30-10-2025, 12:43 AM
(Última modificación: 30-10-2025, 10:45 AM por Uoyon Sakana.)
Admiraba con un aire de merecida superioridad al alado enmascarado cuando, un leve haz de luz azul eléctrico junto al grito de una palabra ininteligible me hizo desviar momentáneamente mi atención del Lunarian hacia la procedencia de aquella voz, encontrándome al marine pelirrojo disparando dos flechas relampagueantes que se dirigían hacia mi gloriosa figura.- Es hermoso… Pero peligroso… - Pensé, no pudiendo evitar llevar mi memoria al peligro que suponía combatir junto al hermano menor de los Sakana dado su poder destructivo. No quería ni imaginarme lo que debía suponer recibir una descarga para mí perfecto y resplandeciente cutis.
Me disponía a desplazarme para esquivar aquellos dos proyectiles cuando ocurrieron dos sucesos simultáneos. Por un lado, de la nada, pude notar como mi cuerpo se sentía cortado, pesado, agarrotado, y mi mente algo más espesa de lo normal. Algo típico de cuando uno estaba incubando una enfermedad. Por el otro lado, aprovechando que había dejado de enfocar mi atención en él un disparo, proveniente de ahora mismo flanco derecho - dirección en el que estaba situado el Lunarian -. Un disparo que podría haber sido devastador pero que, gracias a los poderes que adquirí tras consumir aquella fruta extravagante, hizo que se deslizara a través de mi tersa y suave piel, amortiguando considerablemente el impacto y haciendo que, prácticamente, me hiciera cosquillas, no consiguiendo siquiera que apartara mi mirada sobre las flechas que se dirigían hacia mí.
En ese entonces, aplicando las extrañas pero bellas habilidades de aquel fruto proveniente del mismísimo diablo, hizo que la planta de mis impolutos y desnudos pies se extra suavizaran, eliminando toda la fricción existente entre ellos y el suelo rocoso y permitiéndome, de ese modo, deslizarme a gran velocidad mientras me desplazaba, tal y como si estuviera patinando sobre una capa hielo. Esquivando con elegancia y gracilidad las dos flechas que se perdían a mis espaldas, me dirigí hacia el arquero que, sin lugar dudas, era el sujeto que más peligro había presentado hasta entonces. Conforme recortaba distancias con el marine de cabellos rojizos, la iluminación propia de un estallido de luz y una explosión se proyectaba a mis espaldas, pudiendo sentir como esta última me daba ligeramente, causándome un daño similar al que el Lunarian me había propinado.- Insectos insignificantes. - Me dije en mi mente, mientras acumulaba, una vez más, la humedad del aire en mi mano derecha, dejando que esta se condensara en la palma de mi diestra en forma de gota.
Cuando estaba aproximadamente a unos cinco metros de mi objetivo contraje mi brazo derecho, hasta que quedé a dos metros de él, momento en el que lo desplegué hacia él para disparar la gota hacia su hombro derecho que, gracias a la velocidad de la proyección, pronto se tornó en una bala acuática, que perforaría su grasosa y horrenda piel. Pero ahí no había acabado, vaya que no.
Sin cesar mi movimiento, y aprovechando la inercia de la velocidad que había adquirido gracias a mi hermoso patinaje, salté diagonalmente, pero esta vez hacia el temeroso y llamativo mink, que había escogido resguardarse tras el marine, alargando mi cola - trasera - hacia su cuello, enrollándola con fuerza alrededor de él con la intención de estrangularle para, seguidamente, acabar aterrizando justo delante de él, dedicándole una sonrisa llena de malicia y soberbia.
La luz de la luna bañaba mi resplandeciente piel, haciendo que mi figura resaltará y se suavizara aún más, juntando mis dos piernas y extendiendo mis dos brazos hacia los lados, dando lugar a una pose que emanaba poder mirara por donde se mirara. Mientras tanto, la voz de la fémina - quién estaba a su espalda, a unos 5 metros a mis 4:00, junto al humano moreno que estaba a 7 metros a mis 6:00 - no paraba de hablar sobre bobadas que, honestamente, no podían importarme menos. Sin embargo, al mencionar el brillo y calidad de mi piel, no pude evitar sentir como mi lado más vanidoso salía a la luz.- Veo que al menos entre los presentes hay alguien con un gusto extraordinario-uo. - Apreciaba las palabras de la misteriosa silueta, mientras aprovechaba el extremo de mi cola para retirar el antifaz de mi peluda víctima y, así, apreciar mejor su rostro en el último momento en el que fuera a exhalar su aliento.- El motivo por el que Uoyon-sama mantiene una piel tan brillante y suave es por una nuez de belcebú que consumí tiempo atrás, haciendo que mi dermis pasará a ser aún más increíble-uo. - Dejé una pausa algo dramática, sin dejar de clavar mi carmesíes pupilas en las del hurón antropomórfico. -Por tu increíble apreciación, prometo acabar con tu vida de la manera menos dolorosa posible, pero hasta entonces, alabad mi divina figura hasta que os llegue la sombra de la muerte UOHOHOHOHO. - Solté una carcajada llena de maldad, que resonó en el cubo pétreo, siendo escuchado también por el Lunarian ubicado a unos 39 metros a mis 7:00 y, por supuesto, por el marine herido que se hallaba a apenas un metro a mis 8:00
Me disponía a desplazarme para esquivar aquellos dos proyectiles cuando ocurrieron dos sucesos simultáneos. Por un lado, de la nada, pude notar como mi cuerpo se sentía cortado, pesado, agarrotado, y mi mente algo más espesa de lo normal. Algo típico de cuando uno estaba incubando una enfermedad. Por el otro lado, aprovechando que había dejado de enfocar mi atención en él un disparo, proveniente de ahora mismo flanco derecho - dirección en el que estaba situado el Lunarian -. Un disparo que podría haber sido devastador pero que, gracias a los poderes que adquirí tras consumir aquella fruta extravagante, hizo que se deslizara a través de mi tersa y suave piel, amortiguando considerablemente el impacto y haciendo que, prácticamente, me hiciera cosquillas, no consiguiendo siquiera que apartara mi mirada sobre las flechas que se dirigían hacia mí.
