[EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 2 [GRUPO 3]
#9
Stroud jadeaba ligeramente, su mente maquinando a toda prisa, intentando desentrañar en qué situación había dado a parar. Hacía apenas unos segundos, surcaba la cima de Cabos Gemelos junto con su División, y repentinamente... aquella jaula, fuese lo que fuese aquello. Sentía cómo volvía en sí, cómo su agilidad mental se recuperaba tras el shock inicial, no sin cierta dificultad. Las figuras a su alrededor habían empezado a unirse en parejas, siguiendo prácticamente el mismo proceso que él con Moja. ¿Les había pasado a todos lo mismo? Ellos no parecían Marines, desde luego, pero no parecían una tripulación pirata. Entornó los ojos, observándolos, mientras Moja se incorporaba junto a él. Ante su pregunta, Stroud asintió con la cabeza, resoplando. "Estoy bien," afirmó, "dolorido, pero bien. ¿Y tú?" inquirió, haciendo un ademán con la cabeza hacia el mink. Pensó en emplear su Den Den Mushi e intentar ponerse en contacto con Bertram y Kibai, pero primero debía apuntalar su seguridad y la de Moja. Hubiera sido una imprudencia hacer una llamada allí mismo, con aquella gente delante.

Un tipo larguirucho, de melena negra recogida en una coleta, se había levantado también, hablando con otra de las figuras. La mujer, que debía de rondar o superar los tres metros y medio o cuatro, empezó a decir chorradas ininteligibles antes de ponerse a chillar. Stroud alzó una ceja. "Debe de haberse golpeado la cabeza al caer," pensó para sí. De entre los demás presentes, un tipo de pelo rojo empezaba a vociferar, quién sabía a quién o por qué, y pareció ponerse aún más nervioso al reparar en la presencia y condición de los Marines. Stroud afirmó con la cabeza, sus sospechas confirmándose. De hecho, aquel tipo estridente le sonaba de algo... ¿Lo había visto en el periódico? No podía estar del todo seguro. La cabeza aún le daba vueltas, y bajo la tenue luz de la luna era complicado tener ninguna certeza. El pelirrojo parecía estar entrando en pánico y hablando de su detención. Nada le hubiera gustado más a Stroud, naturalmente, pero debía contenerse. La situación, pese a la aparente calma del momento, era crítica: encerrados en un lugar desconocido, presumiblemente al otro lado de la Red Line, y rodeados de desconocidos, probablemente piratas o malhechores de diverso pelaje. Aquello requeriría de toda la prudencia que pudiese aunar, especialmente si no querían encontrarse en una cacería y en evidente desventaja numérica. "No tenemos motivos para detener a nadie, cálmese," sentenció, sin moverse del lugar, su voz, tan monótona como acostumbraba a ser, retumbando entre las paredes de piedra. Era estrictamente cierto: sin identidad confirmada, y sin verlo romper ninguna ley, no era urgente proceder a un arresto; ya habría tiempo para eso cuando hubiesen estabilizado la situación. Una mujer de tamaño monstruoso, tal vez una oni por las protuberancias que parecían coronar su cabeza, agarró y zarandeó al pelirrojo, haciendo por tranquilizarlo. "Gracias," dijo Stroud, haciendo con la cabeza un ademán de agradecimiento hacia la oni.

"¡Bien, calmaos todos!" decretó Stroud, haciendo un gesto con las manos. Su primera reacción, tal vez natural para un Marine, había sido la de poner bajo control al grupo. Parecía que ninguno de ellos tenía intención de empezar a pelear aún, y ese era el único momento en que uno podía intentar algo como aquello. Su voz, pese a su monotonía, gozaba de una autoridad natural, fruto de su capacidad de coordinación en situaciones complicadas como aquella. Casi podían oírse los engranajes de su cerebro trabajando a toda máquina por controlar la situación. "No hay motivo para la alarma, tiene que haber una forma de salir de aquí. Lo primero, cercioraos de estar bien, o al menos de poder moveros. Soy el contramae..."

