10-10-2023, 01:30 PM
¿Había funcionado la estrategia? Enma seguía vivo, así que todo parecía apuntar a que sí, que había sido un éxito… en cierta manera. Durante el caos desatado en el barco, gracias a su poder, que todavía no manejaba muy bien, pero reconocía su utilidad para la infiltración y el espionaje, Enma aprovechó sus conocimientos médicos para poder realizar un torniquete adecuado y eficaz en la herida que le había provocado el wotan, pues sino terminaría por desangrarse en cuestión de minutos. Aunque sus conocimientos no eran excesivamente extensos, sí eran lo suficientemente avanzados para poder emplear el poder de su fruta y ejercer una presión considerable para parar la hemorragia y, de esta manera, pese a no calmar y parar el dolor, evitar una muerte próxima, tormentosa y dolorosa. El hollín que empleó Enma para esto no sólo cubrió la totalidad de la herida, sino que, a fin de poder garantizar una movilidad adecuada, aprovechó para crear una gruesa capa alrededor de su pierna izquierda y así también evitar posibles infecciones o golpes externos en una herida tan crítica y reciente. Todo esto, entre quejidos y gemidos debido al intenso dolor que aquel golpe le estaba ocasionando. Pero si algo había quedado claro de todo esto no eran sus conocimientos, sino lo mucho que le queda –todavía– por aprender, para poder ser más rápido y ágil en situaciones como éstas. Mas, volviendo al tema central, la estrategia había funcionado. El wotan focalizó su atención en lo que estaba sucediendo en el barco, debido a que su compañero –O’Dile– parecía haberlo ignorado por completo, por lo que tomó la iniciativa él mismo y dirigió sus pasos hacia el barco, no sin antes proliferar una serie de palabras ofensivas hacia las personas allí presentes, es decir, el lunarian, el tontatta y el humano, Enma. Esto había generado una cierta sensación de alivio en el pelirrojo, pues que el wotan abandonara aquella plataforma significaba que no habría que incendiar ningún cuerpo ni lamentar ninguna muerte, más allá de las heridas que se habían ocasionado por una ausencia total de estrategia y por arrebatos coléricos espontáneos. Enma quería aprovechar el momento en el que el enemigo se girase para acceder al barco y emplear el hollín que había esparcido sobre la espalda del joven lunarian para crear una bandada de cuervos que lo pudieran elevar, tanto a él como a Bepso, y escapar de aquella plataforma. Pero esto… no fue necesario, aparentemente.
La lucidez de Enma todavía estaba mermada por el golpe por lo que no supo cómo reaccionar, en un primer momento a lo que estaba sucediendo y a lo que minutos después sucedería. Un gran destello cegó la visión del pelirrojo, sin este saber si eso había sido provocado por algo externo o era fruto de su propia agonía. El sonido que acompañó esta luz le dio más claridad a la situación, pues, después de un breve pitido, más grave que aguado, el cuerpo del wotan cayó desplomado en la plataforma, generando una serie de turbulencias que provocaron más dolor en la herida del pelirrojo. – Ouch… – Exclamó, mientras intentaba mantenerse en equilibrio. – ¿Qué está… pasando…? – Murmuró, en un completo estado de shock y sorpresa, tras ver cómo el cuerpo del wotan caía sin ningún motivo aparente. Enma se incorporó, levemente, y pudo ver cómo alguien… o algo, había disparado una especie de proyectil o láser, pues su trayectoria había quedado marcada en la plataforma por completo. – No sé si esto va a mejorar… o empeorar… – Pensó para sí mismo, mientras continuaba mirando atónito aquella situación. Después de haber presenciado la facilidad con la que había caído un enemigo al que no habían podido ni rozar, Enma no pudo más que sentir una sensación de desasosiego y temor por lo que pudiera estar a punto de pasar. ¿Era aquella persona… o aquello… amigo o enemigo? Enma todavía no poderlo bien, pero pronto lo haría. Quizá en otro momento, el pelirrojo podría haber sido capaz de descifrar la situación o hacer un análisis más exacto, pero los efectos de la herida todavía estaban mermando su capacidad de raciocinio, lo que hacía mucho más difícil sacar hipótesis o conclusiones fiables.
Lo que apareció ante las personas presentes comenzó a preguntar una serie de nombres que probablemente fuesen miembros de la banda a la que pertenecía Glotz. Así parecía llamarse aquel wotan, que ahora descansaba ‘en paz’ después de los tormentos que les había hecho pasar. Al final, la terapia psicológica no funcionó, pero sí la láser… Humor al margen, tras aquella batería de preguntas sobre el paradero de las personas de la tripulación enemigo, las plataformas comenzaron a moverse y reorganizarse, juntándose todas frente a aquel ente extraño. En estos momentos, Enma puso ambas manos en la plataforma, creando una especie de garras de hollín desde sus manos que pudiesen sujetarle sin zarandearle en exceso, pues era contraproducente para el estado en el que se encontraba. Lo mismo hizo con el lunarian, aunque de forma menos cuidadosa debido a la situación, creando una especie de cinturón alrededor de su espalda gracias al hollín que había esparcido previamente. – Espero… que no te haga demasiado daño… – Murmuró, aunque sabía que no lo podría escuchar. Y, como un puzle, las plataformas comenzaron a encajar la una con la otra, uniéndose en una todavía más grande y teniendo a aquel ente extraño de frente, sobrevolando el mar.
Por unos segundos, Enma pensó en aprovechar la situación de ‘unión’ de las plataformas para buscar a sus compañeros haciendo uso de su poder, pero temía que aquel ser pudiera entender esto como una amenaza, por lo que se mantuvo en el suelo, tumbado, en la misma posición, sin responder a ninguna de las preguntas que hizo, nada más que para decir… – En nuestra plataforma… sólo estaba Glotz… – Tosió. – Y afortunadamente… has acabado con él… Desconocemos al resto… de personas… – Pronunció, de forma definitiva, para deshacer las garras y cinturón de hollín que había creado para que ni él ni el lunarian se moviesen de forma brusca debido a las heridas que portaban.
Sus compañeros, la revolución, seguro que estaba en aquella plataforma. Seguro que el resto no había sufrido ninguna herida, lo que, en cierta manera, provocó un sentimiento de tristeza en Enma. En estos momentos de escasa lucidez, su mente no dejaba de plantear escenarios sobre su debilidad y falta de fuerza para este nuevo mundo, creando una emoción de desánimo y replanteando los objetivos vitales del pelirrojo. Con suerte… esta sensación sería sólo pasajera y fruto de su estado de desorientación. Con suerte…
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