En ese entonces, aplicando las extrañas pero bellas habilidades de aquel fruto proveniente del mismísimo diablo, hizo que la planta de mis impolutos y desnudos pies se extra suavizaran, eliminando toda la fricción existente entre ellos y el suelo rocoso y permitiéndome, de ese modo, deslizarme a gran velocidad mientras me desplazaba, tal y como si estuviera patinando sobre una capa hielo. Esquivando con elegancia y gracilidad las dos flechas que se perdían a mis espaldas, me dirigí hacia el arquero que, sin lugar dudas, era el sujeto que más peligro había presentado hasta entonces. Conforme recortaba distancias con el marine de cabellos rojizos, la iluminación propia de un estallido de luz y una explosión se proyectaba a mis espaldas, pudiendo sentir como esta última me daba ligeramente, causándome un daño similar al que el Lunarian me había propinado.- Insectos insignificantes. - Me dije en mi mente, mientras acumulaba, una vez más, la humedad del aire en mi mano derecha, dejando que esta se condensara en la palma de mi diestra en forma de gota.
Cuando estaba aproximadamente a unos cinco metros de mi objetivo contraje mi brazo derecho, hasta que quedé a dos metros de él, momento en el que lo desplegué hacia él para disparar la gota hacia su hombro derecho que, gracias a la velocidad de la proyección, pronto se tornó en una bala acuática, que perforaría su grasosa y horrenda piel. Pero ahí no había acabado, vaya que no.
Sin cesar mi movimiento, y aprovechando la inercia de la velocidad que había adquirido gracias a mi hermoso patinaje, salté diagonalmente, pero esta vez hacia el temeroso y llamativo mink, que había escogido resguardarse tras el marine, alargando mi cola - trasera - hacia su cuello, enrollándola con fuerza alrededor de él con la intención de estrangularle para, seguidamente, acabar aterrizando justo delante de él, dedicándole una sonrisa llena de malicia y soberbia.
La luz de la luna bañaba mi resplandeciente piel, haciendo que mi figura resaltará y se suavizara aún más, juntando mis dos piernas y extendiendo mis dos brazos hacia los lados, dando lugar a una pose que emanaba poder mirara por donde se mirara. Mientras tanto, la voz de la fémina - quién estaba a su espalda, a unos 5 metros a mis 4:00, junto al humano moreno que estaba a 7 metros a mis 6:00 - no paraba de hablar sobre bobadas que, honestamente, no podían importarme menos. Sin embargo, al mencionar el brillo y calidad de mi piel, no pude evitar sentir como mi lado más vanidoso salía a la luz.- Veo que al menos entre los presentes hay alguien con un gusto extraordinario-uo. - Apreciaba las palabras de la misteriosa silueta, mientras aprovechaba el extremo de mi cola para retirar el antifaz de mi peluda víctima y, así, apreciar mejor su rostro en el último momento en el que fuera a exhalar su aliento.- El motivo por el que Uoyon-sama mantiene una piel tan brillante y suave es por una nuez de belcebú que consumí tiempo atrás, haciendo que mi dermis pasará a ser aún más increíble-uo. - Dejé una pausa algo dramática, sin dejar de clavar mi carmesíes pupilas en las del hurón antropomórfico. -Por tu increíble apreciación, prometo acabar con tu vida de la manera menos dolorosa posible, pero hasta entonces, alabad mi divina figura hasta que os llegue la sombra de la muerte UOHOHOHOHO. - Solté una carcajada llena de maldad, que resonó en el cubo pétreo, siendo escuchado también por el Lunarian ubicado a unos 39 metros a mis 7:00 y, por supuesto, por el marine herido que se hallaba a apenas un metro a mis 8:00
Contenido Oculto
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