11-08-2023, 04:07 PM
Nada allí estaba bien, bullicio, escándalo, risas, riñas... ¿Había alguna cualidad desagradable que no tuviera este lugar? Cada vez venía más y más gente, no sabía cómo diablos había conseguido ese tipo con cuernos convencerme para llegar hasta aquí, no había nada positivo, ni si quiera hacía una pizca de aire por ahí, tan solo se respiraba un hedor a humanidad y fritura que recorría todo el barco que se suponía que era este restaurante flotante.
Legim, como creo recordar que se llamaba aquél tipo, había conseguido convencerme para ir con él, no es que me gustase la idea, pero si que tenía algo positivo, y era un medio de transporte donde no tenía que aguantar a más de cuarenta personas hablando sin parar a cada rato, gente intentando conversar conmigo, o que simplemente me miraban mal y murmuraban cosas del estilo de ser muy descortés y poco fiable. Pero no era yo quien estaba molestando a un desconocido que claramente no quería hablar. No estaba tampoco del todo claro que aquello fuese una ventaja, por que como sigamos yendo a muchos sitios como este, donde parece que hay más personas que tablones de madera, no me resulta absolutamente nada beneficioso.
Habíamos llegado aquí navegando tranquilamente, por desgracia tampoco solos, no se si hice mal en confiar en él, la última vez que confié en alguien y le obedecí ciegamente, la perdí, y de esto ya hace más de diez años, ni siquiera tengo la noción exacta de cuanto tiempo ha transcurrido desde entonces, bien podría ser cinco años que veinte. Desde entonces no volví a confiar en nadie, lo que hace preguntarme que hizo que me convenciese para viajar con él, su promesa de viajar a solas fue solamente con la condición de darle un tiempo hasta poder hacernos con un barco propio para nosotros. Pensé que tal vez lo conseguiríamos más rápidamente.
Del recinto no cesaba de entrar y salir gente, estaba comenzando a sentirme algo agobiado después de tanto ver gente, también desesperado pensando que el cuernos se habría marchado y me había dejado ahí tirado. Cuando llegamos le expresé claramente que no quería entrar, o eso pensaba, no creo que esté esperándome ahí dentro, sería un error por su parte pensar que entraré, si me conoce un poco ya sabe que donde haya una gran masa de gente jamás apareceré.
El tiempo pasaba, la gente seguía yendo y viniendo, tal vez fueron cinco minutos, tal vez cinco horas, en esas situaciones la noción del tiempo se me escapa, tan solo necesitaba sentarme y relajarme un momento para calmar mis nervios que comenzaban a sobrepasarme. Nunca había estado con tanta gente, pensaba que ya me había acostumbrado a ello, pero no era así. No me creía lo que estaba a punto de hacer. Observé la entrada, no parecía tan mala idea después de todo, estaba haciendo un calor bastante sofocante, el sol estaba en ascenso y el poco viento que hacía era cálido, demasiado tal vez, probablemente por la cantidad de personas reunidas en un mismo punto.
Reuní fuerzas de flaqueza, me convencía a mí mismo que dentro por lo menos, al no estar al sol, se estaría más fresco, y por lo menos podría ver lo que el tipo cornudo estaba haciendo, dudo que fuera muy complicado de encontrar, no creo que haya tanta gente de su altura en un lugar así. De hecho espero que no esté llamando mucho la atención, de ser así cogería el primer barco que partiese de allí y me marcharía sin pensarmelo dos veces.
Me dirigí hacia la puerta, un hombre, posiblemente un portero, me saludó dándome los buenos días y preguntándome si iba a tomar algo, a comer o simplemente a pasar la travesía con calma. No le contesté, de hecho ni siquiera le miré, tan solo avancé hacia adelante ignorando el llamamiento que me hacía en busca de una respuesta, no quería hablar, no quería comunicarme, señor compréndalo y déjeme en paz.
Al atravesar las puertas pude sentir algo de alivio, tan solo con dejar de sentir el sol en la cabeza era un alivio suficiente para que mereciese la pena, pero además se notaba cierto frescor en comparación con el exterior que resultaba lo suficientemente agradable como para que mereciese la pena haber entrado. Ahora venía lo complicado, ver dónde podía estar Legan e intentar ser capaz de llegar hasta él.
Comencé a recorrer con la mirada el local, había todo tipo de gente por allí, había algún grupo bastante escándaloso, por las pintas podría ser presuntamente algún grupo de piratas, lo cual chocaba bastante con otro grupo uniformado que estaba casi al otro extremo del local, tenía entendido que cuando un marine se topaba con algún pirata debían tratar de arrestarlos. No me gustaba eso, quería marcharme de allí cuanto antes, no quería verme envuelto en medio de una trifulca entre piratas y marines.
