[personajeinvalido=2329]
Calor, fuego, brasas.
Terror.
Un cuadro pintado sobre un lienzo cubierto de recuerdos oscuros que creía enterrados, una pesadilla que tomaba forma frente a ella, mucho más temible que cualquier oso gigante y hambriento. Había alcanzado el punto en el que ya no sabía discernir entre sus recuerdos y la realidad. Solo veía un bosque anaranjado que oscilaba frente a ella danzando gracias al viento. Era tan temible y amenazador... sin lugar a dudas podía consumirla, devorarla como si no fuese nada, como si su paso por la tierra hubiese sido miserable, porque siempre lo fue ¿siquiera la recordaría alguien si era consumida por el mismísimo infierno? Tragó saliva, su corazón palpitaba desbocado y no hallaba la manera de calmar sus latidos. Todo su cuerpo estaba rígido, incapaz de mover siquiera un mísero músculo.
Los gritos y llanto de los aldeanos, el crujir del fuego devorando todo a su paso no era algo que la ayudara a calmarse, más bien todo lo contrario, el cuadro se repetía una vez más en su corta historia. Sus ojos se humedecieron, abrumada por los recuerdos que comenzaban a adueñarse de su mente, quería enterrarlos, ocultarlos, hundirlos bajo tierra y no ser consumida por ellos, pero no podía, su espíritu no era tan fuerte... Una lágrima asomó, amenazando con deslizarse por su pómulo y terminar de romperla desde adentro, pero antes de que fuese siquiera capaz de procesarlo, el infierno parecía disminuir a su alrededor.
La calidez que sentía en ese instante era diferente, mucho más agradable, mucho más... humana, y por unos segundos quiso quedarse ahí, acurrucarse en sus brazos para no hundirse más en el abismo—¿... Heras? —susurró su nombre mientras alzaba la mirada. Sus piernas se sentían débiles, temblorosas, como si la fuerza hubiese abandonado por completo su cuerpo... y pese a que se sentía avergonzada por haber tenido que ser rescatada y arrancada de sus recuerdos, no podía evitar sentirse agradecida con el Lunarian.
Pese a todo el aterrizaje no fue precisamente gentil pero, ¿a caso importaba? Estaba por darle unas palabras a su salvador, quizás de agradecimiento, quizás un reproche para intentar mantener su orgullo intacto, quién sabe, nunca lo sabremos pues no pudo hacerlo, ¿el motivo? Ver frente a ellos a la descomunal bola de pelos, y por si fuera poco este les estaba lanzando un zarpazo, no titubeó siquiera un segundo, tenía la clara intención de hacerlos carne picada. Un grito que mágicamente logró contener, quedó ahogado en su garganta. Por instinto cubrió su rostro con su antebrazo, cerrando los ojos en el proceso. Jah, como si ese gesto fuese capaz de frenar las afiladas garras de un oso de tal dimensión que iba con la clara intención de matarles. Pero pese a que esperó a recibir el golpe, nada llegó ¿Heras lo había bloqueado...? Este hombre...
Sintió sus piernas temblar mientras el recuerdo de su orden la alcanzaba. Se sentía débil, aturdida, absurda e inútil. Quedarse frente al oso y apoyar a Heras solo le supondría un problema al Lunarian. No podía pelear, no aún... Todavía estaba afectada por la viveza de sus recuerdos, por el fuego que seguía consumiendo su alma con las brasas. Se mordió el labio inferior una vez más y chasqueó la lengua con molestia. Mierda, sí que era frustrante—solo intenta no morir, querido —ordenó, ¿aunque siquiera estaba en la posición de dar ningún tipo de orden?
Retrocedió gateando por la tierra pues sus piernas aún no respondían del todo, solo quería alejarse un poco, lo suficiente como para no ser el objetivo de la bola de pelos, pero manteniéndose a una distancia prudente por si necesitaba ayuda. Aunque, ¿qué tipo de socorro podía ofrecerle ella? Se sacudió el flequillo con evidente frustración. ¿Por qué tenía que ser tan débil? ¿Por qué los recuerdos tenían que aferrarse a ella ahora? ¿Por qué no podía proteger aquello que quería...?
Una marea de emociones se agitaba en sus entrañas, revivir el trauma definitivamente la había desestabilizado por completo. Sus dedos buscaron entre sus prendas la lycoris que siempre llevaba con ella, buscando en el tacto de sus pétalos un ancla a la que sostenerse, pues estaba cayendo de nuevo en su desgracia, en su impotencia e inutilidad... Hasta que una voz la arrancó de nuevo de sus pensamientos autodestructivos—Ryota... —se volteó de nuevo a verle.
Su mirada captó por completo como lanzaba aquel pedazo de carne, su ojo siguiendo la trayectoria del manjar.
Un segundo, dos y hasta tres de absoluto silencio. Torció los labios, intentando contenerse, de verdad que lo intentó, con todas sus fuerzas, pero fue inevitable. Soltó una sonora carcajada, cubriendo sus labios con la mano casi cerrada en un puño—vale, parece que hay alguien aún peor que yo —comentó entre ligeras risas. No sabía cómo, ni por qué. Pero de alguna manera Ryota siempre conseguía que los pesares que la abrumaban fuesen más ligeros, que la carga sobre sus hombros disminuyera. Y lo peor de aquello era que ni siquiera lo hacía adrede, él simplemente era... él, y con eso bastaba.
Terror.
