[Pasado] El Bar que se mece en el océano
#8
Tras una conversación de una u otra manera agradable, entró un muchacho algo más alto que yo a la sala, intentando evitar las miradas y con un semblante serio y mirada cansada, claramente fuera de lugar.
El tipo, desarreglado y con ropajes oscuros y algo ajados por el uso, llevaba una barba de un par de días que empezaba a estar fuera de control, y sus ojos claramente intentaban eludir todo tipo de atención con la mirada un poco gacha.

- “¿Qué coño es eso? ¿Ahora adoptas pijos también?"- pronunció de forma clara, en un momento de hiatus entre el bullicio del salón, provocando un silencio incómodo durante unos segundos y posteriormente mirando a Legan y sentándose a su lado.

No pude evitar reírme, ¡El caballero los tenía bien puestos!

-“No me gusta las pintas de esos piratas. Claramente están buscando bronca con los marines, no quiero estar en medio”- completó el extraño.

- “Supongo que el señor Legan ha debido de cansarse de los piojos, y por eso ha entrado en este local donde la gente es un poco más higiénica ¿No?”- pronuncié mordazmente mientras inclinaba la cabeza ligeramente y levantaba la mano izquierda y la giraba tendiendo el dedo índice hacia arriba, señalando al grupo de zarrapastrosos piratas.

Esa persona no había comenzado bien conmigo, pero esa aura de seguridad contrastaba bastante con la elusividad que practicaba. Tenía interés y quería conocer algo más de él.
Al fin y al cabo, una persona segura es una persona menos que camina en el rebaño.

- “Al menos le echas cierto valor… pero estoy dispuesto a hacer una excepción olvidar el número del pijo”- continué, mirando a Legan y posteriormente bajando la mano que antes había señalado al grupo para realizar con ella un saludo simple en forma de gesto – “Solo les están provocando, claramente ese grupo de novatos nada más quiere engrosar su recompensa. Muchos creen que eso es indicativo de altas cualidades cuando en el fondo solo te pone una diana en la cabeza de mayor tamaño”.

La mesera entonces regresó con un pequeño plato lleno de rodajas de frutas a cada cual más extraña que contrastaban con una salsa rojiza intensa de aspecto intrigante. También lo acompañó de un té de tono castaño intenso, que sin embargo contaba con tres hielos.

- “Si vas a obtener una recompensa a tu cabeza, que al menos sea por algo grande… No se… Reclama una isla bajo tu nombre, conviértete en un problema para los que tienen el poder y róbaselo… Factores que realmente cambien el status quo”- sentencié tras tomarme una ligera pausa para dar un sorbo a mi té negro helado y finalizando para probar un trozo de algo parecido a mango, y lo mojaba en una salsa rojiza que le aportaba picor. Esto contrastaba con el dulzor natural de la pieza y reforzaba su sabor.

De pronto, un ser salido de la mente de un enfermo, compuesto por un torso rocoso una cresta rosácea que contrastaba con unos largos ojos y una fila de dientes, rematada por unas extremidades inferiores que recordaban a un cefalópodo entró con toda la falta de respeto y sin invitación y dio un discurso sobre su vida que ni siquiera me molesté en escuchar entero.
Me adelanté en cuanto terminó de hablar, henchido de furia contenida.

-“Buenos días extraño proyecto de pulpo visto desde la perspectiva de un oligofrénico, No te he preguntado tu nombre, pero a juzgar por lo que eres solo viene a mi mente una pregunta y esa es acerca de cuánto algodón puedes recoger con tus ocho protuberancias a las que probablemente definas tentáculos” - me levanté de la mesa y me puse de frente hacia él. Era más alto de lo que parecía, pero la curvatura de sus extremidades inferiores sobre las que se sostenía lo hacían parecer más bajo. –“Ahora deja de escupir esa mierda por ese orificio que entiendo que llamas boca y busca esa tinta en cualquiera de los demás que pueblan tu caricaturizado cuerpo, pero lejos de aquí” – finalicé, manteniendo un duelo de miradas que dejaba ver un ímpetu conquistador, pero también la frialdad de un témpano y un dominio de la situación casi pérfido que rompía ligeramente con mi porte ocioso y desapasionado.

De manera refleja, mi mano izquierda se posó sobre el mango de mi látigo recogido en lazo, en posición de descanso pero al mismo tiempo de guardia.
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RE: [Pasado] El Bar que se mece en el océano - por Terence Blackmore - 11-08-2023, 07:45 PM

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