26-10-2025, 12:56 AM
Podría haberse levantado sola, una orden es suficiente, pero ahí se encontró con Owen cargándola una vez más. Detuvo el frío, pero seguro él ya lo ha sentido, por lo tanto no hizo nada más que intentar compartir el propio que no aparece con tanta facilidad. Porque todo lo que viene de ella está congelado.
Supo en donde está, porque tiene el aroma de las flores que ha dejado ahí, son trucos que se da a sí misma. Pistas por si las necesita, por lo tanto no preguntó, simplemente escuchó las palabras del pelirrojo, unas que salen con dificultad — ¿No lo es? — porque a las pocas personas que se lo ha mostrado, le han dicho eso. Brillante como una joya preciosa, tanto que lo mejor es esconderla del mundo para que no se la arrebaten.
Negó con suavidad, porque el nombre no suena para nada. No existe rastro de algo así — Me lo dio una monja de allá. — pero no sabe el nombre, como un fantasma se apareció un par de veces y luego desapareció. Dejando el objeto como la única prueba de lo que ocurrió — No sé su nombre, no me lo dijo — no hubo presentación, pero sí conocía su nombre, por lo tanto no hizo nada más que acatar lo que le dice, en un ruego que lo hizo sentir importante.
—No sé quién es esa persona, jamás la oí — una mueca apareció en su rostro, porque no le gusta el no saber. El no poder preguntar, porque a quién lo hará. Apretó los labios quieta, mientras Owen explica la fotografía con detalle, hasta que finalmente parece que está haciendo algo más. Por su tono le pareciera que lee algo, que lo hará si no lo detiene.
No dudó en moverse, avanzando con prisa a donde está. Lo empujó con suavidad quedando sobre él. Sus manos se deslizaron a los ojos de él, están seguramente más tibias que antes, pero siguen robándole calor. Tapó su visión para que no pueda continuar, porque ésta historia no le gusta a diferencia de la anterior. Quizás porque la protagonista es otra y aunque está cerca, la desconoce ¿Qué sabe de sí misma realmente?
—No quiero saber.
Es una oración que sale suave y con dificultad, porque la angustia golpeó la garganta en un dolor amargo que le tensó incluso la mandíbula. Suspiró con suavidad, volviendo a tomar aire.
—No quiero saber, Owen
Ésta vez habló más fuerte. Es la primera vez que le dice que no a algo de esa manera. Se impidió el conocer, cuando el resto del tiempo pregunta “Qué es” porque sabe que por ahora la respuesta no está aquí, no la tiene ninguno y quizás nunca la encontrará — Estoy bien así, con todo lo que tengo — finalmente lo dejó ir para que el color vuelva a su vida — No vale la pena el saber lo que me falta o lo que podría ser. — acercó su rostro al de Owen y lo besó con suavidad, es un gesto extraño, porque aunque viene del cariño, pareciera pedírselo más que entregarlo como siempre. Separó los labios buscando un calor que conoce, en un gesto que solo es para él, que afirmó que está ahí.
No se ha ido, no es un fantasma o parte de una imagen que no podrá ver. Ahí, pudo sentir el calor y el aroma suave al que se ha acostumbrado.
Cuando finalmente lo dejó ir se preguntó si debería explicar más. Tal vez debería. Pero es difícil, porque es un supuesto, podría estar equivocada ¿Está bien temer a cosas que no sabe si son ciertas? ¿Y si no son más que casualidades? Una jugarreta que ha tardado en descubrir, perdiendo su gracia.
—El no poder ver es suficiente.
Es suficiente hoy, porque una noticia que debería ser dulce, no lo es. Amarga como la peor de las medicinas, por eso no la bebió. No le importó enfermarse más, esconder su malestar repitiendo que está bien, porque por ahora no es necesario sanar, más si tiene compañía para que la cuiden.
—No necesito a gente que no está. — que se ha ido por alguna razón y no volvió — Porque tú estás conmigo ¿No? Y lo estarás, aunque te vayas…
Tomó aire, porque parece difícil decirlo ahora, más pareciera que le pide que se lo afirma una vez más. Por la manera que se afirmó de él, pareciera que no quiere dejarlo ir.
