01-11-2025, 11:14 AM
(Última modificación: 01-11-2025, 11:20 AM por Develio Torum.)
El aire en Baquella había cambiado. La calma familiar de las últimas semanas se había agriado, reemplazada por una tensión sorda, palpable incluso desde la distancia. Develio Torum, un coloso entre hombres, percibía esta nueva atmósfera no como un marine, sino como un médico observando los primeros síntomas de una enfermedad social. La violencia y el descontento que ahora plagaban las calles no habían seguido una progresión natural; habían estallado con una virulencia antinatural. No era una dolencia orgánica del pueblo; se sentía como un veneno inyectado deliberadamente en su torrente sanguíneo.
Cuando llegó la orden de su superior, Develio sintió el familiar peso de la responsabilidad. Iba a esta misión junto a Juan Sebastián y Akira Raito. En el corto tiempo que llevaban en Baterilla, este improbable trío —el gyojin exuberante, el humano radiante y el doctor semigigante— se había forjado un nombre. Eran conocidos en el cuartel no solo por sus habilidades únicas, sino por el vínculo que habían desarrollado. Eran, sin duda, los reclutas más prometedores, y lo más cercano a una familia que Develio había conocido desde que dejó su gélido hogar. Esta misión era la primera prueba real de su unidad.
Llegaron al lugar designado, una pequeña plaza con una fuente seca, un terreno neutral entre el orden del cuartel y el caos del pueblo. Develio, como de costumbre, se convirtió en un punto de anclaje, un monolito inmóvil junto a la fuente mientras sus compañeros esperaban a su manera. Él simplemente observó. Su pipa de Elbaf, una constante, colgaba de sus labios, liberando el habitual humo denso con olor a mango, una columna de calma aromática en el aire tenso de la plaza, en su diestra pendía un libro sobre medicina, llevaba sus gafas puestas debido a que la letra era humana a pesar de que el tomo era bastante grande para ser a escala humana.
Finalmente, su objetivo llegó. Una figura se acercó, comiendo una manzana. La reconoció por la descripción: los rasgos inconfundibles de la tribu Mink. Una cazadora de recompensas. Un factor externo, una variable potencialmente útil o volátil. Analizó su caminar, su postura. Era eficiente. Profesional. Una buena señal.
Después de las presentaciones iniciales de sus compañeros, Develio se tomó un momento. Retiró la pipa de sus labios. La nube de humo que exhaló fue lenta y deliberada, un velo tras el cual sus pensamientos se ordenaron. Luego, inclinó su cabeza masiva, un gesto de respeto que parecía hacer temblar la tierra.
Su voz, cuando habló, fue un baritono profundo, que pareció hacer vibrar las piedras de la plaza, desprovisto de cualquier emoción superflua.
-Bienvenida, Cazadora Breakglass.-No era un saludo amistoso, era un reconocimiento entre profesionales. Su mirada, serena y analítica, la evaluó como lo haría con un nuevo instrumento médico.
-Soy Develio Torum. Médico del equipo. He revisado el informe preliminar.-Se irguió un poco más, su inmensa presencia proyectando una sombra que se alargaba sobre el suelo de la plaza. No se movió para investigar nada. No tocó ninguna evidencia. Era un encuentro formal, una presentación. Sus observaciones sobre el estado del pueblo eran, por ahora, solo suyas, datos esperando a ser corroborados. La tarea inmediata era establecer una base de comunicación y colaboración con esta nueva aliada.
-Los informes sugieren una revuelta de pescadores, pero los síntomas descritos... la violencia contra sus propias herramientas de trabajo, la falta de quejas previas... no concuerdan con un diagnóstico de descontento laboral.
Le ofreció su análisis como un médico ofrece una primera impresión a un especialista consultor, con una lógica fría y directa
-Hay un factor externo en esta ecuación. Un patógeno. La Marina nos ha asignado para identificarlo y extirparlo. Su experiencia cazando presas que no quieren ser encontradas será de gran valor.
Hizo una pausa, devolviendo la pipa a su boca. El resplandor de la brasa brilló brevemente, reflejándose en sus gafas.
-Confiamos en que tendrá sus propias observaciones. ¿Qué le dice su instinto sobre esta enfermedad que ha caído sobre Baquella?
