12-08-2023, 01:32 PM
Fue solo un instante, pero hubo algo mágico ahí, ¿no? lo había sentido. De todos modos tampoco podía darle demasiadas vueltas, Cargo era implacable cuando se le metía una cosa en la cabeza y Kovashi tan solo era su acompañante. El anciano hombre cargó lo necesario, enlistó la vela que servía para dar un up de potencia y se colocó a los mandos de el pequeño pesquero. Kovashi subió, todavía extrañado por las cosas que estaban pasando. No era la primera gyojin que veía en su vida, ni de cerca, pero aquella cara de pena le había llegado ciertamente al alma o cuanto menos cerca se quedó. Su otra extrañeza fue la reacción de Cargo, tan directa, tan de cazador, la de alguien que no ha tenido contacto con otro tipo de razas, que ve la economía en la trata. Toda su imagen se desacía a una velocidad apabullante.
Kovashi recogió su katana que era el único utensilio que tenía, más allá de su petaca que siempre portaba encima. Daría un sorbo al licor mientras saltaba, colocándose justo en lo que sería la proa del barquito. Dieron un empujón, sacando el pesquero de un tirón, Cargo no era cualquiera, hablamos de cincuenta años de experiencia en el mar.
— ¡Mira como salta! — Vociferó el Shimatsu, mirando hacia Cargo. El rostro de su jefe era terriblemente oscuro
— No te enfoques en la belleza de sus movimientos ni de su rareza — Anunciaría, nuevamente, llevando a la sorpresa. Así que él no era ciego, estaba viendo la belleza de un ser vivo en su naturaleza, moviéndose a velocidades de vértigo, bailando con el mar. ¿Era una lucha? Cargo estaba en una lucha interior entre el hombre que adora el océano, su profesión y los misterios que esconde y el trabajador que tiene que sacar a su familia adelante.
Kovashi reflexionó. El aire le daba en la cara, volviendo locos sus pelos que siempre lucían perfectamente peinados hacia atrás en forma de tupé. Su camisa hondeaba cuál bandera, dejando al descubierto su pecho y abdomen. Le encantaba sentir el aire. Le encantaba estar viviendo aventuras de ese tipo. Le encantaba entender los dilemas de los demás, como en este caso el de Cargo.
— ¡No te duermas, hijo! — Vociferó. — ¡La tenemos cerca, prepara el arpón! — ¿cómo? le estaba pidiendo a Kovashi que fuera el quién diera el golpe de gracia. Nuestro querido sujetó el arma, que estaba justo a su lado, la miró.
La volvió a mirar. El arma cayó por la borda.
— ¡Niño, pero qué haces! — Una gran vena verdosa le recorría por el cuello al anciano.
— ¡Lo siento! — Levantó una mano. — Se me ha resbalado, vamos a tener que hacerlo a la antigua usanza — La intriga por poder darle caza, pero sin matarla, poder observarla de cerca ... Era tan tentador. Kovashi caminaría con intención hasta un baúl, de él sacó una gran cuerda de más de diez metros y ató esta a un poste del barco, después hizo lo suyo con su cintura. Se quitó las zapatillas de un golpecito.
— Recuérdame como un tío guapo, que siempre paga sus deudas — Saltó al mar
— ¡NOOOO! — Se escuchó a la lejanía ya.
Estaba muy fresca el agua, contra más se alejaba uno de la orilla, el frío era más intenso, como un primitivo grito interior que te dice "no es tu lugar". Puede que Kovashi estuviera loco. Se sumergió dos metros y se quedó suspendido en ese lugar, mirando a la gyojin y lo que tenía el mismo alrededor.
Kovashi recogió su katana que era el único utensilio que tenía, más allá de su petaca que siempre portaba encima. Daría un sorbo al licor mientras saltaba, colocándose justo en lo que sería la proa del barquito. Dieron un empujón, sacando el pesquero de un tirón, Cargo no era cualquiera, hablamos de cincuenta años de experiencia en el mar.
— ¡Mira como salta! — Vociferó el Shimatsu, mirando hacia Cargo. El rostro de su jefe era terriblemente oscuro
— No te enfoques en la belleza de sus movimientos ni de su rareza — Anunciaría, nuevamente, llevando a la sorpresa. Así que él no era ciego, estaba viendo la belleza de un ser vivo en su naturaleza, moviéndose a velocidades de vértigo, bailando con el mar. ¿Era una lucha? Cargo estaba en una lucha interior entre el hombre que adora el océano, su profesión y los misterios que esconde y el trabajador que tiene que sacar a su familia adelante.
Kovashi reflexionó. El aire le daba en la cara, volviendo locos sus pelos que siempre lucían perfectamente peinados hacia atrás en forma de tupé. Su camisa hondeaba cuál bandera, dejando al descubierto su pecho y abdomen. Le encantaba sentir el aire. Le encantaba estar viviendo aventuras de ese tipo. Le encantaba entender los dilemas de los demás, como en este caso el de Cargo.
— ¡No te duermas, hijo! — Vociferó. — ¡La tenemos cerca, prepara el arpón! — ¿cómo? le estaba pidiendo a Kovashi que fuera el quién diera el golpe de gracia. Nuestro querido sujetó el arma, que estaba justo a su lado, la miró.
La volvió a mirar. El arma cayó por la borda.
— ¡Niño, pero qué haces! — Una gran vena verdosa le recorría por el cuello al anciano.
— ¡Lo siento! — Levantó una mano. — Se me ha resbalado, vamos a tener que hacerlo a la antigua usanza — La intriga por poder darle caza, pero sin matarla, poder observarla de cerca ... Era tan tentador. Kovashi caminaría con intención hasta un baúl, de él sacó una gran cuerda de más de diez metros y ató esta a un poste del barco, después hizo lo suyo con su cintura. Se quitó las zapatillas de un golpecito.
— Recuérdame como un tío guapo, que siempre paga sus deudas — Saltó al mar
— ¡NOOOO! — Se escuchó a la lejanía ya.
Estaba muy fresca el agua, contra más se alejaba uno de la orilla, el frío era más intenso, como un primitivo grito interior que te dice "no es tu lugar". Puede que Kovashi estuviera loco. Se sumergió dos metros y se quedó suspendido en ese lugar, mirando a la gyojin y lo que tenía el mismo alrededor.
