20-10-2023, 01:36 PM
Desde su llegada a Logue Town, Enma había estado la mayor parte del tiempo con Derya y Khruner. Se perdieron por sus calles para conocerla más a fondo, pidieron información en diferentes tabernas, compraron algún que otro detalle y celebraron su encuentro con un par de cervezas. En el caso de Enma, un café. Debido a su infancia, todavía no había superado el hecho de que ya era una persona adulta (en términos legales), así que en algunas ocasiones -como ésta- se ceñía a las normas y conductas más adolescentes. Pero después de haber pasado más de media tarde con ambos, Enma decidió adentrarse él sólo en las pequeñas calles que aquella ciudad escondía, encontrar sitios que le pudiesen fascinar y alimentar su curiosidad y, por qué no, continuar aprendiendo sobre su oficio. Ahora que tenía a quien cuidar, tenía que ser el mejor médico del mundo. – Oye… yo me voy… Quiero buscar… algo... – Susurró, para después separarse del grupo.
Entró en varios lugares. Boticarios, la mayor parte de ellos. Uno de ellos le resultó particularmente llamativo, pues hablaba de ‘tejidos curativos’. ¿Qué era eso? Entró para descubrirlo. – Hola… - Comenzó a ojear las estanterías. Estaban repletas de pócimas extrañas, algunas de ellas con varias hierbas en su interior, de libros completamente carcomidos y de una sección de tejidos especiales. O eso ponía en el cartel. Pero eran trapos. Unos trapos que cualquier persona podría emplear en su cocina o para limpiar cualquier desperdicio. Pero algo le había llamado la atención. – Vaya, señor, veo que le interesa nuestra especialidad. – El vendedor se acercó. – Verá, tan sólo tiene que ponerlo en la zona infectada, y por nuestra fórmula secreta, las heridas comenzarán a sanar más rápido. No es inmediato, pero acelera el proceso. Son muy curativas. – Le puso uno de ellos alrededor de la muñeca. – Lleve este y ya me lo dirás en un tiempo. Son mágicos. – Expresó, con una gran sonrisa. El pelirrojo, carente de habilidades sociales, y mucho menos comerciales, simplemente asintió y se despidió. – Gracias… señor… - Cerró la puerta. Ojeó el trapo y lo cierto es que sentía que aliviaba. Sentía calor en la zona, un calor intenso pero cálido. Familiar, incluso. – Podré… ¿Podré aplicar esta fórmula para las tiritas…? – Quizá, si lograra descubrir si eso era real, podría crear su propio ‘tejido especial’. Tiritas curativas. ¿De qué hablaba esta gente?
Continuó caminando por las calles y entró en una taberna con mucho bullicio. Había una persona inmensa y otra no tanto. Eran Panda y Kovashi que, para sorpresa de nadie, estaban bebiendo un poco. – Hola… – Se sentó al lado de Panda, haciéndose un hueco. – Me gusta cómo… trabajáis por la revolución… – Levantó la mano para avisar a la persona que estaba trabajando y pedir un zumo. – De naranja… – Susurró. – ¿De qué… hablabais? – Estaba algo curioso por el tema de conversación que podrían tener.