La consulta había comenzado. La presentación estaba hecha. Y ahora, con su pregunta, le cedía la palabra a ella, esperando que la perspectiva fresca de la cazadora de recompensas pudiera arrojar la primera luz real sobre la oscuridad que se estaba apoderando del pueblo.
Cuando llegó la orden de su superior, Develio sintió el familiar peso de la responsabilidad. Iba a esta misión junto a Juan Sebastián y Akira Raito. En el corto tiempo que llevaban en Baterilla, este improbable trío —el gyojin exuberante, el humano radiante y el doctor semigigante— se había forjado un nombre. Eran conocidos en el cuartel no solo por sus habilidades únicas, sino por el vínculo que habían desarrollado. Eran, sin duda, los reclutas más prometedores, y lo más cercano a una familia que Develio había conocido desde que dejó su gélido hogar. Esta misión era la primera prueba real de su unidad.
Llegaron al lugar designado, una pequeña plaza con una fuente seca, un terreno neutral entre el orden del cuartel y el caos del pueblo. Develio, como de costumbre, se convirtió en un punto de anclaje, un monolito inmóvil junto a la fuente mientras sus compañeros esperaban a su manera. Él simplemente observó. Su pipa de Elbaf, una constante, colgaba de sus labios, liberando el habitual humo denso con olor a mango, una columna de calma aromática en el aire tenso de la plaza, en su diestra pendía un libro sobre medicina, llevaba sus gafas puestas debido a que la letra era humana a pesar de que el tomo era bastante grande para ser a escala humana.
Finalmente, su objetivo llegó. Una figura se acercó, comiendo una manzana. La reconoció por la descripción: los rasgos inconfundibles de la tribu Mink. Una cazadora de recompensas. Un factor externo, una variable potencialmente útil o volátil. Analizó su caminar, su postura. Era eficiente. Profesional. Una buena señal.
Después de las presentaciones iniciales de sus compañeros, Develio se tomó un momento. Retiró la pipa de sus labios. La nube de humo que exhaló fue lenta y deliberada, un velo tras el cual sus pensamientos se ordenaron. Luego, inclinó su cabeza masiva, un gesto de respeto que parecía hacer temblar la tierra.
Su voz, cuando habló, fue un baritono profundo, que pareció hacer vibrar las piedras de la plaza, desprovisto de cualquier emoción superflua.
-Bienvenida, Cazadora Breakglass.-No era un saludo amistoso, era un reconocimiento entre profesionales. Su mirada, serena y analítica, la evaluó como lo haría con un nuevo instrumento médico.
-Soy Develio Torum. Médico del equipo. He revisado el informe preliminar.-Se irguió un poco más, su inmensa presencia proyectando una sombra que se alargaba sobre el suelo de la plaza. No se movió para investigar nada. No tocó ninguna evidencia. Era un encuentro formal, una presentación. Sus observaciones sobre el estado del pueblo eran, por ahora, solo suyas, datos esperando a ser corroborados. La tarea inmediata era establecer una base de comunicación y colaboración con esta nueva aliada.
-Los informes sugieren una revuelta de pescadores, pero los síntomas descritos... la violencia contra sus propias herramientas de trabajo, la falta de quejas previas... no concuerdan con un diagnóstico de descontento laboral.
Le ofreció su análisis como un médico ofrece una primera impresión a un especialista consultor, con una lógica fría y directa
-Hay un factor externo en esta ecuación. Un patógeno. La Marina nos ha asignado para identificarlo y extirparlo. Su experiencia cazando presas que no quieren ser encontradas será de gran valor.
Hizo una pausa, devolviendo la pipa a su boca. El resplandor de la brasa brilló brevemente, reflejándose en sus gafas.
-Confiamos en que tendrá sus propias observaciones. ¿Qué le dice su instinto sobre esta enfermedad que ha caído sobre Baquella?
La consulta había comenzado. La presentación estaba hecha. Y ahora, con su pregunta, le cedía la palabra a ella, esperando que la perspectiva fresca de la cazadora de recompensas pudiera arrojar la primera luz real sobre la oscuridad que se estaba apoderando del pueblo.
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