29-10-2025, 08:26 PM
Un gesto de molestia se instauró en su rostro cuando las garras del gato rasgaron su piel tostada. En consecuencia, exhaló un suspiro entre dientes y lo apremió a que se moviera de donde estaba pues, al final, ¿a quién le gusta ser aruñado? Además, esa difusa línea carmesí que ardía podía haberse evitado si, el animal, simplemente se hubiera limitado a seguirle como un perro.
Negó con la cabeza.
Después, posó la mano sobre la cabeza del animal y le dió un suave tirón en la oreja más cercana, llamándole la atención por su comportamiento. Luego, sin volverse, emprendió el paso, ignorando el rumor que empezaba a crecer a su lado del oído. ¿Sería el gato quejándose?
Sin pensar más en ello, avanzó entre el gentío bullicioso, sorteando los cuerpos sudorosos de los transeuntes, y el gato —encaramado a su hombro— se removió inquieto, emitiendo lo que ella creía que era un maullido. Tampoco le dio importancia; en su mente sólo era un animal quejica que quería una gran comodidad cuando era imposible.
Pero entonces algo cambió.
Un murmullo distinto por parte del gato, discordante, recorrió sus nervios y le hizo sentir que algo andaba mal. Se quedó parada, volteó a todas partes pero... Nada. Todo parecía seguir su curso. Volvió a llevar la mano a la cabeza del animal para acariciarlo mientras le susurraba dulces y tranquilas palabras par si algo lo había molestado. Después, continuó andando hasta llegar a una pequeña tienda de abastos en la que, con un gesto, instó al animal a que eligiera algo para comer en lo que ella escogía un poco de fruta y pagaba.
—¿Listo para conocer tu nuevo hogar? —preguntó poco antes ponerse a pelar la naranja que había comprado.
Negó con la cabeza.
Después, posó la mano sobre la cabeza del animal y le dió un suave tirón en la oreja más cercana, llamándole la atención por su comportamiento. Luego, sin volverse, emprendió el paso, ignorando el rumor que empezaba a crecer a su lado del oído. ¿Sería el gato quejándose?
Sin pensar más en ello, avanzó entre el gentío bullicioso, sorteando los cuerpos sudorosos de los transeuntes, y el gato —encaramado a su hombro— se removió inquieto, emitiendo lo que ella creía que era un maullido. Tampoco le dio importancia; en su mente sólo era un animal quejica que quería una gran comodidad cuando era imposible.
Pero entonces algo cambió.
Un murmullo distinto por parte del gato, discordante, recorrió sus nervios y le hizo sentir que algo andaba mal. Se quedó parada, volteó a todas partes pero... Nada. Todo parecía seguir su curso. Volvió a llevar la mano a la cabeza del animal para acariciarlo mientras le susurraba dulces y tranquilas palabras par si algo lo había molestado. Después, continuó andando hasta llegar a una pequeña tienda de abastos en la que, con un gesto, instó al animal a que eligiera algo para comer en lo que ella escogía un poco de fruta y pagaba.
—¿Listo para conocer tu nuevo hogar? —preguntó poco antes ponerse a pelar la naranja que había comprado.
