31-10-2025, 12:54 AM
Que mágico día tan bonito para poder dormir y no tener que hacer nada, ni tener que aguantar a mi hermano ya que se fue a no se donde, a no se que. "Lo siento no le estaba prestando atención" justamente en ese momento estaba comiendo y había mucho ruido.
Me tumbe en la cama, siendo abrazado por los cojines y la oscuridad, obviamente antes me golpee con todo lo que había por el camino, aquí la limpieza no es algo para un ciego, así que la culpa es de mi hermano, hasta pise un condón usado no se de quién. Vamos a aclarar algo aquí, ni mi hermano es un demonio ni yo soy el santo, soy ciego y mudo no inválido. Pero eso no quita que me dé asco.
Mi paz no dura mucho, oigo lo pies pesados de mi hermano acercándose, está eufórico. "Por favor que no venga aq..." No termino mi pensamiento y la puerta se abre de par en par, lo siguiente que oigo es a mí hermano quejándose de mi ritual de siesta.
-Trece, Trec...- Intentando explicarle que estaba intentando dormir que no abriera pero fue inútil, ya había abierto todo y la luz me cegaba y mi hermano ya estaba gritando de nuevo, con ciertas poses que no podía identificar.
-Trece, Trece, Trece - Después de sus gritos le reclamé por haber gritado así y haber cambiado la voz en medio discurso. No le entendía nada de que hacía pero ahí íbamos de nuevo siguiéndolo la fiesta, no es que no quiera, solo que nuestras arcas no dan para tanto trote. Está noche me tocara pagar a mi, seguramente hoy ande sin dinero.
Se fue mientras murmuraba cosas sin sentido, y yo cogía mis ropas más rotas y más geniales para salir de ahí y encontrarme con mi hermano abajo.
Salgo de la habitación, no se cómo me veo pero siento las miradas de la gente sobre mi, soy guapo, Iggy me lo recuerda siempre y las mujeres con las que he estado me han alabado en mis características y mi gran atributo. Y no, no estoy hablando de mi nariz o mis pies, tú ya sabes a lo que me refiero *Guiño ciego, Guiño ciego*.
Sigo con mi camino intentando no matarme y chocandome con la gente hasta que oigo el sonido de un águila, así que me imagino que mi hermano está ahí.
- Trece, Trece, Trece- le aviso que ya estoy y le recalcó que está noche no me use de monedero, aunque ya se que es inútil decirle eso, porque lo seré igual. Para eso están los hermanos, ¿no?
Me tumbe en la cama, siendo abrazado por los cojines y la oscuridad, obviamente antes me golpee con todo lo que había por el camino, aquí la limpieza no es algo para un ciego, así que la culpa es de mi hermano, hasta pise un condón usado no se de quién. Vamos a aclarar algo aquí, ni mi hermano es un demonio ni yo soy el santo, soy ciego y mudo no inválido. Pero eso no quita que me dé asco.
Mi paz no dura mucho, oigo lo pies pesados de mi hermano acercándose, está eufórico. "Por favor que no venga aq..." No termino mi pensamiento y la puerta se abre de par en par, lo siguiente que oigo es a mí hermano quejándose de mi ritual de siesta.
-Trece, Trec...- Intentando explicarle que estaba intentando dormir que no abriera pero fue inútil, ya había abierto todo y la luz me cegaba y mi hermano ya estaba gritando de nuevo, con ciertas poses que no podía identificar.
-Trece, Trece, Trece - Después de sus gritos le reclamé por haber gritado así y haber cambiado la voz en medio discurso. No le entendía nada de que hacía pero ahí íbamos de nuevo siguiéndolo la fiesta, no es que no quiera, solo que nuestras arcas no dan para tanto trote. Está noche me tocara pagar a mi, seguramente hoy ande sin dinero.
Se fue mientras murmuraba cosas sin sentido, y yo cogía mis ropas más rotas y más geniales para salir de ahí y encontrarme con mi hermano abajo.
Salgo de la habitación, no se cómo me veo pero siento las miradas de la gente sobre mi, soy guapo, Iggy me lo recuerda siempre y las mujeres con las que he estado me han alabado en mis características y mi gran atributo. Y no, no estoy hablando de mi nariz o mis pies, tú ya sabes a lo que me refiero *Guiño ciego, Guiño ciego*.
Sigo con mi camino intentando no matarme y chocandome con la gente hasta que oigo el sonido de un águila, así que me imagino que mi hermano está ahí.
- Trece, Trece, Trece- le aviso que ya estoy y le recalcó que está noche no me use de monedero, aunque ya se que es inútil decirle eso, porque lo seré igual. Para eso están los hermanos, ¿no?
