19-10-2023, 07:22 AM
Panda llegó y preguntó, no fue cualquier pregunta, esta era íntima, al menos lo era para Kovashi. Eran preguntas que tenían que llegar, pues la relación entre los compañeros de aquel grupo de revolucionarios iba creciendo y al final se tenían que conocer. — Mi isla natal está en el nuevo mundo. — Llegaron tres jarras de cerveza fría, helada. Kovashi tomó una y daría un eterno trago acabando con la totalidad del contenido. El alcohol hacía tiempo que ya casi ni le embriagaba. — Supongo que podría contarte el tremendo viaje que pasé hasta llegar al East Blue, que es un océano que se encuentre literalmente al otro lado del mundo, pero no fue así. — Se sentó dándole la espalda a la barra, con los codos apoyados en ella, una vez dejada la jarra. Parecía pensativo con la idea de contarle la verdad, pero para qué mentir en eso.
— Fui torturado durante casi dos años por mi propio padre. — Amagó una mirada de odio profundo, muy profundo. — Esos dos años encerrado fueron mi espectacular viaje, repleto de historias que contar. — No eran dos años, fue un año y poco y desde luego las historias eran nulas. Oscuro recuerdo que se abrió. — Pero no quiero deprimirte, Panda. — Le golpeó el ante brazo con el suyo propio. — Qué es de tu historia. — Por alguna razón siempre que veía un mink lo enlazaba a la historia de Khruner, cuando en realidad eso era casi imposible. Una tribu de mink oso pardo nómada, que nunca se establecían y que tenían sus propias creencias, no sería lo habitual.
La camarera volvió a pasar por delante de ambos, lanzándoles el ojo sibilinamente. Estaba “trabajando”, entonces se ponía a jugar. - ¿Llevará bragas? - Fue lo que pensó al fijarse en su trasero aplastado sobre aquel cuero negro que le quedaba tan bien. Lo que sí hacía la bebida en él es encenderle en muchos sentidos, sexual, emocional y etc.
— Fui torturado durante casi dos años por mi propio padre. — Amagó una mirada de odio profundo, muy profundo. — Esos dos años encerrado fueron mi espectacular viaje, repleto de historias que contar. — No eran dos años, fue un año y poco y desde luego las historias eran nulas. Oscuro recuerdo que se abrió. — Pero no quiero deprimirte, Panda. — Le golpeó el ante brazo con el suyo propio. — Qué es de tu historia. — Por alguna razón siempre que veía un mink lo enlazaba a la historia de Khruner, cuando en realidad eso era casi imposible. Una tribu de mink oso pardo nómada, que nunca se establecían y que tenían sus propias creencias, no sería lo habitual.
La camarera volvió a pasar por delante de ambos, lanzándoles el ojo sibilinamente. Estaba “trabajando”, entonces se ponía a jugar. - ¿Llevará bragas? - Fue lo que pensó al fijarse en su trasero aplastado sobre aquel cuero negro que le quedaba tan bien. Lo que sí hacía la bebida en él es encenderle en muchos sentidos, sexual, emocional y etc.
