01-11-2025, 02:07 AM
El zarpazo del oso impactó de lleno contra el antebrazo de Heras, cuya piel dura y tensa resistió el golpe con un estrépito seco. El Lunarian retrocedió apenas un paso, amortiguando la fuerza con el brazo aún extendido, mientras las llamas continuban danzando a su alrededor y el aire se llenaba del olor a fuego y sake. A su espalda, Liora aprovechó el instante para escabullirse entre la humareda, tambaleante y con la mirada perdida, alejándose del peligro inmediato, aunque sin llegar demasiado lejos.
El oso, frustrado por no haber logrado derribar a su presa alada, golpeó el suelo con un rugido que estremeció las vigas caídas. Pedazos de madera ardiente se desprendieron de los puestos colapsados, esparciendo chispas que iluminaron fugazmente la escena. Entre aquel infierno de fuego y humo, Ryota reapareció, avanzando hacia la bestia con la misma convicción absurda que lo había movido desde el principio.
“¡BRO MALO!” -Vociferó "bro" varias veces más, lanzando finalmente al aire el trozo de carne que aún se había empeñado en compartir con el adorable osito.
El trozo de comida describió una torpe parábola y cayó a menos de la mitad de camino, justo a los pies del propio Ryota. El oso alzó la cabeza, con sus fauces abiertas en un gruñido húmedo, y el sonido gutural se transformó poco a poco en un resoplido ronco, casi confuso. Olfateó el aire, detectando aquel manjar, mientras el puño de Heras era lanzado hacia el cuerpo de la bestia con intención de vengarse con fuerza. Por desgracia para Heras, fue incapaz de captar su atención, ya completamente enfocada en la comida. El oso avanzó con pasos pesados, haciendo temblar el suelo con cada movimiento. Su mirada, enrojecida por el fuego, se clavó en el trozo de carne, y por un breve instante, el rugido se convirtió en un bufido grave. Parecía calmarse.
Desde unos metros más atrás, Tezca observaba con el arma en mano. El aire vibraba de calor, y sus ojos destellaban con una idea tan peligrosa como oportuna.
—¡Oye! ¡Chica bonita de la flecha! ¡Préndela en fuego, apunta y dispara al oso con certeza! ¡El oso debe tener Sake! ¡¿Me entiendes?! — Gritó, levantando la voz por encima del estruendo.
La arquera no dudó. Con un rápido movimiento prendió la punta de una flecha, aprovechando una llama cercana a la cual se acercó a toda velocidad, y tensó la cuerda del arco. El silbido del proyectil rompió el aire, cruzando la distancia en un instante.
El impacto fue sordo, seco, y el fuego estalló de inmediato. La flecha no logró perforar el grueso pelaje del oso, pero sí encendió el alcohol que lo cubría. En cuestión de segundos, su cuerpo se vio envuelto en llamas danzantes que lamieron su piel y su espalda.
El rugido que siguió no pareció el de un animal, sino el de una montaña partiéndose en dos. La bestia se agitó, golpeando el suelo con violencia, derribando lo que quedaba de los faroles y levantando una nube de brasas. Su mirada, enceguecida por el dolor, barrió el entorno en busca de su agresor… Y lo encontró.
Los ojos incandescentes se fijaron en Tezca, quien aún sostenía el tridente con firmeza. No hubo duda ni raciocinio en la mente del animal, solo pura furia. No había sido quien disparó la flecha, y tal vez solo fijó su mirada en él por su inmensa arma, pero su error le llevó a su verdadero agresor, o al menos, al inductor de su ataque.
Con un bramido desgarrador, el oso dio un salto brutal, impulsándose con una fuerza que partió las tablas del suelo. El aire se curvó con su avance, una mole envuelta en fuego y rabia cayendo como un relámpago hacia el tritón.
El golpe llegó como una tempestad, consistía en un zarpazo descendente, poderoso y feroz, dirigido a partir en dos al hombre que creía responsable de su agonía.
El oso, frustrado por no haber logrado derribar a su presa alada, golpeó el suelo con un rugido que estremeció las vigas caídas. Pedazos de madera ardiente se desprendieron de los puestos colapsados, esparciendo chispas que iluminaron fugazmente la escena. Entre aquel infierno de fuego y humo, Ryota reapareció, avanzando hacia la bestia con la misma convicción absurda que lo había movido desde el principio.
“¡BRO MALO!” -Vociferó "bro" varias veces más, lanzando finalmente al aire el trozo de carne que aún se había empeñado en compartir con el adorable osito.
El trozo de comida describió una torpe parábola y cayó a menos de la mitad de camino, justo a los pies del propio Ryota. El oso alzó la cabeza, con sus fauces abiertas en un gruñido húmedo, y el sonido gutural se transformó poco a poco en un resoplido ronco, casi confuso. Olfateó el aire, detectando aquel manjar, mientras el puño de Heras era lanzado hacia el cuerpo de la bestia con intención de vengarse con fuerza. Por desgracia para Heras, fue incapaz de captar su atención, ya completamente enfocada en la comida. El oso avanzó con pasos pesados, haciendo temblar el suelo con cada movimiento. Su mirada, enrojecida por el fuego, se clavó en el trozo de carne, y por un breve instante, el rugido se convirtió en un bufido grave. Parecía calmarse.
Desde unos metros más atrás, Tezca observaba con el arma en mano. El aire vibraba de calor, y sus ojos destellaban con una idea tan peligrosa como oportuna.
—¡Oye! ¡Chica bonita de la flecha! ¡Préndela en fuego, apunta y dispara al oso con certeza! ¡El oso debe tener Sake! ¡¿Me entiendes?! — Gritó, levantando la voz por encima del estruendo.
La arquera no dudó. Con un rápido movimiento prendió la punta de una flecha, aprovechando una llama cercana a la cual se acercó a toda velocidad, y tensó la cuerda del arco. El silbido del proyectil rompió el aire, cruzando la distancia en un instante.
El impacto fue sordo, seco, y el fuego estalló de inmediato. La flecha no logró perforar el grueso pelaje del oso, pero sí encendió el alcohol que lo cubría. En cuestión de segundos, su cuerpo se vio envuelto en llamas danzantes que lamieron su piel y su espalda.
El rugido que siguió no pareció el de un animal, sino el de una montaña partiéndose en dos. La bestia se agitó, golpeando el suelo con violencia, derribando lo que quedaba de los faroles y levantando una nube de brasas. Su mirada, enceguecida por el dolor, barrió el entorno en busca de su agresor… Y lo encontró.
Los ojos incandescentes se fijaron en Tezca, quien aún sostenía el tridente con firmeza. No hubo duda ni raciocinio en la mente del animal, solo pura furia. No había sido quien disparó la flecha, y tal vez solo fijó su mirada en él por su inmensa arma, pero su error le llevó a su verdadero agresor, o al menos, al inductor de su ataque.
Con un bramido desgarrador, el oso dio un salto brutal, impulsándose con una fuerza que partió las tablas del suelo. El aire se curvó con su avance, una mole envuelta en fuego y rabia cayendo como un relámpago hacia el tritón.
El golpe llegó como una tempestad, consistía en un zarpazo descendente, poderoso y feroz, dirigido a partir en dos al hombre que creía responsable de su agonía.
Off

![[Imagen: AventuraRyo3.png?ex=69069825&is=690546a5...height=477]](https://media.discordapp.net/attachments/1431374283497537646/1433961424610131968/AventuraRyo3.png?ex=69069825&is=690546a5&hm=d6c17928ccd15265e69f4993f6030d526cd2653ff813b963115ba7120aa214c2&=&format=webp&quality=lossless&width=816&height=477)