30-10-2025, 10:29 AM
El aire seguía oliendo a hierro y miedo. A veces creía que podía saborear la angustia suspendida entre los golpes. Ahí estaba yo, custodiando de nuestra dulce voz que tanto nos inspiraba. Todo había pasado tan rápido que apenas tuve tiempo de pensar, siquiera de reaccionar: solo sentí el viento, un rugido, y luego el estruendo. Maki, Hyakindos… sus movimientos eran tan potentes que hasta el suelo temblaba, pero algo cambió. Un golpe seco, un silencio corto y el sonido inconfundible de algo o alguien cayendo. Dong. Lo supe antes incluso de escuchar su cuerpo impactar, aunque era difícil no identificar el sonido de tanto peso cayendo sobre el suelo. El retumbar bajo nuestros pies era único, bueno, más que bajo mis pies, bajo los de Gwen, supuse.
El corazón se me subió a la garganta. Me llevé un mechón de cabello tras la oreja, más por nervios que por costumbre, intentando pensar. La voz de Gwen se alzó entre tanto caos, un eco cálido que me devolvió la dirección. Podía olerla. Su cabello, la fragancia dulce que llevaba siempre, su respiración agitada, me guié por los aromas, por la vibración de sus pasos, hasta sentir de nuevo esa textura de sus cabellos rozando mi piel.
— Vas a notar un cosquilleo —le susurré, aunque no supe si tras tanto caos sería capaz de escuchar mis palabras. Aún así actué tal y como acostumbraba a hacer: sus ropas se convirtieron en mi mejor escondite. No quería ser vista, no ahora. Solo actuar. Me moví casi sin peso, deslizándome por su cuerpo como si caminara sobre un fino hilo. Mi cuerpo pequeño se ajustaba a cada vibración de su respiración, después a los de sus latidos.
El olor a sangre se hizo más intenso, se olía a través de las capas de ropa. Estaba claro que el golpe que Uogo le había asestado a Dong, no fue para nada sutil. No parecía ser capaz de reaccionar. ¿Sería capaz de recoger siquiera el arma que Gwen le había cedido tan amablemente? Lo dudé, supuse que caería a su lado; pero lo peor fue empezar a temer que sin él en combate, pudiéramos acabar peor que muertos, si es que había algo peor—. Tranquilo… —susurré desde mi posición, sin saber si podía oírme.
Desde nuestra posición tan solo podíamos oír a Maki chillando, pero no consiguió captar mi atención en ningún momento. Diablos, no recordaba qué tan ruidosa era esa mujer en comparación a lo que siempre veía en primer lugar de ella. Sin embargo era la situación de aquel gigante la que mantenía en vilo a todos mis sentidos.
La piel de Dong, frente a la de Gwendolyn, parecía más bien áspera, quizás con marcas que contaban historias de fuerza, supuse. A su lado, sí que era diminuta; él, verdaderamente gigante, aunque esa no fuese su raza, pues las alas de su espalda delataba que así era. Sabía que no debía abandonar a Gwendolyn y que mis acciones podían tener un costo bastante alto. Una vida, tal vez. No es que unas vidas tuviesen más valor que otras, por supuesto que no, pero en la vida y en la batalla uno debe hacer grandes sacrificios sin titubear.
Una vez más, lo siento, compañeros—. No te atrevas a morir… —murmuré entre dientes, casi como un rezo que mi propia compañera podría llegar a emitir.
Poco a poco, el temblor de mis manos se calmó, tal vez ocurrió en el preciso instante en que la de cabellos violetas y negros retrocedió, sabiendo que a mayor distancia del enemigo, más segura estaría de todo peligro. Y aunque el peligro no hubiera pasado, encontré una calma extraña. Me quedé allí, entre sus ropas, escondida por si el Uogo tenía la brillante idea de atacarnos.
El corazón se me subió a la garganta. Me llevé un mechón de cabello tras la oreja, más por nervios que por costumbre, intentando pensar. La voz de Gwen se alzó entre tanto caos, un eco cálido que me devolvió la dirección. Podía olerla. Su cabello, la fragancia dulce que llevaba siempre, su respiración agitada, me guié por los aromas, por la vibración de sus pasos, hasta sentir de nuevo esa textura de sus cabellos rozando mi piel.
Contenido Oculto
El olor a sangre se hizo más intenso, se olía a través de las capas de ropa. Estaba claro que el golpe que Uogo le había asestado a Dong, no fue para nada sutil. No parecía ser capaz de reaccionar. ¿Sería capaz de recoger siquiera el arma que Gwen le había cedido tan amablemente? Lo dudé, supuse que caería a su lado; pero lo peor fue empezar a temer que sin él en combate, pudiéramos acabar peor que muertos, si es que había algo peor—. Tranquilo… —susurré desde mi posición, sin saber si podía oírme.
Contenido Oculto
La piel de Dong, frente a la de Gwendolyn, parecía más bien áspera, quizás con marcas que contaban historias de fuerza, supuse. A su lado, sí que era diminuta; él, verdaderamente gigante, aunque esa no fuese su raza, pues las alas de su espalda delataba que así era. Sabía que no debía abandonar a Gwendolyn y que mis acciones podían tener un costo bastante alto. Una vida, tal vez. No es que unas vidas tuviesen más valor que otras, por supuesto que no, pero en la vida y en la batalla uno debe hacer grandes sacrificios sin titubear.
Contenido Oculto
Poco a poco, el temblor de mis manos se calmó, tal vez ocurrió en el preciso instante en que la de cabellos violetas y negros retrocedió, sabiendo que a mayor distancia del enemigo, más segura estaría de todo peligro. Y aunque el peligro no hubiera pasado, encontré una calma extraña. Me quedé allí, entre sus ropas, escondida por si el Uogo tenía la brillante idea de atacarnos.
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