30-10-2025, 05:27 PM
Le gusta estar en la cubierta del barco, porque se mece con suavidad, mientras la briza del mar acaricia su rostro. Puede estar horas ahí, en silencio o tarareando una canción, tranquila por elección y obligación, aunque eso no se lo ha dicho a los demás. Las enseñanzas de la iglesia siguen ahí, aunque no se de cuenta, susurrándole el cómo debe ser, porque aquel que se llama demonio se ha ido, por lo tanto ya no necesita hacer malas acciones.
Aun así ha decidido dar un paso más allá. Piratas, esos que roban besos, corazones y zarpan por el mar. Se rió por lo bajo, dándose cuenta que muy lejos de eso no está, porque trae uno que no le pertenece consigo, cuidándolo con cariño.
El sonido de alguien acompañándola la hizo voltear, aunque no pueda verlo. Sonrió con suavidad y lo reconoció, son tonos, ritmos e incluso aromas que le dan pistas de quién es — Giyuu — lo nombró estirándose atrás, dejando colgada ligeramente parte de su cuerpo — Hace un buen día hoy ¿No? — pero seguro cuando partan, el mar traerá malas noticias, pero no tiene como saberlo. El futuro es incierto, por lo tanto se quedó con el regalo del presente, disfrutando de él.
—¿Saldrás a comprar? Rosse dijo que eras comerciante — se soltó finalmente y acomodó su ropa, para luego hacerlo con el cabello. Porque el viento se ha encargado de despeinarlo al jugar con él — ¡Conocí a otro! Me enseñó un par de cosas y pensé que sería bueno aprender, ya sabes… para no depender de la buena voluntad de los demás — de la caridad de otros, porque aunque la gente le ofrece cosas, una parte de ella se preguntó ¿Hasta cuándo pasará? ¿Y si no ocurre más? — Podrías enseñarme tú también ¿Qúé te parece? No… no puedo ver el valor de los billetes — se rió con suavidad — Pero seguro debe haber un truco para reconocerlos.
O quizás no, tal vez siempre necesitará de alguien más, aun así ¿No es mejor intentarlo a no hacerlo nunca? — Antes la gente creía que el mundo iba a aprovecharse de que no podía ver. Por eso me daban cosas — tocó su propio rostro, subiendo a sus ojos, esos que no funcionan y no lo harán nunca más — Pero… yo no creo que la gente sea tan mala como todos dicen.
Se sonrió con suavidad, avanzando con cuidado, usando su mano para encontrar puntos de apoyo — Así que… ¿Me dejarías acompañarte hoy? Tómalo como una ayudante — finalmente se encontró con el bastón que ha dejado en un punto específico para cuando tenga que necesitarlo — Rosse como le dice a Varo… ¡Su mano derecha! Algo así, pero con las compras.
Y con lo que venga a futuro.
Aun así ha decidido dar un paso más allá. Piratas, esos que roban besos, corazones y zarpan por el mar. Se rió por lo bajo, dándose cuenta que muy lejos de eso no está, porque trae uno que no le pertenece consigo, cuidándolo con cariño.
El sonido de alguien acompañándola la hizo voltear, aunque no pueda verlo. Sonrió con suavidad y lo reconoció, son tonos, ritmos e incluso aromas que le dan pistas de quién es — Giyuu — lo nombró estirándose atrás, dejando colgada ligeramente parte de su cuerpo — Hace un buen día hoy ¿No? — pero seguro cuando partan, el mar traerá malas noticias, pero no tiene como saberlo. El futuro es incierto, por lo tanto se quedó con el regalo del presente, disfrutando de él.
—¿Saldrás a comprar? Rosse dijo que eras comerciante — se soltó finalmente y acomodó su ropa, para luego hacerlo con el cabello. Porque el viento se ha encargado de despeinarlo al jugar con él — ¡Conocí a otro! Me enseñó un par de cosas y pensé que sería bueno aprender, ya sabes… para no depender de la buena voluntad de los demás — de la caridad de otros, porque aunque la gente le ofrece cosas, una parte de ella se preguntó ¿Hasta cuándo pasará? ¿Y si no ocurre más? — Podrías enseñarme tú también ¿Qúé te parece? No… no puedo ver el valor de los billetes — se rió con suavidad — Pero seguro debe haber un truco para reconocerlos.
O quizás no, tal vez siempre necesitará de alguien más, aun así ¿No es mejor intentarlo a no hacerlo nunca? — Antes la gente creía que el mundo iba a aprovecharse de que no podía ver. Por eso me daban cosas — tocó su propio rostro, subiendo a sus ojos, esos que no funcionan y no lo harán nunca más — Pero… yo no creo que la gente sea tan mala como todos dicen.
Se sonrió con suavidad, avanzando con cuidado, usando su mano para encontrar puntos de apoyo — Así que… ¿Me dejarías acompañarte hoy? Tómalo como una ayudante — finalmente se encontró con el bastón que ha dejado en un punto específico para cuando tenga que necesitarlo — Rosse como le dice a Varo… ¡Su mano derecha! Algo así, pero con las compras.
Y con lo que venga a futuro.
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