También había una mesa donde había una mujer del mar acompañada por un extraño hombre con pinta de pocos amigos. No le podía culpar por ello, yo tampoco tenía, y lo cierto es que tampoco deseaba tenerlos, no obstante me llamó bastante la atención, juraría que era la primera vez que veía un miembro de la raza de los gyojin a solas, generalmente siempre iban en grupos de más de dos o tres, como poco era llamativo e interesante, pero no le di mayor importancia, y aunque hubiera querido algo volvió a llamar la atención de una forma bastante escandalosa.
Los piratas ubicados a uno de los fondos, estaban cantando canciones bastante estridentes y con cierto tono despectivo hacia el grupo de marines ubicados al otro lado, deseé que no se percataran o que por lo menos no lo tuvieran en consideración por parte de aquellos tipos. Fue entonces cuando le vi, sus cuernos sobresalían por encima de su cabeza y, aunque estaba de espaldas, dudaba que hubiera alguien más con esas características y, sobre todo, esa altura. Me dirigí hacia la mesa, de la cual se alejaba una mesera, pero no había atendido a Legan, sino a otra persona que estaba sentada con él.
Maldije en mi interior, esperaba que no estuviera tratando de hacerse con más amigos como hizo conmigo, eso no entraba en mis planes, y menos con tipos que no parecen ser nada. Me fijé en aquél y de primeras sentí el impulso de darme la vuelta y marcharme, pero tenía que ir con Legan y asegurarme de que nuestro trato seguía en pie. Ese tipo vestía con ropas muy elegantes, el tipo de gente que siempre más me ha repudiado en las ciudades, el tipo de gente que solamente te mira por encima del hombro creyéndose superiores, nada me daba más pereza que tener que tratar con una persona como esa. Tal vez si me mostraba arisco con él, o sencillamente como soy, se lo pensara dos veces ante cualquier tipo de propuesta que le hubiera hecho el cornudo.
Me aproximé hacia allí decidido, con el semblante serio, esperando que ese tipo ni siquiera me dirigiese la palabra al acercarme, ya era bastante hablar con Legan como para tener que ignorar al señor traje.
-¿Qué coño es eso? -Refiriéndome claramente a la persona frente a Legan.- ¿Ahora adoptas pijos también?
Me senté al lado de Legan, ni siquiera le dirigí la mirada al otro tipejo, no tardó en venir la misma chica de antes, señalé la bebida que tenía Legan, dándole a entender que me trajese lo mismo, no sabía exactamente que era, pero con tomar algo ya me daba por satisfecho.
-No me gusta las pintas de esos piratas. Claramente están buscando bronca con los marines, no quiero estar en medio.
Legim, como creo recordar que se llamaba aquél tipo, había conseguido convencerme para ir con él, no es que me gustase la idea, pero si que tenía algo positivo, y era un medio de transporte donde no tenía que aguantar a más de cuarenta personas hablando sin parar a cada rato, gente intentando conversar conmigo, o que simplemente me miraban mal y murmuraban cosas del estilo de ser muy descortés y poco fiable. Pero no era yo quien estaba molestando a un desconocido que claramente no quería hablar. No estaba tampoco del todo claro que aquello fuese una ventaja, por que como sigamos yendo a muchos sitios como este, donde parece que hay más personas que tablones de madera, no me resulta absolutamente nada beneficioso.
Habíamos llegado aquí navegando tranquilamente, por desgracia tampoco solos, no se si hice mal en confiar en él, la última vez que confié en alguien y le obedecí ciegamente, la perdí, y de esto ya hace más de diez años, ni siquiera tengo la noción exacta de cuanto tiempo ha transcurrido desde entonces, bien podría ser cinco años que veinte. Desde entonces no volví a confiar en nadie, lo que hace preguntarme que hizo que me convenciese para viajar con él, su promesa de viajar a solas fue solamente con la condición de darle un tiempo hasta poder hacernos con un barco propio para nosotros. Pensé que tal vez lo conseguiríamos más rápidamente.
Del recinto no cesaba de entrar y salir gente, estaba comenzando a sentirme algo agobiado después de tanto ver gente, también desesperado pensando que el cuernos se habría marchado y me había dejado ahí tirado. Cuando llegamos le expresé claramente que no quería entrar, o eso pensaba, no creo que esté esperándome ahí dentro, sería un error por su parte pensar que entraré, si me conoce un poco ya sabe que donde haya una gran masa de gente jamás apareceré.