Un cuadro pintado sobre un lienzo cubierto de recuerdos oscuros que creía enterrados, una pesadilla que tomaba forma frente a ella, mucho más temible que cualquier oso gigante y hambriento. Había alcanzado el punto en el que ya no sabía discernir entre sus recuerdos y la realidad. Solo veía un bosque anaranjado que oscilaba frente a ella danzando gracias al viento. Era tan temible y amenazador... sin lugar a dudas podía consumirla, devorarla como si no fuese nada, como si su paso por la tierra hubiese sido miserable, porque siempre lo fue ¿siquiera la recordaría alguien si era consumida por el mismísimo infierno? Tragó saliva, su corazón palpitaba desbocado y no hallaba la manera de calmar sus latidos. Todo su cuerpo estaba rígido, incapaz de mover siquiera un mísero músculo.
Los gritos y llanto de los aldeanos, el crujir del fuego devorando todo a su paso no era algo que la ayudara a calmarse, más bien todo lo contrario, el cuadro se repetía una vez más en su corta historia. Sus ojos se humedecieron, abrumada por los recuerdos que comenzaban a adueñarse de su mente, quería enterrarlos, ocultarlos, hundirlos bajo tierra y no ser consumida por ellos, pero no podía, su espíritu no era tan fuerte... Una lágrima asomó, amenazando con deslizarse por su pómulo y terminar de romperla desde adentro, pero antes de que fuese siquiera capaz de procesarlo, el infierno parecía disminuir a su alrededor.
![[Imagen: Sad-scared.png]](https://i.ibb.co/QFn1HWVG/Sad-scared.png)
La calidez que sentía en ese instante era diferente, mucho más agradable, mucho más... humana, y por unos segundos quiso quedarse ahí, acurrucarse en sus brazos para no hundirse más en el abismo—¿... Heras? —susurró su nombre mientras alzaba la mirada. Sus piernas se sentían débiles, temblorosas, como si la fuerza hubiese abandonado por completo su cuerpo... y pese a que se sentía avergonzada por haber tenido que ser rescatada y arrancada de sus recuerdos, no podía evitar sentirse agradecida con el Lunarian.
Pese a todo el aterrizaje no fue precisamente gentil pero, ¿a caso importaba? Estaba por darle unas palabras a su salvador, quizás de agradecimiento, quizás un reproche para intentar mantener su orgullo intacto, quién sabe, nunca lo sabremos pues no pudo hacerlo, ¿el motivo? Ver frente a ellos a la descomunal bola de pelos, y por si fuera poco este les estaba lanzando un zarpazo, no titubeó siquiera un segundo, tenía la clara intención de hacerlos carne picada. Un grito que mágicamente logró contener, quedó ahogado en su garganta. Por instinto cubrió su rostro con su antebrazo, cerrando los ojos en el proceso. Jah, como si ese gesto fuese capaz de frenar las afiladas garras de un oso de tal dimensión que iba con la clara intención de matarles. Pero pese a que esperó a recibir el golpe, nada llegó ¿Heras lo había bloqueado...? Este hombre...
Sintió sus piernas temblar mientras el recuerdo de su orden la alcanzaba. Se sentía débil, aturdida, absurda e inútil. Quedarse frente al oso y apoyar a Heras solo le supondría un problema al Lunarian. No podía pelear, no aún... Todavía estaba afectada por la viveza de sus recuerdos, por el fuego que seguía consumiendo su alma con las brasas. Se mordió el labio inferior una vez más y chasqueó la lengua con molestia. Mierda, sí que era frustrante—solo intenta no morir, querido —ordenó, ¿aunque siquiera estaba en la posición de dar ningún tipo de orden?
Retrocedió gateando por la tierra pues sus piernas aún no respondían del todo, solo quería alejarse un poco, lo suficiente como para no ser el objetivo de la bola de pelos, pero manteniéndose a una distancia prudente por si necesitaba ayuda. Aunque, ¿qué tipo de socorro podía ofrecerle ella? Se sacudió el flequillo con evidente frustración. ¿Por qué tenía que ser tan débil? ¿Por qué los recuerdos tenían que aferrarse a ella ahora? ¿Por qué no podía proteger aquello que quería...?
Una marea de emociones se agitaba en sus entrañas, revivir el trauma definitivamente la había desestabilizado por completo. Sus dedos buscaron entre sus prendas la lycoris que siempre llevaba con ella, buscando en el tacto de sus pétalos un ancla a la que sostenerse, pues estaba cayendo de nuevo en su desgracia, en su impotencia e inutilidad... Hasta que una voz la arrancó de nuevo de sus pensamientos autodestructivos—Ryota... —se volteó de nuevo a verle.
Su mirada captó por completo como lanzaba aquel pedazo de carne, su ojo siguiendo la trayectoria del manjar.
![[Imagen: Ok.png]](https://i.ibb.co/yF9bF3mG/Ok.png)
Un segundo, dos y hasta tres de absoluto silencio. Torció los labios, intentando contenerse, de verdad que lo intentó, con todas sus fuerzas, pero fue inevitable. Soltó una sonora carcajada, cubriendo sus labios con la mano casi cerrada en un puño—vale, parece que hay alguien aún peor que yo —comentó entre ligeras risas. No sabía cómo, ni por qué. Pero de alguna manera Ryota siempre conseguía que los pesares que la abrumaban fuesen más ligeros, que la carga sobre sus hombros disminuyera. Y lo peor de aquello era que ni siquiera lo hacía adrede, él simplemente era... él, y con eso bastaba.
Resumen
