25-10-2025, 10:13 AM
(Última modificación: 25-10-2025, 10:15 AM por Alana Sahiba.
Razón: Editar resumen por faltar información relevante
)
[personajeinvalido=2283]
El aire olía a tormenta, a metal y a miedo. El mar había rugido hace un instante, pero ahora todo era silencio, un silencio denso. ¿Qué vino después? Nada y todo a la vez. La caída me había dejado sin aire, sin norte, sin sur, sin referencia alguna. No recordaba cuánto tiempo había pasado desde que el Crimson Stage se perdió en alguna parte. Solo sabía que, al despertar, el mundo se sentía distinto: inmóvil. Recordaba vagamente al capitán gritando. ¿Proteger a Gwen? Recuerdo que salté hacia ella y después todo se volvió negro.
El suelo bajo mi cuerpo se sentía frío, sin vida. Tosí con fuerza y noté el sabor de la sal y arena del mar mezclada con mi saliva. Intenté incorporarme, pero el cuerpo me pesaba. Tenía la ropa empapada, quizás eso era lo que me pesaba, así que me deshice del grueso de la ropa, lo justo para no quedarme desnuda y entrar en posible hipotermia pero el frío; y las manos temblorosas buscando algo a lo que aferrarse. No escuchaba olas, ni timones, ni la voz de Rosse dando órdenes.
Fuego.
Mi pecho se tensó. Me llevé una mano al rostro, tanteando mi cabello húmedo que se me pegaba al cuello. Todo era confuso, desordenado. El aire vibraba con el humo y las piedras parecían tener vida propia—. ¿Rosse...? —susurré, con la ilusión de que aquella luz pudiera ser del capitán. Nada. Me quedé quieta un instante, tratando de orientarme. Si había fuego, había alguien, o algo, que lo había encendido. Aún no era capaz de distinguir ninguna forma. Inspiré hondo. Había algo más ahí, algo que no era simple incendio. Un latido se aceleró en mis sienes. Di un paso, después otro, todos en dirección al fuego, tanteando el suelo con la punta de los pies para no tropezar. En medio del olor a mar, podía distinguir ciertos olores familiares. Mi corazón dio un vuelco. Pronto el olor se transformó en voz.
Gwendolyn.
No necesitaba verla, aunque poco a poco podía reconocer mejor figuras; y finalmente reconocí toda su forma. Lo que me descolocó fue encontrar a alguien más al lado de su figura. Aun así mis instinto de supervivencia me empujó hacia adelante sin pensar—. ¡Gwen! —grité. Mi voz tembló, pero el eco me devolvió la certeza de que no hablaba sola. Avancé con prisa, tropezando a medio camino aún por el golpe, arañándose las manos. Cuando estuve lo bastante cerca de ella, tiré de sus ropas para llamar la atención pero inmediatamente le hablé para que no se sobresaltara de más—. Por fortuna estamos vivas. ¿Y usted es…? ¿Es de fiar? —pregunta hacia el Lunarian más que hacia mi compañera.
Sostuve un segundo su ropa, sin hablar, a modo tranquilizador, no tanto para ella como para mí—. Tranquila… —murmuré, con la voz más suave que pude, una vez más, más para mí que para ella misma—. Estoy aquí —y con total confianza, sin pedir perdón ni permiso, trepé por sus ropas tal y como antaño había hecho, buscando un hueco sobre sus hombros, cerca de su rostro. Desde esa nueva altura, pude divisar cosas que antes había pasado por alto, como por ejemplo, la inconmensurable altura de aquel encendido.
El segundo olor reconocible.
Maki.
Una sonrisa, pequeña pero real, me curvó los labios. No dije su nombre, solo apreté los dientes y alcé la barbilla. Maki y más gente—. No estamos solos —susurré para Gwen, más un pensamiento que una frase—. No todo está perdido —inspiré despacio, tratando de mantener la calma—. ¿Tienes el bastón? Si no, tú, gigante, ¿tendrías a bien guiarla? —y así lo haría, tras saludar alzando el brazo con entusiasmo al ver a Maki, una cara más conocida, y al llegar a su altura, di un suave golpe nuevo en la mejilla de Gwendolyn.
— Si eres tú… —susurré apenas audible—, no sabes cuánto me alegra olerte otra vez, Maki —pobre de mí, que aún no sabía que ni siquiera me recordaría—. Maki. Gwendolyn. Gwendolyn. Maki. Y este de aquí es… —entonces recordé nuestro encuentro, aquel que tuve con Maki y Rosse, y pensé en el capitán, el Crimson, todos… No sabía dónde estaban, pero mientras alguien más siguiera con vida, la función no había terminado. En ese lugar, seguíamos sin ser los únicos. Maki, Gwendolyn, el gigante, yo… ¿Quedaría más gente por descubrir?
