27-10-2025, 12:02 AM
(Última modificación: 27-10-2025, 12:36 AM por Runin D. Kitay.)
[personajeinvalido=2329]
El encandilante ambiente nocturno oscila en sombras proyectadas por la inmensa cantidad de luces de papel que se mecen al vaivén del otoño. La dulzura de las características flores de la región se mezclan con el perfume de quien extiende los brazos y sonríe entre nuevas melodías, experiencias y circunstancias. El hombre que parece dirigir el rumbo de la verbena se apodera de la absorta mirada caoba de aquella que coincide en pensamiento: realmente es mejor de lo esperado. Se atrevería a decir que se alegra de haber caído del crucero, de no ser porque no quiere ver la burlona risa de su compañero.
La melodía se detiene en aplausos que elevan la moral e inflan el ego. Las largas hebras onix se deslizan por la espalda de la mujer, quien se acerca deliberadamente hacia el buen samaritano que ha utilizado como portador de sus objetos. Agradece tomando de las manos ajenas la pequeña botella de vino que ha conseguido temprano, bebe un sorbo para mantener el cuerpo tibio, la garganta endulzada, los labios húmedos y la mente ligera. El hombre propone danzar y ella finge mantener interés cuando toma su arco y las flechas que ha comprado antes de que el festival se tornase enérgico.
—Dame un momento para encontrar dónde guardar esto, cariño, y prometo bailar hasta que mis pies duelan y nuestras mentes se vuelvan una. —La voz dulzona y profunda se abre paso entre los labios que ha delineado anteriormente con su lengua. El desconocido pide hacerse cargo de ello, alejándose para traer algún buen amigo que funcione de escudo. Runin ni siquiera pretende escucharlo cuando los pasos de sus tacones se mueven en dirección contraria. El ruido propio se diluye ante las risas y voces de fondo, ante el cínico coqueteo del castaño.
¿Cuántas veces tendrá que jalar la piel del muchacho durante el transcurso de ese día? Está a punto de reclamarle cuando los cánticos se transforman en pánico, las cándidas luces en lenguas de fuego y las vidas humanas en despojos de carne.
—Ryota… —La fémina soltó el oído del ajeno en lentos movimientos. Los labios se presionaron entre sí antes de volver a humedecerlos con la lengua, el vino cayó al suelo, su mano estaba más ocupada en buscar una de sus flechas del cajad.
![[Imagen: HNzGrm0.png]](https://i.imgur.com/HNzGrm0.png)
—Si, cariño, es enorme.
Le gustaría utilizar esa frase en contextos más divertidos e íntimos. ¿Qué diablos hacía un oso gigante en medio de un festival que parecía haber sido preparado con perspicacia y dedicación? ¿Ningún cazador había revisado la verde espesura con antelación? ¿El aroma del apetitoso festín invitaba a los animales a degustar manjares que la tierra ya no les ofrecía?
—Vámonos de aquí, Ry… —La frase queda a medio acabar cuando se percató de la ilusionada mirada de su acompañante. —¿Qué mierda se supone que dices? ¡Cierra la maldita boca, Ryota! —El intento de susurro escapó con fuerza, en un grito que contrastaba con el ajeno, acostumbrada a no dudar en palabra y acciones. — ¡Comida es en lo que nos convertirás!
La mano se extiende intentando tomar el brazo del hombre para retenerlo. Sin éxito alguno el castaño marchó provocando que el entrecejo de la amazona volviera a fruncirse. —¡Lo que me faltaba! ¡Te quedas solo en esta, cariño! —Las duras palabras emergen, mas el ruido de los tacones no se escucha en medio del caos, no hay pasos que busquen una salida o la solitud del abandono, no. El arco se eleva, la cuerda se tensa y la fecha reposa a la espera de verse liberada. Un paso tras otro, lentos, en dirección hacia él. ¿Está odiando al castaño? Definitivamente, pero no lo suficiente como para dejarlo. ¿Por qué? ¿Por amistad? ¿Por cariño? ¿Por nostalgia? Porque se lo piensa tirar en cara, obligarlo a deberle un favor y, claro, ¡porque ella no es ninguna cobarde!
—¡Suelta eso, cariño! ¡Prometo que si lo sueltas te dejaré jugar con el osito más luego! —Runin siente que la mente de Ryota se ha perdido. ¿Habrá tomado sake sin que se diera cuenta? ¿Se habrá atragantado con el chicle y la falta de oxígeno estaba atrofiando su cerebro? ¿O era ese inmenso cariño hacia los animales lo que le hacía actuar como un maldito suicida?
Tose un poco, siente la madera ceñirse a sus dedos y a la bestia en medio del fuego que no deja de extenderse. La flecha vacila entre el trozo de carne que Ryota levanta y el oso que parecía ir cada vez más rápido. Alguien se va a enfadar mucho y, aún así, nadie es capaz de enojarse más que la propia Runin. Así que levantando el mentón suelta la flecha en dirección al oso, buscando darle en el rostro.
![[Imagen: u4EdgOD.png]](https://i.imgur.com/u4EdgOD.png)
—¡La próxima flecha irá en tu trasero así que múevete ya, Ryota!