Su discurso, sin embargo, fue cortado de raíz cuando algo emergió de entre las sombras de aquel lugar, del extremo opuesto a su localización, y golpeó al muchacho pelirrojo antes de ir a por el joven de pelo negro. "¿Espectáculo? ¿Presas?," pensó para sí, apretando los dientes. Aquellos a quienes había atacado no parecían ningunos debiluchos, y esa cosa parecía haberlos casi doblegado en un instante. La situación acababa de empeorar drásticamente en cuestión de unas milésimas de segundo. La escala de peligrosidad de aquel monstruo sobrepasaba con creces la de cualquiera de los presentes. Es más, parecía que aquella criatura los había estado esperando allí. ¿Esa cosa había estado allí todo ese tiempo, y él no se había percatado? Se reprendió mentalmente por aquel error de atención. Sus sospechas no solo se confirmaban, sino que todo parecía ir significativamente más allá de lo que se hubiese podido temer. Aquello había sido alguna clase de trampa, una en la que habían caído con facilidad pasmosa. Mientras, en lo que era casi un tic nervioso, se ceñía los guantes con nerviosismo, su interior pugnaba por no sucumbir al pánico y, en su lugar, su mente había empezado a trabajar a toda velocidad, o a toda la velocidad que le era posible en aquel momento. Percatándose de cómo se había situado la criatura, que se había llamado a sí misma Uoni Sakana, trianguló la posición relativa de los presentes, visualizando cómo estaban distribuidos. No podía sucumbir al terror, no era lugar. Debía pensar, debía ocurrírsele algo, antes de que aquella cosa los abrumara.

Ambientación

Ese monstruo era evidentemente superior a cualquiera de ellos, y tal vez al conjunto de ellos, y resultaba obvio que cualquier oportunidad que pudiesen aspirar a tener contra él pasaría por una cierta coordinación. Mientras Uoni se situaba frente a la enorme birkaniana, Stroud aprovechó para hacerse ver por el grupo, gesticulando con los brazos. Con un poco de suerte, el blanco casi resplandeciente de su uniforme lo haría lo suficientemente visible en aquellas condiciones. Se le pasó por la cabeza que aquella era una metáfora ideal, la Marina resplandeciendo en la oscuridad. Sus dotes poéticas eran, evidentemente, bastante limitadas. En un ángulo que Uoni no pudiese ver, hizo un gesto sutil y rápido, del tipo que los Marines acostumbraban a utilizar en momentos que requiriesen sigilo, en un ademán circular con su dedo índice, y rezó por que lo entendiesen.

Una gota de sudor resbaló por su sien. Fuera lo que fuese que hicieran, aquello requeriría, naturalmente, un sacrificio, alguien que llamase la atención de aquella cosa y fuese capaz de captar su atención mientras el resto del grupo decidía qué hacer, alguien que pudiese recibir un par de golpes. Seguramente él fuese el mejor candidato para eso. Poco a poco, en su mente empezaba a asentarse la idea de que aquel era un peligro real, muy lejano a cualquier cosa a la que se hubiese enfrentado previamente. No tenía ni idea de quiénes eran todas aquellas personas, pero, de alguna forma, confiaba en que fuesen todos en el mismo bando, al menos ante una amenaza tan evidente. Era el momento de que brillase la Justicia; si moría, moriría como debía morir un Marine, enfrentándose a monstruos. Con el abrigo blanco ceñido a los hombros, ondeando tras de sí como una capa, Stroud corrió con rapidez hacia Uoni desde su lateral, tomando carrerilla para situarse junto a él con un veloz salto, en un movimiento ágil que le permitiese, con un poco de suerte, pillarlo desprevenido por su flanco derecho. En cuanto estuvo a tiro, supo que era el momento. No le hacía ninguna gracia mostrar sus habilidades frente a tantos desconocidos, pero no podía contenerse. "Strength Beyond...," murmuró, mientras su puño derecho adquiría la textura y consistencia del mochi, comprimiéndose hacia su interior como un muelle bajo presión, justo antes de endurecerse y, soltando toda la tensión, extenderse elásticamente de nuevo hacia la criatura, impactando de lleno en el lateral derecho de su cabeza. "... ¡Strength!"

Tras el impacto, dio un pequeño salto hacia detrás, quedando a un escaso par de metros de la misma, mirando en su dirección. Había algo en aquella cosa que le repugnaba a un nivel profundo, algo visceral que lo hacía querer acabar con ella, y se había podido percibir en la crudeza de su golpe. Supo en aquel instante que no iba a morir allí, no así. "¿Y tú qué cojones se supone que eres?," inquirió finalmente el Marine, torciendo el gesto en una mueca de asco.

Off
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1536 + 0 = 1536
Energia: 1345 - 105 = 1240
Espiritu: 204 + 0 = 204


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RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 2 [GRUPO 3] - por Stroud Nanashi - 27-10-2025, 12:45 PM

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