Terapia familiar. [Pasado - Social - Kiyoshi]
#8
Suspira molesto ante los bebestibles que caen sobre la barra y la ensucian. De inmediato saca su equipo de limpieza y empieza a frotar sobre la madera, pero se ve interrumpido ante las acciones que hace Owen. Por mucho que el resto intente ignorarlo, es imposible. Para peor, todo mundo guarda silencio, permitiendo que el pelirroje tome todo el protagonismo dentro del bar. Absolutamente toda la clientela lo está viendo por mucho que intenten ocultarlo. Kiyoshi se percata de esto y se muere de vergüenza.

— ¿Qué diablos haces, tonto? Siéntate. — Mira en todas las direcciones, girando el cuello más rápido de lo normal. No quiere sentir todas esas miradas también en él, por lo que necesita que su compañero termine pronto su espectáculo. Lo toma de la camiseta con ambas manos y lo jala hacia abajo en un intento inútil de lograr que se siente. — Dale tonto, te dije que te calmes y no llames la atención. Cállate y siéntate. — Lamentablemente, solo obtiene fracaso tras casado. Owen está empecinado en dar su discurso de amor, motivación y quién sabe qué más.

La cara de Kiyoshi no tarda en ponerse roja de la vergüenza, llevando una mano a la frene para intentar cubrirse mientras mira el suelo. Odia esta clase de situaciones. Un lugar repleto de gente y siendo él el centro de atención, peor si es por culpa de otro. Sin duda tiene deseos de darle un disparo en la frente para que no se levante nunca más.

“Gwen”.

¿Será un nombre común? Al oírlo, se destapa el rostro y vuelve a mirar de frente a su tonto compañerito, más aun cuando empieza a describir a la susodicha. — Debe ser solo coincidencia, ¿no? Pueden haber muchas personas parecidas en el mundo.  — Pero la describe y todo. Dios, ¿de verdad será ella? — Sí, sí, te estoy escuchando, pero habla más despacio, estoy al lado tuyo. — Parece que al fin le va bajando un poquito a la energía. Ya cuando se sienta es que el médico es capaz de preguntar lo clave. — No estabas hablando de la Gwendolyne ciega, ¿verdad? Pero se parece mucho. La vida a veces es graciosa. — Cómo olvidar a la muchacha que casi le mete un tiro porque quiso interponerse entre la bala y un ave gigante.

Además, como médico, hubo ciertos aspectos de su caso que llamaron mucho la atención, como el hecho de que no la hayan llevado a revisarse de inmediato en su niñez, dándole justificaciones muy imprudentes a criterio de Kiyoshi.

— Ya dijiste que serás mi escudo. Ten en cuenta que en el mundo profesional, romper tu palabra o un contrato es muy grave. Yo al menos garantizo que haré lo que pueda por cumplir mi parte con todos ustedes. No por ser un pirata dejaré de ser un profesional confiable. — De lo contrario, defraudaría mucho a sus difuntos padres.

La pregunta ahora es, ¿cómo mierda todo se transforma en una competencia de beber? Kiyoshi mira a Owen. Luego, al camarero. Después, al público que sigue con los ojos en la dupla estrella. Es como si todo el mundo estuviese insistiéndole que no puede rechazar ese desafío.

— Pero yo… — Siempre que bebe, ocurre un desastre, y cuando se acuerda al día siguiente, ni se anima a salir de la cama. — Ya dijiste que me protegerás, así que no me interesa que te vayas a por la muchacha. Mejor quédate. — Aunque estas palabras no logran que el otro cambie ni un poquito de opinión.

¡Beber es inevitable!

Traga saliva mientras toma el primer vasito entre sus dedos. Lo mira fijamente, como si quisiese estudiar su composición química y así encontrar una fórmula que le ayude a aguantar. Pero obviamente eso es imposible porque Kiyoshi no tiene una visión molecular o algo así, y tampoco es químico, no confundamos profesiones. — Nadie me dice cagón, tonto del culo… — Su voz duda un poco, tiembla, no suena tan convincente como antes. El pelinegro está frente a un momento de debilidad, uno que no le gusta mostrar. Cuando es respecto a fortaleza física no tiene problema en decirlo, pero en otros ámbitos la historia es diferente.