El aire olía a tormenta, a metal y a miedo. El mar había rugido hace un instante, pero ahora todo era silencio, un silencio denso. ¿Qué vino después? Nada y todo a la vez. La caída me había dejado sin aire, sin norte, sin sur, sin referencia alguna. No recordaba cuánto tiempo había pasado desde que el Crimson Stage se perdió en alguna parte. Solo sabía que, al despertar, el mundo se sentía distinto: inmóvil. Recordaba vagamente al capitán gritando. ¿Proteger a Gwen? Recuerdo que salté hacia ella y después todo se volvió negro.
El suelo bajo mi cuerpo se sentía frío, sin vida. Tosí con fuerza y noté el sabor de la sal y arena del mar mezclada con mi saliva. Intenté incorporarme, pero el cuerpo me pesaba. Tenía la ropa empapada, quizás eso era lo que me pesaba, así que me deshice del grueso de la ropa, lo justo para no quedarme desnuda y entrar en posible hipotermia pero el frío; y las manos temblorosas buscando algo a lo que aferrarse. No escuchaba olas, ni timones, ni la voz de Rosse dando órdenes.
Fuego.
Mi pecho se tensó. Me llevé una mano al rostro, tanteando mi cabello húmedo que se me pegaba al cuello. Todo era confuso, desordenado. El aire vibraba con el humo y las piedras parecían tener vida propia—. ¿Rosse...? —susurré, con la ilusión de que aquella luz pudiera ser del capitán. Nada. Me quedé quieta un instante, tratando de orientarme. Si había fuego, había alguien, o algo, que lo había encendido. Aún no era capaz de distinguir ninguna forma. Inspiré hondo. Había algo más ahí, algo que no era simple incendio. Un latido se aceleró en mis sienes. Di un paso, después otro, todos en dirección al fuego, tanteando el suelo con la punta de los pies para no tropezar. En medio del olor a mar, podía distinguir ciertos olores familiares. Mi corazón dio un vuelco. Pronto el olor se transformó en voz.
Gwendolyn.
No necesitaba verla, aunque poco a poco podía reconocer mejor figuras; y finalmente reconocí toda su forma. Lo que me descolocó fue encontrar a alguien más al lado de su figura. Aun así mis instinto de supervivencia me empujó hacia adelante sin pensar—. ¡Gwen! —grité. Mi voz tembló, pero el eco me devolvió la certeza de que no hablaba sola. Avancé con prisa, tropezando a medio camino aún por el golpe, arañándose las manos. Cuando estuve lo bastante cerca de ella, tiré de sus ropas para llamar la atención pero inmediatamente le hablé para que no se sobresaltara de más—. Por fortuna estamos vivas. ¿Y usted es…? ¿Es de fiar? —pregunta hacia el Lunarian más que hacia mi compañera.
Sostuve un segundo su ropa, sin hablar, a modo tranquilizador, no tanto para ella como para mí—. Tranquila… —murmuré, con la voz más suave que pude, una vez más, más para mí que para ella misma—. Estoy aquí —y con total confianza, sin pedir perdón ni permiso, trepé por sus ropas tal y como antaño había hecho, buscando un hueco sobre sus hombros, cerca de su rostro. Desde esa nueva altura, pude divisar cosas que antes había pasado por alto, como por ejemplo, la inconmensurable altura de aquel encendido.
El segundo olor reconocible.
Maki.
Una sonrisa, pequeña pero real, me curvó los labios. No dije su nombre, solo apreté los dientes y alcé la barbilla. Maki y más gente—. No estamos solos —susurré para Gwen, más un pensamiento que una frase—. No todo está perdido —inspiré despacio, tratando de mantener la calma—. ¿Tienes el bastón? Si no, tú, gigante, ¿tendrías a bien guiarla? —y así lo haría, tras saludar alzando el brazo con entusiasmo al ver a Maki, una cara más conocida, y al llegar a su altura, di un suave golpe nuevo en la mejilla de Gwendolyn.
— Si eres tú… —susurré apenas audible—, no sabes cuánto me alegra olerte otra vez, Maki —pobre de mí, que aún no sabía que ni siquiera me recordaría—. Maki. Gwendolyn. Gwendolyn. Maki. Y este de aquí es… —entonces recordé nuestro encuentro, aquel que tuve con Maki y Rosse, y pensé en el capitán, el Crimson, todos… No sabía dónde estaban, pero mientras alguien más siguiera con vida, la función no había terminado. En ese lugar, seguíamos sin ser los únicos. Maki, Gwendolyn, el gigante, yo… ¿Quedaría más gente por descubrir?
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