—Aunque nos separemos, vas a volver.
Supo en donde está, porque tiene el aroma de las flores que ha dejado ahí, son trucos que se da a sí misma. Pistas por si las necesita, por lo tanto no preguntó, simplemente escuchó las palabras del pelirrojo, unas que salen con dificultad — ¿No lo es? — porque a las pocas personas que se lo ha mostrado, le han dicho eso. Brillante como una joya preciosa, tanto que lo mejor es esconderla del mundo para que no se la arrebaten.
Negó con suavidad, porque el nombre no suena para nada. No existe rastro de algo así — Me lo dio una monja de allá. — pero no sabe el nombre, como un fantasma se apareció un par de veces y luego desapareció. Dejando el objeto como la única prueba de lo que ocurrió — No sé su nombre, no me lo dijo — no hubo presentación, pero sí conocía su nombre, por lo tanto no hizo nada más que acatar lo que le dice, en un ruego que lo hizo sentir importante.
—No sé quién es esa persona, jamás la oí — una mueca apareció en su rostro, porque no le gusta el no saber. El no poder preguntar, porque a quién lo hará. Apretó los labios quieta, mientras Owen explica la fotografía con detalle, hasta que finalmente parece que está haciendo algo más. Por su tono le pareciera que lee algo, que lo hará si no lo detiene.
No dudó en moverse, avanzando con prisa a donde está. Lo empujó con suavidad quedando sobre él. Sus manos se deslizaron a los ojos de él, están seguramente más tibias que antes, pero siguen robándole calor. Tapó su visión para que no pueda continuar, porque ésta historia no le gusta a diferencia de la anterior. Quizás porque la protagonista es otra y aunque está cerca, la desconoce ¿Qué sabe de sí misma realmente?
—No quiero saber.
Es una oración que sale suave y con dificultad, porque la angustia golpeó la garganta en un dolor amargo que le tensó incluso la mandíbula. Suspiró con suavidad, volviendo a tomar aire.
—No quiero saber, Owen
Ésta vez habló más fuerte. Es la primera vez que le dice que no a algo de esa manera. Se impidió el conocer, cuando el resto del tiempo pregunta “Qué es” porque sabe que por ahora la respuesta no está aquí, no la tiene ninguno y quizás nunca la encontrará — Estoy bien así, con todo lo que tengo — finalmente lo dejó ir para que el color vuelva a su vida — No vale la pena el saber lo que me falta o lo que podría ser. — acercó su rostro al de Owen y lo besó con suavidad, es un gesto extraño, porque aunque viene del cariño, pareciera pedírselo más que entregarlo como siempre. Separó los labios buscando un calor que conoce, en un gesto que solo es para él, que afirmó que está ahí.
No se ha ido, no es un fantasma o parte de una imagen que no podrá ver. Ahí, pudo sentir el calor y el aroma suave al que se ha acostumbrado.
Cuando finalmente lo dejó ir se preguntó si debería explicar más. Tal vez debería. Pero es difícil, porque es un supuesto, podría estar equivocada ¿Está bien temer a cosas que no sabe si son ciertas? ¿Y si no son más que casualidades? Una jugarreta que ha tardado en descubrir, perdiendo su gracia.
—El no poder ver es suficiente.
Es suficiente hoy, porque una noticia que debería ser dulce, no lo es. Amarga como la peor de las medicinas, por eso no la bebió. No le importó enfermarse más, esconder su malestar repitiendo que está bien, porque por ahora no es necesario sanar, más si tiene compañía para que la cuiden.
—No necesito a gente que no está. — que se ha ido por alguna razón y no volvió — Porque tú estás conmigo ¿No? Y lo estarás, aunque te vayas…
Tomó aire, porque parece difícil decirlo ahora, más pareciera que le pide que se lo afirma una vez más. Por la manera que se afirmó de él, pareciera que no quiere dejarlo ir.
—Aunque nos separemos, vas a volver.
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