28-10-2025, 06:01 PM
El eco de aquella risa profunda retumbó en la selva como un trueno. Las aves cercanas alzaron el vuelo entre chillidos, y hasta un par de dinosaurios herbívoros al fondo giraron la cabeza, alzando la vista del riachuelo del cual bebían agua, desconcertados por el sonido. Frente al "gigante", sin embargo, reinó el desconcierto momentáneo en los rostros de los pequeños exploradores. Al principio reaccionaron riendo a la forma y la teatralidad de la respuesta de Ubbe, hasta que aquella palabra fue pronunciada.
Los tontatta eran extremadamente honestos, rozando la estupidez, y la literalidad de sus palabras acostumbraba a ser excesiva. Por ello, una comparación para cualquier otro inocente podía verse como una descripción muy ofensiva a sus ojos. Eran comúnmente confundidos con hadas, duendes y demás entidades, que entendían como algo propio del desconocimiento ajeno y no de la maldad. Pero, cuando eran comparados con pequeños animales, se sentían doblemente ofendidos. Primero, subestimándolos por su tamaño. Segundo, faltando al respeto a su raza al compararla con una especie animal. Pero, si algo odiaban especialmente, era ser comparados con insectos.
Chip y Chop se quedaron paralizados, mirándose el uno al otro con los ojos muy abiertos, como si no pudieran creer que aquel gigante se estuviera riendo de ellos. Luego, casi al unísono, fruncieron el ceño con teatral indignación, cruzando los brazos.
- ¡Oye, oye, Chip! ¿¡Ha dicho que somos mosquitos!? -preguntó desconcertado el luchador al arquero, casi incrédulo por lo que acababa de escuchar.
- ¡Sí, sí, Chop! ¡Lo ha dicho, lo ha dicho! -replicó este, igualmente enfadado.
Entonces ambos, que vieron cómo el coloso chasqueaba los dedos frente a ellos, con ese gesto entendido por ellos como una provocación, se miraron, y de inmediato imitaron el gesto con sus diminutas manos. El sonido, un "tic" apenas audible, se perdió entre las hojas, pero ellos lo hicieron con toda la convicción del mundo. Entonces, ambos gritaron al unísono.
- ¡Chip y Chop, Baby!
Sin mediar más palabra, ambos salieron disparados tan velozmente que desaparecieron de la vista del grandullón.
Chip se alejó rápidamente, posando su vista sobre el antebrazo del coloso, mientras tensaba su minúsculo arco, formado por una ramita flexible con una cuerda hecha de hilo vegetal. Sin vacilar, apuntó con toda la concentración del mundo, soltando el proyectil a una velocidad endiablada, que se perdió de vista nada más salir disparada. La flecha, que no era más que un mondadientes afilado y endurecido al fuego, silbó por el aire y se clavó en el antebrazo de Ubbe con un sonido seco. Apenas un pinchazo, incapaz de dañar de gravedad a su adversario, pero suficiente para marcar su orgullo.
- ¡Así aprenderás...!
Al mismo tiempo, Chop corrió con sorprendente velocidad cargando contra la pierna del gigante, dio un salto acrobático y descargó un golpe directo en su espinilla, justo con el alambre de espino enroscado en su guante.
- ¡...a respetar a los Tontatta!
El impacto de ambos fue leve, pero la intención desafiante de los pequeños era clara. Ese grandullón aprendería a respetarlos, por las buenas o por las malas.
Los tontatta eran extremadamente honestos, rozando la estupidez, y la literalidad de sus palabras acostumbraba a ser excesiva. Por ello, una comparación para cualquier otro inocente podía verse como una descripción muy ofensiva a sus ojos. Eran comúnmente confundidos con hadas, duendes y demás entidades, que entendían como algo propio del desconocimiento ajeno y no de la maldad. Pero, cuando eran comparados con pequeños animales, se sentían doblemente ofendidos. Primero, subestimándolos por su tamaño. Segundo, faltando al respeto a su raza al compararla con una especie animal. Pero, si algo odiaban especialmente, era ser comparados con insectos.
Chip y Chop se quedaron paralizados, mirándose el uno al otro con los ojos muy abiertos, como si no pudieran creer que aquel gigante se estuviera riendo de ellos. Luego, casi al unísono, fruncieron el ceño con teatral indignación, cruzando los brazos.
- ¡Oye, oye, Chip! ¿¡Ha dicho que somos mosquitos!? -preguntó desconcertado el luchador al arquero, casi incrédulo por lo que acababa de escuchar.
- ¡Sí, sí, Chop! ¡Lo ha dicho, lo ha dicho! -replicó este, igualmente enfadado.
Entonces ambos, que vieron cómo el coloso chasqueaba los dedos frente a ellos, con ese gesto entendido por ellos como una provocación, se miraron, y de inmediato imitaron el gesto con sus diminutas manos. El sonido, un "tic" apenas audible, se perdió entre las hojas, pero ellos lo hicieron con toda la convicción del mundo. Entonces, ambos gritaron al unísono.
- ¡Chip y Chop, Baby!
Sin mediar más palabra, ambos salieron disparados tan velozmente que desaparecieron de la vista del grandullón.
Chip se alejó rápidamente, posando su vista sobre el antebrazo del coloso, mientras tensaba su minúsculo arco, formado por una ramita flexible con una cuerda hecha de hilo vegetal. Sin vacilar, apuntó con toda la concentración del mundo, soltando el proyectil a una velocidad endiablada, que se perdió de vista nada más salir disparada. La flecha, que no era más que un mondadientes afilado y endurecido al fuego, silbó por el aire y se clavó en el antebrazo de Ubbe con un sonido seco. Apenas un pinchazo, incapaz de dañar de gravedad a su adversario, pero suficiente para marcar su orgullo.
- ¡Así aprenderás...!
Al mismo tiempo, Chop corrió con sorprendente velocidad cargando contra la pierna del gigante, dio un salto acrobático y descargó un golpe directo en su espinilla, justo con el alambre de espino enroscado en su guante.
- ¡...a respetar a los Tontatta!
El impacto de ambos fue leve, pero la intención desafiante de los pequeños era clara. Ese grandullón aprendería a respetarlos, por las buenas o por las malas.
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