08-10-2023, 01:05 PM
La estrategia estaba en marcha y sólo el destino y la suerte podrán dictaminar si esta era o no efectiva. Desde luego, era lo único que entraba en las capacidades y habilidades de Enma en ese momento, por lo que deseaba con todas sus fuerzas que ese último esfuerzo le diera una apertura, por muy pequeña que fuese, para poder abandonar esa plataforma de inmediato. La reacción de Bepso ante la estrategia fue la esperada: una completa y rotunda honestidad que transmitía con una serie de palabras calmas, aludiendo a un posible 'motín' que se podría estar originando en el barco. De hecho, tal y como lo había planteado, podría incluso parecer que era, de facto, el momento más idóneo para realizar una acción como esta, pues el wotan no se encontraba en el barco y podrían escapar sin que este se lo impidiera. Bepso, aún sin quererlo, podría ser un genio. No había duda. Pero ahora sólo quedaba que el wotan creyese que eso estaba sucediendo. Si no fuese así, Enma había pensado en otros posibles diálogos, pero ya más personalizados y referidos a su capitán, porque si algo había quedado claro es que él no lo era. ¿Por qué? Principalmente por tres motivos: el primero, es que existe un barco principal con una bandera de grandes dimensiones; el segundo, es que durante el inicio les ordenó ir con él hacia "el barco", pero no "su barco"; y, en tercer y último lugar, él se define como un engranaje más, pero no como la maquinaria. Un capitán tan colérico como es él, sin duda, se vería como la propia maquinaria, como quien mueve el mundo. Pero el wotan no parecía tener el liderazgo intelectual suficiente para eso. Era mucho más visceral y seguramente un acatador de órdenes, a su manera. Entonces, si esto no funcionaba, quizá que su capitán estuviera “muerto" podría hacerlo. Habría que intentarlo.
Pero la estrategia funcionó, o eso parecía. Las voces de las ‘ratas’, los estruendos y el caos que generaron llegaron a los oídos del wotan, que se alertó y adoptó una posición mucho más defensiva de lo normal. Más que defensa, quizá eran nervios o intranquilidad lo que se podía percibir, al intuirse leves intentos por lanzarse al mar y ver qué estaba sucediendo con sus propios ojos. Pero algo, o más bien alguien, captó su atención. Su nombre era "O'Dile" y le había dicho que fuera a echar un vistazo al barco por si algo estaba sucediendo, lo que impidió que el wotan se moviera y abandonara la plataforma como Enma había planeado. Así que el plan, en cierta manera... había fallado. Había fallado hasta tal punto que la situación generada, enfatizada y magnificada todavía más por la perezosa verborrea de Enma, hizo que el wotan le atacara sin dudarlo ni un segundo, después de haber pronunciado unas palabras un tanto ofensivas hacia el pelirrojo. Y así, una simple gota de agua cruzó la plataforma a una velocidad incesante y, como si de una bala se tratase, atravesó el muslo izquierdo de Enma, quien no pudo más que esbozar un gemido de dolor. – ¡Aaaaaah...! – Exclamó mientras la parte superior de su cuerpo caía sobre la plataforma de madera en la que estaba sentado. Utilizó ambas manos para ejercer presión sobre la reciente herida, que dolía como si le hubieran arrancado la pierna de cuajo, y mordió parte de su camiseta, mientras decía... – Esto no hay... tirita que lo cure... – Aunque el plan había funcionado, tenía que continuar para que surtiera efecto, por muy difícil que fuese. Pero ese golpe había afectado no sólo físicamente a Enma, como era evidente, sino también de forma psicológica. Poco a poco, su mente comenzaba a nublarse debido al incesante y punzante dolor que la herida le estaba provocando, generando un efecto de desorientación que le dificultaba centrarse en la situación en la que se encontraba. De pronto, recuerdos de su infancia volvieron a su mente, como si estuviesen sucediendo otra vez: los piratas robándole, los marines agrediéndole y su padre sometiéndole, haciendo uso de la fuerza y las agresiones verbales. Todo parecía volver, como