El tiempo pasaba, la gente seguía yendo y viniendo, tal vez fueron cinco minutos, tal vez cinco horas, en esas situaciones la noción del tiempo se me escapa, tan solo necesitaba sentarme y relajarme un momento para calmar mis nervios que comenzaban a sobrepasarme. Nunca había estado con tanta gente, pensaba que ya me había acostumbrado a ello, pero no era así. No me creía lo que estaba a punto de hacer. Observé la entrada, no parecía tan mala idea después de todo, estaba haciendo un calor bastante sofocante, el sol estaba en ascenso y el poco viento que hacía era cálido, demasiado tal vez, probablemente por la cantidad de personas reunidas en un mismo punto.
Reuní fuerzas de flaqueza, me convencía a mí mismo que dentro por lo menos, al no estar al sol, se estaría más fresco, y por lo menos podría ver lo que el tipo cornudo estaba haciendo, dudo que fuera muy complicado de encontrar, no creo que haya tanta gente de su altura en un lugar así. De hecho espero que no esté llamando mucho la atención, de ser así cogería el primer barco que partiese de allí y me marcharía sin pensarmelo dos veces.
Me dirigí hacia la puerta, un hombre, posiblemente un portero, me saludó dándome los buenos días y preguntándome si iba a tomar algo, a comer o simplemente a pasar la travesía con calma. No le contesté, de hecho ni siquiera le miré, tan solo avancé hacia adelante ignorando el llamamiento que me hacía en busca de una respuesta, no quería hablar, no quería comunicarme, señor compréndalo y déjeme en paz.
Al atravesar las puertas pude sentir algo de alivio, tan solo con dejar de sentir el sol en la cabeza era un alivio suficiente para que mereciese la pena, pero además se notaba cierto frescor en comparación con el exterior que resultaba lo suficientemente agradable como para que mereciese la pena haber entrado. Ahora venía lo complicado, ver dónde podía estar Legan e intentar ser capaz de llegar hasta él.
Comencé a recorrer con la mirada el local, había todo tipo de gente por allí, había algún grupo bastante escándaloso, por las pintas podría ser presuntamente algún grupo de piratas, lo cual chocaba bastante con otro grupo uniformado que estaba casi al otro extremo del local, tenía entendido que cuando un marine se topaba con algún pirata debían tratar de arrestarlos. No me gustaba eso, quería marcharme de allí cuanto antes, no quería verme envuelto en medio de una trifulca entre piratas y marines.
También había una mesa donde había una mujer del mar acompañada por un extraño hombre con pinta de pocos amigos. No le podía culpar por ello, yo tampoco tenía, y lo cierto es que tampoco deseaba tenerlos, no obstante me llamó bastante la atención, juraría que era la primera vez que veía un miembro de la raza de los gyojin a solas, generalmente siempre iban en grupos de más de dos o tres, como poco era llamativo e interesante, pero no le di mayor importancia, y aunque hubiera querido algo volvió a llamar la atención de una forma bastante escandalosa.
Los piratas ubicados a uno de los fondos, estaban cantando canciones bastante estridentes y con cierto tono despectivo hacia el grupo de marines ubicados al otro lado, deseé que no se percataran o que por lo menos no lo tuvieran en consideración por parte de aquellos tipos. Fue entonces cuando le vi, sus cuernos sobresalían por encima de su cabeza y, aunque estaba de espaldas, dudaba que hubiera alguien más con esas características y, sobre todo, esa altura. Me dirigí hacia la mesa, de la cual se alejaba una mesera, pero no había atendido a Legan, sino a otra persona que estaba sentada con él.
Maldije en mi interior, esperaba que no estuviera tratando de hacerse con más amigos como hizo conmigo, eso no entraba en mis planes, y menos con tipos que no parecen ser nada. Me fijé en aquél y de primeras sentí el impulso de darme la vuelta y marcharme, pero tenía que ir con Legan y asegurarme de que nuestro trato seguía en pie. Ese tipo vestía con ropas muy elegantes, el tipo de gente que siempre más me ha repudiado en las ciudades, el tipo de gente que solamente te mira por encima del hombro creyéndose superiores, nada me daba más pereza que tener que tratar con una persona como esa. Tal vez si me mostraba arisco con él, o sencillamente como soy, se lo pensara dos veces ante cualquier tipo de propuesta que le hubiera hecho el cornudo.
Me aproximé hacia allí decidido, con el semblante serio, esperando que ese tipo ni siquiera me dirigiese la palabra al acercarme, ya era bastante hablar con Legan como para tener que ignorar al señor traje.
-¿Qué coño es eso? -Refiriéndome claramente a la persona frente a Legan.- ¿Ahora adoptas pijos también?
Me senté al lado de Legan, ni siquiera le dirigí la mirada al otro tipejo, no tardó en venir la misma chica de antes, señalé la bebida que tenía Legan, dándole a entender que me trajese lo mismo, no sabía exactamente que era, pero con tomar algo ya me daba por satisfecho.
-No me gusta las pintas de esos piratas. Claramente están buscando bronca con los marines, no quiero estar en medio.