El encandilante ambiente nocturno oscila en sombras proyectadas por la inmensa cantidad de luces de papel que se mecen al vaivén del otoño. La dulzura de las características flores de la región se mezclan con el perfume de quien extiende los brazos y sonríe entre nuevas melodías, experiencias y circunstancias. El hombre que parece dirigir el rumbo de la verbena se apodera de la absorta mirada caoba de aquella que coincide en pensamiento: realmente es mejor de lo esperado. Se atrevería a decir que se alegra de haber caído del crucero, de no ser porque no quiere ver la burlona risa de su compañero.
La melodía se detiene en aplausos que elevan la moral e inflan el ego. Las largas hebras onix se deslizan por la espalda de la mujer, quien se acerca deliberadamente hacia el buen samaritano que ha utilizado como portador de sus objetos. Agradece tomando de las manos ajenas la pequeña botella de vino que ha conseguido temprano, bebe un sorbo para mantener el cuerpo tibio, la garganta endulzada, los labios húmedos y la mente ligera. El hombre propone danzar y ella finge mantener interés cuando toma su arco y las flechas que ha comprado antes de que el festival se tornase enérgico.
![[Imagen: tbVUleU.png]](https://i.imgur.com/tbVUleU.png)
—Dame un momento para encontrar dónde guardar esto, cariño, y prometo bailar hasta que mis pies duelan y nuestras mentes se vuelvan una. —La voz dulzona y profunda se abre paso entre los labios que ha delineado anteriormente con su lengua. El desconocido pide hacerse cargo de ello, alejándose para traer algún buen amigo que funcione de escudo. Runin ni siquiera pretende escucharlo cuando los pasos de sus tacones se mueven en dirección contraria. El ruido propio se diluye ante las risas y voces de fondo, ante el cínico coqueteo del castaño.
¿Cuántas veces tendrá que jalar la piel del muchacho durante el transcurso de ese día? Está a punto de reclamarle cuando los cánticos se transforman en pánico, las cándidas luces en lenguas de fuego y las vidas humanas en despojos de carne.
—Ryota… —La fémina soltó el oído del ajeno en lentos movimientos. Los labios se presionaron entre sí antes de volver a humedecerlos con la lengua, el vino cayó al suelo, su mano estaba más ocupada en buscar una de sus flechas del cajad.
![[Imagen: HNzGrm0.png]](https://i.imgur.com/HNzGrm0.png)
—Si, cariño, es enorme.
Le gustaría utilizar esa frase en contextos más divertidos e íntimos. ¿Qué diablos hacía un oso gigante en medio de un festival que parecía haber sido preparado con perspicacia y dedicación? ¿Ningún cazador había revisado la verde espesura con antelación? ¿El aroma del apetitoso festín invitaba a los animales a degustar manjares que la tierra ya no les ofrecía?
—Vámonos de aquí, Ry… —La frase queda a medio acabar cuando se percató de la ilusionada mirada de su acompañante. —¿Qué mierda se supone que dices? ¡Cierra la maldita boca, Ryota! —El intento de susurro escapó con fuerza, en un grito que contrastaba con el ajeno, acostumbrada a no dudar en palabra y acciones. — ¡Comida es en lo que nos convertirás!
La mano se extiende intentando tomar el brazo del hombre para retenerlo. Sin éxito alguno el castaño marchó provocando que el entrecejo de la amazona volviera a fruncirse. —¡Lo que me faltaba! ¡Te quedas solo en esta, cariño! —Las duras palabras emergen, mas el ruido de los tacones no se escucha en medio del caos, no hay pasos que busquen una salida o la solitud del abandono, no. El arco se eleva, la cuerda se tensa y la fecha reposa a la espera de verse liberada. Un paso tras otro, lentos, en dirección hacia él. ¿Está odiando al castaño? Definitivamente, pero no lo suficiente como para dejarlo. ¿Por qué? ¿Por amistad? ¿Por cariño? ¿Por nostalgia? Porque se lo piensa tirar en cara, obligarlo a deberle un favor y, claro, ¡porque ella no es ninguna cobarde!
—¡Suelta eso, cariño! ¡Prometo que si lo sueltas te dejaré jugar con el osito más luego! —Runin siente que la mente de Ryota se ha perdido. ¿Habrá tomado sake sin que se diera cuenta? ¿Se habrá atragantado con el chicle y la falta de oxígeno estaba atrofiando su cerebro? ¿O era ese inmenso cariño hacia los animales lo que le hacía actuar como un maldito suicida?
Tose un poco, siente la madera ceñirse a sus dedos y a la bestia en medio del fuego que no deja de extenderse. La flecha vacila entre el trozo de carne que Ryota levanta y el oso que parecía ir cada vez más rápido. Alguien se va a enfadar mucho y, aún así, nadie es capaz de enojarse más que la propia Runin. Así que levantando el mentón suelta la flecha en dirección al oso, buscando darle en el rostro.
![[Imagen: u4EdgOD.png]](https://i.imgur.com/u4EdgOD.png)
—¡La próxima flecha irá en tu trasero así que múevete ya, Ryota!
Resumen
