Merlot, ven conmigo, tú también chica grande”
Solicito Hyakinthos, y sus peticiones eran órdenes para ella, ordenes que cumpliría con la mayor satisfacción posible. María estaba a punto de seguirlo a dónde él quisiera, a las profundidades del mar, al centro del planeta… pero lo único que no espero la mujer fue que la sujetará de la mano, una mano delicada y suave, protectora y varonil. Su mente se apagó automáticamente, su corazón entró en cortocircuito. Ella nunca lo tocaba, las veces que sus pieles entraban en contacto eran porque el hermoso hombre rompía la distancia… la semi sirena no sería capaz, nunca, de ensuciarlo con la asquerosidad que se ocultaba bajo su piel mancillada por aquellos con poder y perversiones…
— Yo… yo… yo… — balbuceó dejándose arrastrar, disfrutando el contacto prohibido y quizás con un leve sonrojo en sus mejillas oculto por la capa y la noche misma. Thrym dijo algunos comentarios pero se perdieron para la dama porque estaba en las nubes por el toque de Hyakinthos.
Y ese pequeño momento, lo atesoraría por siempre porque luego se desató la catástrofe…
— Yo… yo… yo… — balbuceó dejándose arrastrar, disfrutando el contacto prohibido y quizás con un leve sonrojo en sus mejillas oculto por la capa y la noche misma. Thrym dijo algunos comentarios pero se perdieron para la dama porque estaba en las nubes por el toque de Hyakinthos.
Y ese pequeño momento, lo atesoraría por siempre porque luego se desató la catástrofe…
Fin del Flash Back.
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Flash Back.
30 de Otoño. Año 16.
Catástrofe.
30 de Otoño. Año 16.
Catástrofe.
Banda Sonara :: Escucha Aquí
¿Por qué su mente siempre estaba llena de grillos?
Porque vivir la realidad siempre resultaba... doloroso.
Y esta vez, el golpe se sintió doblemente fuerte, como una cruel burla.
Ella ya lo tenía muy asimilado. No había escapatoria, solo ciclos.
¿Por qué su mente siempre estaba llena de grillos?
Porque vivir la realidad siempre resultaba... doloroso.
Y esta vez, el golpe se sintió doblemente fuerte, como una cruel burla.
Ella ya lo tenía muy asimilado. No había escapatoria, solo ciclos.
Habían llegado al punto “crítico” del viaje, las velas rugían bajo un vendaval que no anunciaba nada bueno, el agua estaba agitada, y esa agitación la hizo apretar aún más fuerte la mano del hombre de cabellera rosada; y por instinto busco la cara de Lucarde, y luego alzó la vista al gigante. ¿Qué podía pasar teniéndolos a ellos? Nada, nada malo podía suceder. ¿Iban de subía? La chica se sujeto con su mano libre de la baranda. Y luego como el anuncio de la catástrofe el resplandor de un relámpago iluminó el cielo como un flash perfecto… y todo se fue en picada, literal y figurativamente.
Gritos.
Pánico.
Desastre.
Pánico.
Desastre.
Todo parecía tan irreal, como una obra de teatro de la cual es espectadora. ¿Acaso estaba soñando? ¿Se trataba de una pesadilla? Lamentablemente no, y la hecatombe la golpeó, directo y sin compasión — ¿Hyakinthos? — susurro, su nombre en busca de… de ¿consuelo? ¿protección? ¿instrucciones? O solo, solo… estaba despidiéndose porque nada de eso pintaba bien ¡No lo sabía! Y la rapidez de los eventos no le permitió pensarlo mucho tampoco…
Su cuerpo fue arrastrado…
Se levantó como si estuviera hecho del más fino papel…
Su mano agarró con fuerza la de Hyakinthos pero uno a uno sus dedos fueron perdiendo el agarrare hasta que… su suave tacto quedó en el olvido.
Se levantó como si estuviera hecho del más fino papel…
Su mano agarró con fuerza la de Hyakinthos pero uno a uno sus dedos fueron perdiendo el agarrare hasta que… su suave tacto quedó en el olvido.
— ¡NO! — dijo y todo se sintió en cámara lenta, la capucha se levantó dejando ver su cara llena de pánico, el temor en sus ojos producto del evento catastrófico que estaba sucediendo — ¡Nooooooo! — el grito sonó desgarrador cuando salió disparada a quien sabe donde. Sus ojos recorrieron al hombre pelirosado, luego a Lucarde y por último, al más visible de todos, al gigante… ellos seguro verían, o tal vez no, como los ojos ámbar que siempre estaban llenos de vida se transformaron en una mezcla de miedo y resignación, como el de un condenado a muerte. Ella en el fondo lo sabía, muy en el fondo siempre lo supo… lo bueno en su vida nunca duraba… y desde que despertó en aquella celda sin recuerdos a sus 13 años… había pasado más días intentando refugiarse en su cabeza y fantasías, que en vivir la horrible realidad que representaba ser Ella: prisionera, débil, sin familia, sin amigos, sin aliados… y de una especie exótica.
