26-10-2025, 11:58 PM
[personajeinvalido=2283]
Unos cuantos más, no es solo el chico de la estirpe Nagumo de los gigantes, una muchacha humana, que apenas es visible para el joven Kelvin, quien con su tamaño la ve como un punto en aquel lugar, un punto que tiene vida, recordándole que los suyos son minoría, pocos en comparación con otras razas y grupos que tienen tamaños de menor presencia en altura, algunos destacan, otros son como la mayoría, el estándar de la naturaleza que se discurre por lo largo y ancho de los mares y sus islas, la humanidad, una raza pequeña, frágil y débil en comparación con el tamaño y durabilidad propia de los gigantes, pero también existen razas que sobresalen entre los humanos y los gigantes, al menos en tamaño, sin embargo, no parece haber ninguna que sobresalga en tamaño más que las dos imponentes figuras de los gigantes. Tampoco parece estar presente la raza de los tontattas, el extremo opuesto a los gigantes, seres tan pequeños que parecen juguetes en comparación con los humanos, y ya no hablamos comparándolos con los gigantes.
Los labios del muchacho se frotan entre sí, un trago seco de saliva y una sensación terrible, un dolor de cabeza punzante, agonioso y molesto. Una punzada en el cráneo, proveniente desde el interior de la cabeza del muchacho, proveniente de un lugar recóndito del cerebro de Einstein, el rebelde se desorienta levemente, unos momentos de desconocimiento y desconcierto, una breve duda que se expresa en una sensación de ansiedad, hasta que su cuerpo le dice lo que es, el whisky, la bebida que tanto le gusta, ese vicio adquirido a lo largo de sus viajes, ese gusto por una bebida que tiene su sabor único y magnífico, por fortuna, lleva consigo algo de esa bebida, para cuando no pueda pasar por un bar a pedir.
Lleva su mano a uno de los bolsillos de sus ropajes, extrayendo una pequeña botella en la que guarda la bebida. Un trago, dos tragos, y un tercero, tampoco quiere pasarse con la cantidad por el momento, no es como que tenga para la eternidad, tiene que racionar si quiere tener para después, tiene que mantener un stock para luego, no sabe cuando podrá salir de allí, no sabe que tanto le retendrán en esa especie de prisión con forma de cubil, donde dos gigantes se encuentran sin poder hacer más que ver lo poco que pueden con la poca iluminación, aun con las nubes alejándose de aquel cielo pueden ver mucho.
Onizuka, Lan, se presentan dos de ellos, aunque poco importa, el rebelde pronto olvidaría sus nombres, su memoria apenas y le daba para recordar ciertas cosas, quizás un efecto secundario de tanto beber, de tanto maltratar sus neuronas con el dulce y amargo sabor del whisky.
⏵Kelvin Smash. ⏴ Una frase que repite constantemente, quizás el whisky le haya hecho más daño que uno pudiera pensar a sus neuronas. ⏵ Yo soy Kelvin, aunque seguramente ya lo hayan deducido por mi coletilla. Lan, Onizuka. ¿Y ese sujeto de ahí quien demonios es? ¿Y que tan atractivo se cree? ⏴ Señala a la criatura que se acerca a ellos desde el centro del lugar, que bien podría haberles dicho algo o informado de algo, teniendo en cuenta que los vio llegar, si es que puede decirse que llegaron en vez de cayeron.
Poco a poco se va sintiendo mejor, su mente aún adolorida por la falta de licor en el trayecto, ya le parecía raro no tener algo en sus labios en ese viaje, pero tampoco es que en caída libre pudiera beber mucho, suerte que tenga aún algo de whisky consigo y no se haya reventado en el impacto contra el suelo tras ser lanzado desde el barco en caída libre. ▻Este no sabe que la belleza es subjetiva, que depende de quien mire y valore el aspecto, que depende de demasiadas variables como para que alguien pueda afirmar, sin lugar a ninguna duda, que algo es la definición, o el ejemplo, de belleza. ◅ Un pensamiento que invade la mente del gigante, que sigue algo molesto por la falta de luz y por el dolor que le ocasiona la falta de whisky, pero ya llegará el momento en que se recupere. Mientras tanto, el joven observa lo que le rodea, limpiando su bisento antes de que las cosas se pongan feas.
Los labios del muchacho se frotan entre sí, un trago seco de saliva y una sensación terrible, un dolor de cabeza punzante, agonioso y molesto. Una punzada en el cráneo, proveniente desde el interior de la cabeza del muchacho, proveniente de un lugar recóndito del cerebro de Einstein, el rebelde se desorienta levemente, unos momentos de desconocimiento y desconcierto, una breve duda que se expresa en una sensación de ansiedad, hasta que su cuerpo le dice lo que es, el whisky, la bebida que tanto le gusta, ese vicio adquirido a lo largo de sus viajes, ese gusto por una bebida que tiene su sabor único y magnífico, por fortuna, lleva consigo algo de esa bebida, para cuando no pueda pasar por un bar a pedir.
Lleva su mano a uno de los bolsillos de sus ropajes, extrayendo una pequeña botella en la que guarda la bebida. Un trago, dos tragos, y un tercero, tampoco quiere pasarse con la cantidad por el momento, no es como que tenga para la eternidad, tiene que racionar si quiere tener para después, tiene que mantener un stock para luego, no sabe cuando podrá salir de allí, no sabe que tanto le retendrán en esa especie de prisión con forma de cubil, donde dos gigantes se encuentran sin poder hacer más que ver lo poco que pueden con la poca iluminación, aun con las nubes alejándose de aquel cielo pueden ver mucho.
Onizuka, Lan, se presentan dos de ellos, aunque poco importa, el rebelde pronto olvidaría sus nombres, su memoria apenas y le daba para recordar ciertas cosas, quizás un efecto secundario de tanto beber, de tanto maltratar sus neuronas con el dulce y amargo sabor del whisky.
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Poco a poco se va sintiendo mejor, su mente aún adolorida por la falta de licor en el trayecto, ya le parecía raro no tener algo en sus labios en ese viaje, pero tampoco es que en caída libre pudiera beber mucho, suerte que tenga aún algo de whisky consigo y no se haya reventado en el impacto contra el suelo tras ser lanzado desde el barco en caída libre. ▻
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