— Está bien… Yo empiezo. — Su respiración se agita, casi como si su asma fuese a atacar, pero no., solo es producto de los nervios. Tarda demasiado en animarse a llevar el contenido a la boca, intercambiando miradas varias veces con Owen, juzgándolo y también transmitiéndole el miedo que tiene.

Al fin se anima. Todo de una pa dentro, sin miedo al éxito. Cuando termina, intenta dejar el vasito sobre la barra, pero le erra al apuntar y el mismo cae al piso, rompiéndose. Lo normal es que Kiyoshi se moleste por ensuciar, pero no. Ahora, justo ahora, se produce una excepción a la regla.

Kiyoshi es un tipo demasiado sensible a la bebida. Cuando está obligado a hacerlo, opta por consumir tragos livianos y con mucha paciencia, nada de rapidez como recién. Simplemente se dejó llevar por la presión y la circunstancia a la que lo somete Owen.

— Esa ciega… — Su tono de voz ya se escucha diferente, más ronco, no tan serio, pero algo enojado. — Quien la cuidaba, era raro… muy raro… — Fue algo que pensó mientras hablaba con ella, y que también dio vueltas en su cabeza durante el camino de regreso a su isla natal. Ahora, por su estado, sin pensarlo mucho, logra soltarlo en palabras. Es algo que nunca le dijo a nadie.

— Bueno, bebe tú, ¿no? — Clava los ojos en los de Owen, notándose a Kiyoshi algo intensito, como si tuviera fuego en los párpados. Incluso él mismo toma el chupito y lo acerca a la boca ajena, hostigándolo a que haga lo mismo que él. — Si gano, dejarás de molestar y llamar la atención. Ya me tienes harto. — Lo normal es que Owen beba o tome el vasito y beba, pero ocurre un accidente. Kiyoshi intenta darle de beber, pero la torpeza por ebriedad invade su cuerpo y se le resbala el chupito, tirando el contenido sobre el rostro ajeno, pues apuntó mal a la boca. — Bueno… bebe igualmente. No pongas excusas, tonto.

Sorprendentemente, todo esto de beber ya es considerado normal por la clientela, por lo que al fin dejan de posar todos los ojos sobre el par de los Olvidados. — Le dije que intentaría devolverle la vista. Soy un tonto, eso es imposible. — Toma el otro chupito, totalmente de la nada, sin ningún aviso, y se lo bebe también. — Pero soy un profesional ambicioso. Que no sea tonta y no muera hasta entonces.

¿Cómo estas palabras calarán en el pelirrojo? Más aún cuando el cuerpo de Kiyoshi comienza a tambalearse sobre la silla en que se encuentra. Ya empieza a marearse. Dos chupitos fuertes sin cuidado…

— ¡SON TODOS UNOS SUCIOS TONTOS, EMPEZANDO POR TI! — El vasito lo rompe con fuerza contra la barra, se pone de pie y apunta acusadoramente a Owen. — ¿QUÉ ES ESO DE QUE UNO DE LOS DOS PERDERÁ ESTO? ¿ERES TONTO, IMBÉCIL? ¡QUE DEBEMOS VOLVER A ESE TONTO BARCO CON ESOS TONTOS COMPAÑEROS Y ATRAVESAR ESOS TONTOS MARES PARA VOLVER A VIVIR EN PAZ COMO QUEREMOS ALGÚN DÍA! ¡SI TÚ QUIERES RETIRARTE POR ESA TONTA MUJER, HAZLO DE UNA VEZ, PERO DEJA DE LLORAR TANTO! ¡YA ME TIENES HARTO! ¡HAZ TU TRABAJO Y DEJA DE CAGONEAR, ENFERMO DE MIERDA!

Vaya… No es que eso sea lo que realmente piensa. Simplemente cuando se embriaga, ese lado gruñón suyo aumenta por mil. Toda esa calma que siempre desprende, desaparece por completo. Que alguien lo calme, por favor.
[Imagen: u2oxCl9.png]

Hablo | Pienso
  Responder


Mensajes en este tema
RE: Terapia familiar. [Pasado - Social - Kiyoshi] - por Kiyoshi Maeda - 27-10-2025, 12:01 AM

Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)