La furia fraguaba los pensamientos más deliciosos de la conciencia de un guerrero. La batalla, la guerra, la sangre y el sufrimiento eran el motivo de la vida de los primordiales, los Oni. Nosotros, su evolución, los Grandes Onis no sólo estábamos destinados a la guerra, si no que estábamos destinados a la destrucción absoluta y aplastante de todos nuestros enemigos. Aplastar aquellos insectos no era algo que pudiera hacer, era algo que debía hacer. Mi código moral de guerrero, de criatura superior y de bestia natural, me obligaba a imponer mi superioridad física. Y este grupito de patéticos enclenques no eran siquiera una fuerza suficiente ni aunque colaborasen todos juntos. Un grupo variopinto, desorganizado y inconexo. Un semioni ahogándose en el mar, un oso, un hombre cuervo, una mujer salmón y un hombre jirafa. Bestias, animales, supuestos depredadores jugando a predar a un apex... el mundo había perdido la razón y el rumbo. Negué con la cabeza ligeramente mientras mi corazón no paraba de latir al ritmo de la destrucción, y mi respiración se volvía cada vez más como la de un animal herido. Pero al igual que no había honor en la derrota, no había victoria en esquivar la ofensiva del rival. Si él era más fuerte que tú, no podías vencer por esquivar su fuerza. El mundo no funcionaba así. Sólo los fuertes, quienes son capaces de asumir la fuerza de otros y seguir en pie, eran los dignos de seguir caminando. Y yo era el rey de las bestias.
El hombre jirafa encajó bien el golpe en la cara, un adversario que me hizo arquear ambas cejas con gran asombro — ¿Podría ser...? — dudé por un segundo — ¡Sigue en pie! — me sorprendí, al ver que mi impacto había sido asimilado y soportado con entereza — ¿Un humano puede soportar mi poder? — me preguntaba retóricamente viendo aquella enorme figura aguantando el impacto de mi gigantesco puño... No, no podía ser cierto. ¿Habría encontrado el muro contra el que cargar con todo, sin miedo a perder la oportunidad de disfrutar plenamente una batalla?. No tenía tiempo para pensarlo, pues el guerrero jirafil se lanzó contra mi sin miedo ni dudas ¡eso era lo que quería!. Sonreí mientras el tiempo pasaba a cámara lenta para mi. Él se acercaba dispuesto a preparar un golpe hacia mi vientre... el resto... me daba igual lo que estuviera haciendo el resto. Cargué mi puño desde la parte alta del hombro y para cuando el efecto de cámara lenta abandonó mi subconsciente, comencé a propinar una serie de puñetazos rápidos y encadenados uno detrás de otro en dirección al hombre jirafa, chocando el primer impacto contra la palma de su mano y repartiendo el resto por el resto de su superficie, sin miedo a contener mi poder. Sin miedo a matarlo y arrepentirme. Con la esperanza de que aguantase esto... mi ataque más poderoso.
Para cuando finalicé, golpeé con los dos puños sobre la plataforma sonriendo — Yo soy Karak, baluarte de la destrucción, protector de Colishea, Big Red, El Quiebratempestades... — le dije al tío jirafa — Dime tu nombre antes de que acabe contigo, bestia — le exigí al usuario de akuma no mi, esperando que tuviera al menos el honor de concederme saber el nombre del hombre que revivió un poco la llama de la batalla de mi corazón, antes de desplomarse muerto por el daño que había recibido con mi Star Platinum... El resto caerían después, pero la emoción no sería la misma.
El hombre jirafa encajó bien el golpe en la cara, un adversario que me hizo arquear ambas cejas con gran asombro — ¿Podría ser...? — dudé por un segundo — ¡Sigue en pie! — me sorprendí, al ver que mi impacto había sido asimilado y soportado con entereza — ¿Un humano puede soportar mi poder? — me preguntaba retóricamente viendo aquella enorme figura aguantando el impacto de mi gigantesco puño... No, no podía ser cierto. ¿Habría encontrado el muro contra el que cargar con todo, sin miedo a perder la oportunidad de disfrutar plenamente una batalla?. No tenía tiempo para pensarlo, pues el guerrero jirafil se lanzó contra mi sin miedo ni dudas ¡eso era lo que quería!. Sonreí mientras el tiempo pasaba a cámara lenta para mi. Él se acercaba dispuesto a preparar un golpe hacia mi vientre... el resto... me daba igual lo que estuviera haciendo el resto. Cargué mi puño desde la parte alta del hombro y para cuando el efecto de cámara lenta abandonó mi subconsciente, comencé a propinar una serie de puñetazos rápidos y encadenados uno detrás de otro en dirección al hombre jirafa, chocando el primer impacto contra la palma de su mano y repartiendo el resto por el resto de su superficie, sin miedo a contener mi poder. Sin miedo a matarlo y arrepentirme. Con la esperanza de que aguantase esto... mi ataque más poderoso.
— ¡ ¡ S T A R P L A T I N U M ! ! —
El bramido mientras mis brazos se movían a toda velocidad, generando la ilusión de haber varios de estos golpeando a un único objetivo... el sonido de los puños chocando, de los golpes encajandose, de los cuerpos de dos artistas marciales compartiendo la sabiduría y la trayectoria de su arte mortal de combate. El sonido de todo mi poder abriéndose paso en un oponente aparentemente digno buscando quebrar sus huesos y su espíritu... Una pena haber perdido las cadenas de los brazos que le daban un brillo plateado a mi aluvión de ataques y brindaba sentido al nombre que decidí brindarle a mi demostración máxima de fuerza... — ¡UGA UGA UGA UGA UGA UGA UGA UGA UGA UGA! — gritaba poseído por la furia con cada golpe que lanzaba, como una ecolalia infundida que pareciera no terminar jamás.Para cuando finalicé, golpeé con los dos puños sobre la plataforma sonriendo — Yo soy Karak, baluarte de la destrucción, protector de Colishea, Big Red, El Quiebratempestades... — le dije al tío jirafa — Dime tu nombre antes de que acabe contigo, bestia — le exigí al usuario de akuma no mi, esperando que tuviera al menos el honor de concederme saber el nombre del hombre que revivió un poco la llama de la batalla de mi corazón, antes de desplomarse muerto por el daño que había recibido con mi Star Platinum... El resto caerían después, pero la emoción no sería la misma.
Resumen del turno
Info Bélica
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