[T1 - Autonarrada] A laburar por tus sueños
#1
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29 de Otoño, Año 16

Isla Karate. Un territorio de vastos paisajes donde los campos de arroz se extendían como espejos verdes bajo el sol, las montañas se alzaban escarpadas hacia el cielo, y bonsáis milenarios parecían brotar directamente de los cimientos de la tierra. En la ladera central, los dojos se alineaban como guardianes silenciosos, respirando disciplina y tradición, otorgando a la isla su nombre y su alma marcial.

Caminando por los senderos que bordeaban los arrozales, avanzaba Ryota Miyamoto, autoproclamado pirata y aventurero: un joven que surcaba los mares siguiendo únicamente el rumbo de sus propios deseos. El sol, implacable, caía sobre su cabello castaño, y el sudor le resbalaba por el rostro, descendiendo hasta empapar la tela de su camisa y el collar con forma de ancla que llevaba siempre puesto. Relamió sus labios resecos, buscando con la mirada alguna fuente de agua más allá del interminable mar verde de arroz.

Entonces lo vio: un arroyo, serpenteando entre las piedras y alimentando los cultivos. Sin pensarlo, se dirigió hacia allí, aunque el trayecto no resultó nada cómodo. Su calzado, antes blanco, se tornó marrón por el barro, y la ropa empezó a pegarse a su piel con la humedad y el sudor. Aun así, siguió adelante. Un paso más, solo un poco más, hasta que el murmullo del agua se volvió claro y las gotas frescas le salpicaron el rostro. Se inclinó y hundió las manos, dejando que el alivio recorriera su cuerpo al contacto con el agua limpia.

La alegría, sin embargo, no duró demasiado. Una mano firme lo tomó del cuello de la camisa y lo lanzó hacia un costado.

—¡EH! ¡¿Qué haces?! — gritó una voz ronca. —¡No ensucies el agua! Malditos extranjeros, siempre vienen a echarlo todo a perder. ¡Saca tus sucios zapatos del río!—

—¡Hey, hey, bro! —replicó Ryota, forcejeando hasta que el desconocido lo soltó justo cuando sus zapatos salieron del arroyo. Con expresión fastidiada, se peinó los mechones húmedos y alzó la vista hacia quien lo había interrumpido en su tan ansiado momento de gloria líquida.

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De inmediato, todo rastro de conflicto desapareció del rostro de Ryota. Frente a él se encontraba una joven de cabello oscuro recogido, ojos violáceos y ropas desgastadas por el trabajo. Hermosa, incluso con el ceño fruncido.

—Hey… —murmuró él, alzando las cejas con una coquetería tan innecesaria como descarada.

La joven lo escudriñó de arriba abajo, suspiró con evidente cansancio y le dio la espalda.

—Solo quítate los malditos zapatos. Con esta agua se limpia el arroz con el que todas las familias del valle se alimentan. —Su tono fue tan exasperado que dejaba claro que no era la primera vez que tenía que repetir aquello en el día.

—Ah, claro, tienes razón… lo lamento. —Respondió Ryota, apareciendo de nuevo a su lado sin que ella notara cuándo había empezado a seguirla.

—El agua para el consumo se recoge de pozos más limpios —continuó la muchacha, cambiando ligeramente de dirección— y una vez a la semana se puede usar el arroyo. Hay algunas vertientes si sabes buscarlas, por si te da sed en el camino y… —se detuvo de golpe, mirándolo con el entrecejo fruncido—. ¿Qué demonios haces siguiéndome?

—Kekeke, qué agresividad —rió Ryota, manteniendo el paso sin perder su tono ligero. — Como dijiste antes, soy un extranjero, así que me preguntaba si podrías mostrarme esas vertientes. — Se inclinó apenas, buscando sus ojos con descaro —. Vamos, una cara tan linda no debería enojarse por los errores de un ignorante, ¿no crees? —

La joven pareció debatirse un momento. ¿Ignorarlo o ser amable? Finalmente, soltó un suspiro.

—Honestamente, no tengo tiempo; es época de cosecha y los insectos harán de las suyas si no logramos recolectar el arroz a tiempo. —Estuvo a punto de apartar la mirada, pero una sonrisa súbita le iluminó el rostro. — A menos que nos des una mano. Si ayudas, prometo darte agua y algo de comida. ¿Te parece un buen trato? — Extendió la mano hacia él con gesto firme. — Por cierto, me llamo Nezha.—

Ryota no dudó. Odiaba trabajar y más aún sudar por cuenta ajena, pero en ese momento podía ignorar ambos hechos, al menos hasta conocerla mejor.

—Me parece un buen trato. Por favor, cuida de mí, Nezha. Me llamo Ryota. —Su mano se unió a la de ella, sellando un acuerdo tan improvisado como conveniente para ambos.

Poco después, caminaron juntos entre los arrozales hasta llegar a la zona de cosecha. Decenas de campesinos trabajaban sin descanso: algunos cortaban el arroz y lo amontonaban en grandes lonas, mientras otros cargaban aquellos fardos hacia el camino, donde una decena de carretas aguardaba para transportar la cosecha hasta el pueblo.

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—Waw… realmente se esfuerzan aquí… —

Ryota observó maravillado la escena: decenas de campesinos doblando la espalda bajo el sol, sus movimientos rítmicos al cortar el arroz y el sonido constante de las hoces rozando los tallos. —¿Cuánto tiempo dijiste que debía hacerlo para ganarme la comida y la bebida? —preguntó, sólo para asegurarse de que no fuera tanto como para morirse antes de conquistarla.

