26-10-2025, 01:27 AM
Se asusta por un momento, pues es tomado por el cuello, pero cuando ella se transforma, en cuestión de un instante ya está usando como montura a su nueva compañera. — Tranquila. Soy lento para moverme, pero rápido para disparar. Los bajaré a todos antes de que puedan emboscarnos. — Y en primera instancia lo consigue. Solo se asegura de apretar con fuerza la figura ajena con las piernas para así no caer, mientras que sus brazos trabajan con maestría en el hermoso arte de disparar. Tal como antes, no apunta a lugares vitales, sino a zonas del cuerpo que los derriba sin que sufran un daño importante para que desarrollen sus vidas al día siguiente.
A pesar de que está haciendo un buen trabajo, se da cuenta de que el objetivo de los marinos de guiarlos a una zona específica está funcionando. — Tonta, no tengas miedo. Si sigues desviándote, iremos justo donde ellos quieren. — Si bien dice esto, en el fondo es consiente de que no hay más alternativa. Por mucha fuerza que tenga, no debe ser fácil mantener la mente fría para ignorar los múltiples disparos que no dejan de llegar. Además, se ha asegurado de que ninguna bala llegue hasta el propio Kiyoshi, lo que es digno de admirar.
— No te preocupes, estos tontos no podrán… — Tarde, pues ya están rodeados. Los uniformados usan un megáfono para exigir que se detengan y se entreguen. Que si no hacen caso, les irá muy mal y les esperarán muchos años en prisión. Por supuesto que el médico no puede darse el lujo de que eso ocurra, por lo que incluso en un momento piensa en rendirse y entregarse. Si explica la situación y entrega un poco de dinero, quizás le dejan ir. Puede que no tenga dinero en este momento consigo, pero si se contactan con su casa, el mayordomo de la familia Maeda podría encargarse de traer la suma pedida.
Cuando ya Kiyoshi está decidido a dar un paso al costado, Maki decide que no es hora de aceptar la derrota, realizando un movimiento brusco que casi hace que Kiyoshi caiga, pero alcanza a sujetarse de donde puede mientras cierra los ojos.
Durante los próximos segundos, no se da cuenta de nada, solo que hay mucho movimiento en el exterior. Separa los párpados cuando ya la lagarto los ha puesto en zona segura y bajado de su espalda, quedando sentado en la tierra, hecho que le molesta. Se levanta y se sacude. Lo normal es que se queje por haberle ensuciado la ropa, pero considerando que los ha sacado de un gran lío, decide omitirlo por esta vez.
— Tu voz… ¿Qué tiene? — La escucha algo rara, diferente en un punto, algo obvio para un médico. — Maeda, Kiyoshi Maeda. Médico. — Se toma un tiempo en guardar su arma, en el bolso que mantenía colgado en su espalda, no sin antes limpiar la misma con artículos de aseo que posee dentro. — No vi qué tanto nos alejaste de ellos, pero seguramente nos persigan. No podemos quedarnos quietos, pero tampoco soy de los que puede correr. Elijamos un camino con mucho árbol para camuflarnos entre las ramas.
Esta vez es el propio Kiyoshi es el que escoge la ruta, sabiendo que deben ir hacia la costa puesto que ella mencionó un barco. — ¿Qué fue eso que dijiste hace rato? ¿Qué de especial tiene un barco para que tu vida haya cambiado tanto? — Dicen que la curiosidad mató al gato, pero desde cierta charla hace muy poco, está muy interesado en el tema. O más bien, su corazón le obliga a mantener vigente esa curiosidad que su cerebro se esfuerza por eliminar.
— La otra noche me habló un pirata cocinero para unirme a él, que necesitaba un médico. Pero dijo que era débil, no puedo estar con personas débiles si yo también lo soy. No tengo la intención de morir a cambio de nada. ¿Por qué un hombre débil formaría una tripulación? ¿Acaso un requisito para ser pirata es ser tonto?
A pesar de que está haciendo un buen trabajo, se da cuenta de que el objetivo de los marinos de guiarlos a una zona específica está funcionando. — Tonta, no tengas miedo. Si sigues desviándote, iremos justo donde ellos quieren. — Si bien dice esto, en el fondo es consiente de que no hay más alternativa. Por mucha fuerza que tenga, no debe ser fácil mantener la mente fría para ignorar los múltiples disparos que no dejan de llegar. Además, se ha asegurado de que ninguna bala llegue hasta el propio Kiyoshi, lo que es digno de admirar.
— No te preocupes, estos tontos no podrán… — Tarde, pues ya están rodeados. Los uniformados usan un megáfono para exigir que se detengan y se entreguen. Que si no hacen caso, les irá muy mal y les esperarán muchos años en prisión. Por supuesto que el médico no puede darse el lujo de que eso ocurra, por lo que incluso en un momento piensa en rendirse y entregarse. Si explica la situación y entrega un poco de dinero, quizás le dejan ir. Puede que no tenga dinero en este momento consigo, pero si se contactan con su casa, el mayordomo de la familia Maeda podría encargarse de traer la suma pedida.
Cuando ya Kiyoshi está decidido a dar un paso al costado, Maki decide que no es hora de aceptar la derrota, realizando un movimiento brusco que casi hace que Kiyoshi caiga, pero alcanza a sujetarse de donde puede mientras cierra los ojos.
Durante los próximos segundos, no se da cuenta de nada, solo que hay mucho movimiento en el exterior. Separa los párpados cuando ya la lagarto los ha puesto en zona segura y bajado de su espalda, quedando sentado en la tierra, hecho que le molesta. Se levanta y se sacude. Lo normal es que se queje por haberle ensuciado la ropa, pero considerando que los ha sacado de un gran lío, decide omitirlo por esta vez.
— Tu voz… ¿Qué tiene? — La escucha algo rara, diferente en un punto, algo obvio para un médico. — Maeda, Kiyoshi Maeda. Médico. — Se toma un tiempo en guardar su arma, en el bolso que mantenía colgado en su espalda, no sin antes limpiar la misma con artículos de aseo que posee dentro. — No vi qué tanto nos alejaste de ellos, pero seguramente nos persigan. No podemos quedarnos quietos, pero tampoco soy de los que puede correr. Elijamos un camino con mucho árbol para camuflarnos entre las ramas.
Esta vez es el propio Kiyoshi es el que escoge la ruta, sabiendo que deben ir hacia la costa puesto que ella mencionó un barco. — ¿Qué fue eso que dijiste hace rato? ¿Qué de especial tiene un barco para que tu vida haya cambiado tanto? — Dicen que la curiosidad mató al gato, pero desde cierta charla hace muy poco, está muy interesado en el tema. O más bien, su corazón le obliga a mantener vigente esa curiosidad que su cerebro se esfuerza por eliminar.
— La otra noche me habló un pirata cocinero para unirme a él, que necesitaba un médico. Pero dijo que era débil, no puedo estar con personas débiles si yo también lo soy. No tengo la intención de morir a cambio de nada. ¿Por qué un hombre débil formaría una tripulación? ¿Acaso un requisito para ser pirata es ser tonto?
![[Imagen: u2oxCl9.png]](https://i.imgur.com/u2oxCl9.png)
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