María solo espero el desenlace… cerró los ojos y se dejó arrastrar a lo inevitable…
María solo espero el desenlace… cerró los ojos y se dejó arrastrar a lo inevitable…
Contenido Oculto
Fin del Flash Back.
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Actualidad.
Solo silencio.
Silencio y resignación.
Dolor.
Silencio y resignación.
Dolor.
Sus párpados pesaban, su mente estaba en blanco. El aire entraba a sus pulmones, su cuerpo poco a poco iba despertando con un leve de dolor en ciertas áreas. ¿Estaba dormida? ¿Estaba muerta? ¿La muerte dolía? Si lo hacía sería un terrible servicio. Abrió los ojos, pero solo pudo ver la oscuridad, porque la capucha de su capa le obstruía la visión. Estaba sobre el suelo, un muy duro suelo. Se giró para quedar boca arriba, siendo una mancha negra para cualquiera que la viera. Llevó un brazo a su cabeza, dejando ver la tela roja y florada que la cubría. El brazo reposó a la altura de sus ojos… mientras los recuerdos volvían a su mente, recuerdos que se sentían tan irreales y lejanos, tan vividos y dolorosos… había naufragado y eso nunca traía buenas noticias… no quería levantarse, no quería enfrentar la realidad. ¿ Y si se quedaba así hasta obtener el valor de levantarse?
No quería ver… ver a sus nakamas… que iban con ella… a los que iban en otros barcos… verlos muer...
¡Basta!
¡María, Basta!
¡Basta!
¡María, Basta!
Se recrimino internamente, inhalando con fuerza. Todo iba a estar bien, todo estaría bien. Fantasma se lo prometió, ella confiable en él… desde que lo conoció, en su peor momento, había cumplido cada promesa hecha. La mancha negra se irguió hasta quedar sentada, con su mano levantó levemente la capa para mirar a su alrededor… y no había mucho que ver, en realidad, porque sus ojos se estaban acostumbrando a la nueva realidad, por supuesto, para nadie pasaría desapercibido una llama, como una antorcha, que salía de… ¿alguien? No estaba ahí sola, habían más… ella seguía un poco aturdida.
“No soy un experto en la zona así que si alguien sabe qué está ocurriendo me encantaría que me lo diga, sir. A ver si consigo salir de aquí y reunirme con mis compañeros,sir.”
La voz que se dejó escuchar era nueva para ella, y mientras él pronunciaba aquellas palabras la fémina terminaba de levantarse, dejando ver en el proceso algunos largos mechones de cabello celeste salir de la capucha. ¿Él también había perdido a sus compañeros? Eso la hizo fijarse en su figura — ¿Reunirte con tus compañeros? — musito con su suave voz perfectamente audible para todos los presentes… no dijo nada más, solo se volteó y caminó hacia el muro más cercano colocando una mano sobre este… ¿Dónde estaba? ¿Un pozo, una prisión natural, una pesadilla absurda? Pegó su frente sobre esta… ¿Cómo iba a escapar? No lo sabía aún pero de cautiverios más difíciles había escapado, con o sin suerte...
Los grillos iban volviendo, su mente empezaba a girar y revolucionar, el miedo fue quedando sepultado. La confianza se abría paso desde su corazón, y le gritaba que todo estaría bien. Solo debía mantenerse con vida, salir de ese lugar y buscar a sus nakamas, que seguramente ya estarían buscándola… no podía decepcionarlos, no podía no estar a la altura de su tripulación… una sonrisa se fue apoderando de sus labios, al tiempo que se balanceaba ligeramente de un lado a otro como si estuviera escuchando una melodía invisible. Se giró para quedar con su espalda contra la pared, e intentar ver con quienes estaba ahí, aunque inevitablemente su mirada fue hacia la antorcha viviente… un pensamiento intrusivo le gritó: ACÉRCATE Y TOCALO pero ella no era tan tonta como para tocar el fuego.