Nezha apenas contuvo una sonrisa ante la pregunta. Sus labios permanecían apretados, como si intentara no delatar la diversión que le causaba aquel extranjero. Se alejó unos pasos y regresó con dos hoces.

—¿Ves aquella casa, allá arriba en el sendero? —dijo entregándole una. — Terminaremos cuando la dueña toque cinco veces la campanilla de loto. Eso significará que la jornada ha terminado y podremos reponer energías. — Termino, viendo en él un gesto de duda. —¿Acaso es mucho trabajo para ti? —

—Claro que no…¿quieres apostar? —comentó Ryota con un tono más serio, como si el mero hecho de hablar sobre apuestas realmente lo motivara.

—De acuerdo, haha, si consigues hacer todo el trabajo, te pagaré tu esfuerzo con dinero más allá de comida y bebida. —Mencionó Nezha.

— ¿Y después de eso también estarás libre, Nezha? Podemos reponer energías conociendo la isla. Tú, yo, una copa de sake. —La miró con una sonrisa ladeada.

Ella apenas le lanzó un par de guantes en la cara.

—Sí, estaré libre —replicó, con una paciencia casi tierna — Pero no salgo con vagos, así que empieza a mover las manos. — Se colocó sus guantes con soltura y comenzó a trabajar con la naturalidad de quien lleva haciéndolo toda su vida. —Antes de pensar en el té o el sake, deberías pensar en que te den agua. Tienes los labios resecos, y a nadie le gusta eso. —Le dio la espalda con brutal honestidad.

—Me alegra que te fijes en esas cosas. Digo, no sabía que mirabas tanto mis labios. —replicó Ryota, riendo con picardía. Por el leve rubor en las mejillas ajenas, supo que había conseguido lo que quería.

A partir de entonces, la jornada se le hizo eterna. Le asignaron la tarea de cargar los sacos de arroz hasta las carretas, y aunque su espíritu aventurero era grande, su fuerza no tanto. Después de apenas dos viajes, ya estaba destrozado, el sudor corriéndole por el cuello y la espalda.

—Esto es ridículo… ¿por qué demonios trabajan tanto? —Pensó, dejando caer el siguiente costal y se peinaba el cabello hacia atrás.

—¿Descansando tan pronto? —La voz de Nezha le llegó desde los campos, burlona. — Creí que te interesaba un poco más esa copa de sake. —Ella seguía cosechando con una soltura envidiable, como si el calor no la afectara en absoluto.

—Kekeke, ¿descansar? Nah, no me canso fácilmente, Nezha. Si quieres, te lo demuestro. —Le guiñó un ojo con descaro, provocando las risas de los campesinos y un tono carmesí en las mejillas de la muchacha.

—¡Cállate y trabaja, tonto! —exclamó ella, tratando de esconder su sonrojo tras una máscara de fastidio.

Ryota suspiró. Sabía que no aguantaría toda la tarde. Necesitaba una salida rápida, ingeniosa... o ambas. Fue entonces cuando, al dejar un costal en la carreta, vio a un grupo de turistas recorriendo los senderos.
—¡Hey! ¿Son nuevos por aquí? —Saludó, levantando una mano y mostrando su mejor sonrisa.

—Estamos de pasada, sí. Esperamos que el crucero se abastezca de comida —respondió un hombre con sombrero de paja, amable.

—¡Qué coincidencia, bro! —improvisó Ryota, acercándose. — Yo también vine de paso, pero esta isla me cautivó. ¿Sabían que si cosechan arroz en esta época del año, la diosa local bendice sus alimentos por todo un año? ¡Incluso hay sake y comida al final del recorrido!—

Los turistas se miraron, curiosos.

—Si quieren, puedo enseñarles cómo hacerlo —añadió, dándole su hoz al hombre del sombrero.

En cuestión de minutos, las risas reemplazaron al murmullo del trabajo. Los guantes pasaron de mano en mano, los jóvenes competían por llenar las lonas más rápido, y Ryota, sentado cómodamente sobre una carreta, dirigía las labores con la confianza de quien lleva toda la vida haciendo justo eso.

—¿Qué se supone que haces? —preguntó Nezha, entre confundida y atónita al ver a los turistas trabajando bajo sus “indicaciones”.

Ryota levantó los hombros, satisfecho.

—Hay que trabajar inteligente, no duro. —Sonrió, aceptando el cuenco de agua que ella le ofrecía — Eso último, solo en otras circunstancias. —

Ella evitó mirarlo, notoriamente sonrojada, antes de hacer sonar una pequeña campanilla.

—¡Tú ganas! Iremos por ese sake. —Y, desde la casa en el sendero, resonaron cinco notas más, anunciando el final de la jornada. —¡Buen trabajo a todos! —

Los sacos estaban cargados, el día terminado, y Ryota había conseguido exactamente lo que quería: agua, comida… y la atención de Nezha.

Horas después, ambos compartían una copa de sake en un pequeño bar del pueblo. Ryota inflaba globos de chicle con aire distraído, mientras ella hablaba sobre las costumbres del valle.

—Oh, casi lo olvido —dijo Nezha, colocando una pequeña bolsa sobre la mesa. — Tu pago por el trabajo, una apuesta es una apuesta. Y esta — añadió, dejando otra más grande. — Es para los demás.—

—No te preocupes, yo se las entregaré. —Respondió Ryota, tomando ambas con agrado. Claro que jamás lo haría, pero ese sería un detalle que Nezha nunca llegaría a saber.

NEZHA

Primera cita de Ryota en karate - Nezha.

Karmas Activos
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[T1 - Autonarrada] A laburar por tus sueños - por Ryota Miyamoto - 27-10-2025, 05:27 AM

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