si estuviese recordando todo el dolor, físico y psicológico, que su cuerpo tuvo que soportar a lo largo de su vida. – No... puede ser... Duele... – Murmuraba, mientras se retorcía de dolor. Levantó una de sus manos, la derecha, para dirigirla a la boca. – Me había rendido... – Gimió levemente. Tose un poco de sangre, que cae lentamente desde la boca hasta el cuello. – Y ahora no valdré... ni como esclavo... – Metió el puño en la boca para después morderlo y, a través del dolor, poder mantener la conciencia. Con su mano izquierda, dejo caer un poco de hollín sobre la herida, en un intento por crear un tapón que pudiese cortar la hemorragia que había provocada la herida. Tras esto, dirigió este mismo brazo hacia atrás, estirándolo de forma que su mano se posicionaría detrás de la cabeza del lunarian. ¿Por qué? En medio de aquella situación y con su racionalidad completamente mermada por el golpe, a Enma se le ocurrió que podría hacer uso de la luz que portaba el lunarian a su espalda… por muy suicida que pudiese resultar esta idea. Pero él tenía claro que tenía que darlo todo si quería sobrevivir en este nuevo mundo, aunque su desenlace en esta plataforma parecía indicar que quizá nunca llegaría a pisar el nuevo mundo.
Salir de ahí no iba a ser fácil, pero había que intentarlo de alguna manera. Las posibilidades eran pocas, pero Enma nunca se había planteado una situación con cero alternativas. En toda su vida. Siempre hay camino si se quiere andar. De alguna manera, reunió fuerzas para restaurar los restos de hollín que había desechado en el barco para crear una rata de mayor tamaño que las anteriores, pues era mucho más fácil concentrarse en un sólo objetivo en el estado en el que se encontraba que, de repente, hacer tres creaciones y controlarlas a todas ellas como si su mente estuviese en un estado de lucidez. Sin esperar ni un segundo más, y después de que el wotan hubiera ordenado a un compañero consultar la situación, la creación de Enma volvió a gritar. – ¡¡¡Que se están escapando todos!!! – Hizo un parón. – ¡¡¡Han matado a compañeros de otras plataformas!!! – Tenía sentido. Había varias plataformas y Enma había comprobado, a través de los cuervos enviados de forma previa a esta situación, que había batallas en marcha. – ¡¡¡Muere el capitán...!!! – Sentenció, para después volver a convertirse en hollín. Los cuervos que rodeaban las piernas del wotan también se desvanecieron, cayendo los restos sobre los pies del enemigo y los alrededores de éstos. Tenía que mantener las pocas fuerzas que le quedaban por lo que pudiera pasar.
Tras todo esto, pareció descansar. Soltó una serie de gemidos, alternados con bostezos y profundos suspiros, mientras divaga en su mente sobre posibles escenarios. – Entonces… puedo prenderle fuego al lunarian… y dejar que todo esto arda… – Pensaba para sí mismo. Mientras en la realidad se había desatado un aparente caos sonoro en el barco del wotan, en la cabeza de Enma la situación era incluso más caótica: había fuego, mucho fuego, que incineraba los cuerpos de las personas que se encontraban sobre esa plataforma. En cierta manera, era un final que podría esperar, pues en estos últimos momentos sólo sentía rabia por no haber podido hacer nada más en esa situación. Nada más que una técnica de despiste y engaño, con nula capacidad ofensiva. Pero también le daba rabia que las personas con las que había topado no tuviesen un carácter, como decirlo… ¿más empoderado? Enma había ido a parar con un pacifista y un colérico. Aunque al primero pudo utilizarlo para explotar su bondad… al segundo todavía no. ¿Quizá el siguiente paso era… incendiarlo y darle utilidad? Enma estaba teniendo pesadillas mientras intentaba mantenerse despierto, apretando su puño derecho con los dientes y ocasionando alguna que otra herida en su mano. – Por favor... – Pronunció en medio de aquel incendio soñado, mientras una banda de cuervos escapaban del lugar entre graznidos.
Aclaraciones
Akuma no mi
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