31-10-2025, 01:55 PM
Como era de esperar, aquellos hombres de duro temperamento atacaron, incluso Bai, ni corta ni perezosa, actuaba en contra del desproporcionado gyojin que amenazaba nuestras vidas. El primero en golpear fue aquel marine cubierto de... ¿Eso era mochi? En fin... El marine cubierto de mochi arremetió primero contra la bestia, golpeando con toda la fuerza que podía en ese momento, su felino compañero decidió esperar, pue parecía tener algo entre manos. Bai aprovechó ese fugaz momento para arremeter con su mandoble, una guerrera que esperaba al momento adecuado, de imponente tamaño y un arma que acompañaba a sus dimensiones, daba auténtico terror verle tan decidida con una hoja en las manos. El fogoso pirata de cabellos rojizos también aprovechó para golpear por otro flanco, viéndose el gigantesco y subacuático enemigo abrumado por tres direcciones diferentes.
"Todavía no..." pensé mientras apretaba los dientes y un puño por el nerviosismo, aún no era el momento de atacar. Sabía que tendría que atacar y por la posición en la que estaba podría tener cierta ventaja ya que el tipo no parecía tener ojos en la nuca, o eso esperaba al menos. Así que solo tendría que ser paciente y esperar a que no pudiese responder con facilidad, y ese momento llegaría pronto. En un alarde de valor, mi alada aliada le agarró por la cola, su quinta extremidad, para intentar soltar a la corsaria que tenía aprisionada. Mis ojos se abrieron de par en par. "Ahora" pensé mientras mis piernas se accionaban como un muelle y saltaban con toda la potencia posible hacia el oponente, quedándome a menos de medio metro de distancia de él, así pude aprovechar para dar un pequeño paso mientras levantaba mi puño y lo preparaba cogiendo potencia y lanzándolo hacia su espalda.
- ¡Puñetazo! -procuraría golpear con todas mis fuerzas mientras mis pulmones se vaciaban de aire por la épica del momento. Tal fue la emoción y mis ganas de salir vivo, más lo segundo que lo primero, que no medí la fuerza que empleaban mis músculos, sobrecargándose de tensión e incluso generando cierto dolor. Esto no era la primera vez que me pasaba, pues yo no era un experto luchador que conociese mil técnicas de combate, pero si algo sí tenía eran ganas de vivir y no me importaba lesionar mi cuerpo si eso me permitía salir de allí de una pieza.
El combate comenzaba a tornarse hacia nuestro favor aunque pareciese imposible y el dolor que ese hombre me causó poco a poco se iba mitigando, como siempre mi cuerpo "portentoso" ya estaba curándose, se curaba a una velocidad mayor a la de los demás. Sin embargo, aún no era lo suficientemente fuerte ni mi cuerpo lo bastante resistente como para decir que estaba bien, pues en un sentido figurado aún sentía cómo mi cuerpo se recolocaba y sanaba de las lesiones.
Tras propinarle aquel puñetazo recto con la diestra, como un jump, volví a saltar hacia detrás, intentando marcar la mayor distancia posible entre la amenaza y yo, un momento perfecto para sacar de mi mochila un pequeño pincho con tres dango puestos y comérmelos rápidamente de un solo bocado. Aún así procuré mantenerme lo más atento posible al combate.
"Todavía no..." pensé mientras apretaba los dientes y un puño por el nerviosismo, aún no era el momento de atacar. Sabía que tendría que atacar y por la posición en la que estaba podría tener cierta ventaja ya que el tipo no parecía tener ojos en la nuca, o eso esperaba al menos. Así que solo tendría que ser paciente y esperar a que no pudiese responder con facilidad, y ese momento llegaría pronto. En un alarde de valor, mi alada aliada le agarró por la cola, su quinta extremidad, para intentar soltar a la corsaria que tenía aprisionada. Mis ojos se abrieron de par en par. "Ahora" pensé mientras mis piernas se accionaban como un muelle y saltaban con toda la potencia posible hacia el oponente, quedándome a menos de medio metro de distancia de él, así pude aprovechar para dar un pequeño paso mientras levantaba mi puño y lo preparaba cogiendo potencia y lanzándolo hacia su espalda.
- ¡Puñetazo! -procuraría golpear con todas mis fuerzas mientras mis pulmones se vaciaban de aire por la épica del momento. Tal fue la emoción y mis ganas de salir vivo, más lo segundo que lo primero, que no medí la fuerza que empleaban mis músculos, sobrecargándose de tensión e incluso generando cierto dolor. Esto no era la primera vez que me pasaba, pues yo no era un experto luchador que conociese mil técnicas de combate, pero si algo sí tenía eran ganas de vivir y no me importaba lesionar mi cuerpo si eso me permitía salir de allí de una pieza.
El combate comenzaba a tornarse hacia nuestro favor aunque pareciese imposible y el dolor que ese hombre me causó poco a poco se iba mitigando, como siempre mi cuerpo "portentoso" ya estaba curándose, se curaba a una velocidad mayor a la de los demás. Sin embargo, aún no era lo suficientemente fuerte ni mi cuerpo lo bastante resistente como para decir que estaba bien, pues en un sentido figurado aún sentía cómo mi cuerpo se recolocaba y sanaba de las lesiones.
Tras propinarle aquel puñetazo recto con la diestra, como un jump, volví a saltar hacia detrás, intentando marcar la mayor distancia posible entre la amenaza y yo, un momento perfecto para sacar de mi mochila un pequeño pincho con tres dango puestos y comérmelos rápidamente de un solo bocado. Aún así procuré mantenerme lo más atento posible al combate.
resumen
bélico
inventario usado
Akuma
