17-10-2023, 06:15 PM
En aquel nuevo barco que habían obtenido, Enma logró hacerse un pequeño hueco entre los barriles de lo que parecía una antigua bodega. Como veis, continuaba siendo el mismo chico de siempre, aquel niño del barril. Estaban completamente vacíos, sucios y rodeados de telarañas, pero había suficiente espacio para que una persona de tamaño medio como él se pudiera acostar y descansar sin ningún tipo de barullo. El caos en el que se había visto inserto había sido demasiado para lo que su cuerpo podía aguantar, por lo que un breve reposo era algo que necesitaba. Inmerso en esa tranquilidad y nueva cotidianidad, aprovechó para leer unos libros que parecían haberse utilizado como soporte para aumentar la altura de los barriles. Algunos de ellos eran sobre medicina, por lo que los cogió para leer algunas líneas y ver qué podía aprender de ellos. Abre uno de los libros. - Para curar una pierna rota... hay que restringir el movimiento... - Leía. - Puede utilizarse yeso... para inmovilizar... - Pasó la página. - La pierna... - Suspiró. - ¿Valdrá... hollín? - Se preguntaba mientras continuaba leyendo, aunque con cierto escepticismo. La verdad es que no había demasiados remedios y las manchas de vino eran demasiado grandes como para poder continuar leyendo. Devolvió el libro a su lugar y comenzó a recolocar el hollín de la pierna, poniendo alguna que otra tirita para, según él, 'evitar que entrase algún tipo de infección'. - Al final.... esto me ha venido bien... - Susurraba mientras colocaba cada una de las tiritas. - Así tendré que estar tumbado mucho tiempo... - Recogió los restos de las tiritas anteriores y las colocó encima de uno de los barriles que le rodeaban.
Aunque llegados a este punto, lo que estaba haciendo era más teatro que otra cosa, pues las heridas habían cicatrizado lo suficiente como para no sentir un dolor tan extremo o tener que descansar durante horas sin realizar ningún tipo de movimiento. Era simplemente una excusa. Una excusa para no tener que entablar una conversación con nadie, para no tener que mostrar su estado de ánimo y para intentar suprimir los pensamientos negativos y derrotistas que lo inundaban cada día. Parecía que los sucesos que había vivido lo habían convertido en alguien más fuerte, más sociable e incluso con más carácter, pero cada vez que piensa en ello... todo se viene abajo, todo se derrumba. Al final, era un adolescente que se había visto envuelto en una situación que lo superó, pero rodeado de personas -que ahora eran su familia- que supieron y pudieron salir airosas. Y con muchas mejores recompensas. El único mal parado... había sido Enma. Y esto había reabierto heridas que ya estaban cerradas, había alimentado traumas ya 'desnutridos' y, desde luego, había cerrado todavía más el carácter del pelirrojo. Pero, aunque ahora no fuese capaz de verlo, esta experiencia lo hará mucho más fuerte, tanto física como psicológicamente. Sólo necesitaba... tiempo. Tiempo y reflexión.
Pero así es como pasaba las horas últimamente. Aprovechaba la llegada de la noche para dar alguna que otra vuelta por la cubierta, mientras el resto de personas estaban o durmiendo o, en el caso de Panda, leyendo. Pero en uno de estos paseos nocturnos, Enma se quedó completamente dormido, apoyado en el mástil del barco. La baba le goteaba hasta tal punto que no se había enterado de que Derya había estado navegando durante un par de horas, aunque fue precisamente ella quien lo despertó, indicándole, así como al resto del grupo, que se acercara al centro de la cubierta. Parecía que tenía algo que decirles. Lo cierto es que era una de las pocas veces que Enma iba a reunirse con sus compañeros y, aunque desconocía el motivo, todo aquello no tenía buena pinta. Y, tal y como había predicho, así fue. Derya los abandonaba por un supuesto cometido que tenía que cumplir. Un tema que tenía que ver con su lugar de origen, con la Isla Gyojin. Os podéis imaginar qué le puede hacer esto a un adolescente que había perdido a su familia dos veces, que venía de casi perder una pierna y que, después de tanto tiempo, por fin se sentía aliviado por haber encontrado una familia que permanecía. Pero, una vez más... ésta se rompía. - ¿Te... vas...? - Preguntó, completamente impactado y sin saber muy bien cómo reaccionar. Cual niño, o como Panda había hecho, su primer instinto fue llorar, pero sus glándulas lagrimares estaban completamente secas por las últimas horas. - Si es eso... lo que quieres... Te apoyaremos... - Murmuró, intentando mantener la compostura, mientras se acercaba a Derya. - Aunque... no me gusta la idea... - Continuó, mientras le ofrecía una tirita. Enma no tenía dotes artísticas, como mucho le podría haber hecho un dibujo de un cuervo. Pero las tiritas son un símbolo importante para él -por algún motivo- y era su manera de mostrar afecto. Para él, Derya era la capitana y la figura materna. Perderla... iba a ser un duro golpe. ¿Qué haría sin su apoyo? - ¿Volveremos... a vernos...? - Preguntó, mientras volvía a introducir las manos en los bolsillos. - Yo... no puedo nadar y... tu isla... - Señaló al mar.
Como no sabía cómo reaccionar, hablaba. Hablaba para extender ese momento, para permanecer más tiempo junto a ella, todos juntos. Como una familia. Hablaba para ignorar y ocultar el dolor. Estaba completamente destrozado, pero mostrárselo sería peor pues Derya había decidido irse. Y él, como familia, tenía que respetarlo por mucho que le doliese.
