11-10-2023, 08:23 PM
[personajeinvalido=315]
Situación
La cabeza de Enma no paraba de dar vueltas. En ella, miles de escenarios comenzaron a conformarse uno tras otro, dejando un gran número de interrogantes sin resolver. ¿Por qué había aparecido aquello? ¿Por qué habría reagrupado las plataformas hasta el punto de juntarlas? Acaso su plan era... ¿masacrar a todas aquellas personas? Considerando la confrontación con Glotz, el wotan enemigo, y su desenlace, en el que Enma no tuvo nada que ver debido a su falta de fuerza –aunque no determinación–, esta batalla estaba perdida desde el momento en el que en tan sólo una cuestión de segundos, aquello había conseguido deshacerse de dos miembros de la banda. Varios escalofríos recorrieron el cuerpo de Enma al pensar en posibles desenlaces, pero no era el momento para echarse atrás. No ahora, que estaban todos reunidos una vez más, aunque todavía no fuesen conscientes de ello. Con su pierna izquierda recubierta de hollín, se incorporó para levantarse y poder observar todo lo que estaba sucediendo desde una perspectiva más adecuada y que le proporcionara mayor información. Desde luego, el tener la pierna cubierta con su poder era de gran ayuda, pues aliviaba el peso de la misma y ejercía presión para cortar la hemorragia. Al final... el hollín era útil y no dependía de su fuerza, sino del control de su poder, que estaba más desarrollado que sus músculos.
Al incorporarse, vio cómo Bepso abandonaba corriendo el grupo. A pesar del poco tiempo que habían permanecido juntos en aquella plataforma, este acto no le sorprendió, pues debido a su naturaleza tímida y quizá infantil, lo más normal era reunirse con aquellas personas que le generaban un entorno de seguridad y tranquilidad. Con Kuraku, el tema cambiaba. Él continuaba con la conciencia afectada por lo que moverse no era una opción, pero por lo de ahora tampoco nadie se había acercado. – ¿No tienes a nadie... por aquí? – Le preguntó mientras colocaba su mano sobre el cuello, generando una fina capa de hollín que le pudiese servir de soporte y ayuda ante la fractura de su cabeza. – Yo... me voy a reunir con mi grupo... – Murmuró, ya incorporado, mientras se despedía del joven lunarian, esperando que alguien pudiese reunirse con él. En el fondo, aunque su estrategia no le hubiese gustado, le había caído en gracia por su determinación, así que si nadie lo ‘reclamaba’... podría convertirse en un revolucionario. Al levantar la mirada, vio a lo lejos, prácticamente al fondo, dos grandes siluetas, siendo una de ellas un oso. Otro, aunque no tan cerca de la misma, también era la de un oso. Ya que las casualidades no existen... – Tienen que ser Khruner y Don... – Susurró, dispuesto a avanzar hacia el grupo. Justo en ese preciso momento, aquello, o más bien alguien ‘dentro de él’, comenzó a hablar... a través de una pantalla. – Así que un Shichibukai... – Pensó para sí mismo. – Más bien es una máquina de guerra... – Continuaba pensando mientras daba pasos cortos, pero firmes. – Entonces... ¿lo ha mandado la marina... para salvarnos? Esto... es raro... No creo que sea cierto... – Paró para tomar un respiro. Estaba rodeado de personas que desconocía, algunas de ellas con uniforme de marines, lo que provocó cierto sentimiento de rechazo, angustia y, por qué no decirlo, asco, en Enma. Con cada paso, intentaba reflexionar sobre la situación en la que se encontraba y las palabras de aquel doctor resonaban en su cabeza, pero el pelirrojo no tenía una respuesta que darle. No porque no quisiera, sino porque no sabía qué responder. Desconocía al resto de miembros de la banda y Glotz había sido completamente eliminado por la máquina de guerra, así que poca aportación podría hacer. A lo que más atención prestó, sin duda, fue a la última parte sobre "no hacer nada hostil". – No tenía pensado... – Pensó para sí mismo, rápidamente. Fuerza era lo único que no le quedaba a Enma y la terapia psicológica que había realizado con el wotan no serviría con una máquina así que, ¿qué podría hacer? Simplemente asumió la situación, comprendió y abrazó su debilidad y, en cierta manera, se rindió ante el contexto en el que estaba inmerso. De lo contrario, podría acabar sin otra pierna...
Pero continuó caminando, pues el dolor y la falta de lucidez era mucho mayor que cualquier otra sensación que pudiese estar sintiendo en ese momento. Y no sólo eso, sino que, de repente, una voz se alzó entre el resto; una voz con cierto tono de condescendencia que al pelirrojo le sonaba familiar. – Cómo no... Kovashi... – Pronunció entre bostezos, siendo esta una sintomatología propia al escuchar su verborrea. Lo escuchó atentamente y, aunque por una parte estuviese teniendo estos pensamientos, se alegraba de que estuviera bien. Con cada paso se iba acercando más al grupo y la figura de Derya, que era la que todavía no había localizado, se hacía más clara. – Menos mal... – Pensó. – Ahí están todos... – Bostezó, mientras se colocaba una tirita en la frente. Poco a poco, y aguantando el dolor que todavía sentía e intentando mantener la cordura, en la medida de lo posible, fue acercándose al grupo hasta hacerse un pequeño hueco en él. – Hola, hola... – Murmuró. Seguro que nadie se había dado cuenta de su presencia todavía, pues su tono de voz era más bajo de lo habitual, pero aún así continuó. – ¿Así que todos estáis bien...? – Preguntó interesado, mientras miraba hacia el cubo que parecía estar controlando Kovashi. – Entonces ellos... sí que vencieron a su enemigo... – Pensó para sí mismo, recordando su encuentro con Glotz y el final que tuvieron debido a la diferencia de poder.
El encuentro con Glotz había dejado una gran huella en Enma, una que le acompañaría durante toda su estancia en este nuevo mundo que se le presentaba al cruzar el Grand Line. Al menos, todo el tiempo que permaneciera con vida, si es que podía salir de la situación en la que se encontraba. Por una parte, se vio carente de poder, aunque no de determinación, comprendiendo que si seguía en la situación en la que estaba continuaría perdiendo a las personas que estaban a su lado. Tenía que ser más fuerte. Y, por otra parte... había desarrollado alguna que otra habilidad social. Hasta el momento carecía de ellas, pero su verborrea y dotes psicológicas le mantuvieron vivo frente a un wotan de once metros, ¿acaso no es eso reseñable?
Aclaraciones
Gastos