Su mirada subió por la pared contraria a la cual ella se apoyaba, centímetro por centímetro de lo que sus ojos podían captar por la falta de buena iluminación. Un brillo reflector captó su atención por completo ¿un espejo?… ¿qué clase de broma se estaba gestando? Cerró sus orbes, medito por un momento, y los volvió a abrir para fijarse en uno de los individuos… que hasta ese momento había pasado desapercibido...
Los grillos iban volviendo, su mente empezaba a girar y revolucionar, el miedo fue quedando sepultado. La confianza se abría paso desde su corazón, y le gritaba que todo estaría bien. Solo debía mantenerse con vida, salir de ese lugar y buscar a sus nakamas, que seguramente ya estarían buscándola… no podía decepcionarlos, no podía no estar a la altura de su tripulación… una sonrisa se fue apoderando de sus labios, al tiempo que se balanceaba ligeramente de un lado a otro como si estuviera escuchando una melodía invisible. Se giró para quedar con su espalda contra la pared, e intentar ver con quienes estaba ahí, aunque inevitablemente su mirada fue hacia la antorcha viviente… un pensamiento intrusivo le gritó: ACÉRCATE Y TOCALO pero ella no era tan tonta como para tocar el fuego.
Su mirada subió por la pared contraria a la cual ella se apoyaba, centímetro por centímetro de lo que sus ojos podían captar por la falta de buena iluminación. Un brillo reflector captó su atención por completo ¿un espejo?… ¿qué clase de broma se estaba gestando? Cerró sus orbes, medito por un momento, y los volvió a abrir para fijarse en uno de los individuos… que hasta ese momento había pasado desapercibido...
Bum
Bum Bum
Bum Bum Bum
Bum Bum
Bum Bum Bum
Su corazón latió, el redoble exaltó su respiración… haciendo que su cuerpo se relajará por primera vez desde que ocurrió la catástrofe. Se despegó de la pared, un paso y otro más… y con cada uno su sonrisa oculta aumentaba. Entonces, se detuvo. La mancha negra con voz de mujer y mechones celestes, empezó a dar vueltas sobre su propio eje.
Una…
Dos…
Tres…
Dos…
Tres…
Y se detuvo, justo en la dirección del último miembro del raro grupo… un tipo lleno de… ¿pelos? Una vez conoció a dos minks así de peludos, Helena la Oniri-chan, y su inseparable amigo Paavo — No hay agua, es de noche… ¿Cómo haremos la fotosíntesis? — comentó señalando al mink con sumo interés en su respuesta, como si tuviera sentido o fuera importante el cuestionamiento que acababa de hacerle — Es totalmente árido, como nuestra relación antes de este momento. Desconocidos conocidos, aquí no nacerá nada, y si nace dependerá de nosotros porque estos muros están muertos, tan degradados y falsos que solo un milagro lograría hacer brotar las plántulas del mañana, y esa plántula tendrá que crecer como un un super gigante solo para que podamos hacernos un zoom decente en ese espejo de allá arriba… — comentó con su voz llena de la alegría y locura que la caracterizaba — ¿Holaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa? ¿Haaaaaaaaaaaaaaaaay alguien en caaaaaaaaaaaaaaaaaaasa? Necesito aguaaaaaaaaaaaaaaaaa, muchaaaaaaaaaaaa aguaaaaaaaaaaaaaa — grito colocando sus manos a la altura de su boca para hacer una especie de megáfono, gritando a la nada… y a nadie en particular, aunque un pedacito de su corazón esperaba que fuera escuchada por sus Nakamas… ¿si seguía gritando ellos la encontrarían más rápido? — ¡Coooooooooooooompañeros de uuuuuuuuuuuun pelirrojooooooooooooooooo él esta aaaaaaaaaaaaaaaaquí! — grito nuevamente recordando que ese sujeto también quería reunirse con sus compañeros, para ella fue un acto de amabilidad — No me lo agradezcas, hoy por ti, mañana por mí — le dijo con emoción mientras lo señalaba y guiñaba un ojo (aunque él no pueda verlo) como si le hubiera hecho el favor más grande del mundo al gritar por él en búsqueda de sus compañeros — ¿Desean que grite algo más? ¿Quizás lo que queramos de desayuno? — dijo divertida caminando hasta el sujeto de cabello negro y enterrando su cara en su pecho, con sus manos cayendo a ambos lados, sin un toque adicional — … perdi a Algodón de Azucar. Solté su mano… yo… debemos encontrarlo, hermano — su voz fue audible, bañada por un evidente cariño hacia el hombre y una mezcla de tristeza como si hubiera perdido algo muy valioso, y para ella lo era, la persona más valiosa del mundo.
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README
Karma Fanático: Hyakinthos.
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