Al fin se había aclarado el asunto, y menos mal, la verdad es que no tenía gana alguna de luchar, mucho menos con los amigos de María, aquellos que consideraba incluso su familia. Era un grupo pintoresco, algunos incluso con aspecto sospechoso, pero no parecían tener un alma malvada, aunque el hecho de que apunten a la gente con un arma sin motivo es bastante peligroso, eso si. El pistolero se disculpó mientras se quejaba por casi perder el brazo y el hombre de pelo rosado se presentó, me hubiese gustado poder llamarle por su nombre completo, pero no me veía con capacidad de pronunciarlo. -Encantado Hyake... Hyaktn... Encantado Cherry.- Mostraba una cara de apuro y vergüenza por dejar tan evidente que no sería capaz de llamarlo por su nombre, sobre todo ahora que se ofrecía a pagar la comida y comprarme ropa.
Se notaba el genuino amor que tenían por la sirena, se ofrecían a pagarle la comida, le protegían de los peligros y le hablaban con cariño y familiaridad. "Están un poco chiflados, pero se que con ellos estará segura" Pensé fugazmente mientras íbamos hacia el restaurante, sujetándome María la mano aún, se le veía bastante cómoda en esa situación la verdad. Se notaba que esa chiquilla me admiraba, casi rozando la veneración, pero... Realmente era algo que no era capaz de comprender... ¿Acaso estaba loca de remate? No podía ser eso, pues dentro de sus fantasiosas maneras de ver el mundo, parecía estar lo suficientemente anclada a la realidad como para estarlo. Era cierto que le liberé en primera instancia de la tripulación que la retenía. Podía entender gratitud, pero no lo veía motivo de veneración, tan solo le di la oportunidad de ser libre, algo que todos debían experimentar.
El tipo con ropas rojas como la sangre se disculpó y sugirió ir a comer algo a modo de redención, la verdad es que era algo que había despertado mi interés, llevaba todo el día sin comer, y... La verdad... Había hambre. -N-No... No te preocupes, tu solo protegías a María.- Le sonreí de forma amistosa, aunque seguramente aún podía notar en mi rostro el mal sabor de boca y un poco de miedo. -Me parece bien comer algo, me muero de hambre, jeje...- Me llevé la única mano libre al estómago, acariciándolo como a un cachorro al que no quieres despertar de la siesta.
El de pelo rosado se ofreció a pagar la comida, pero no solo eso, también se ofreció a comprarme ropa, no intentaba ser ofensivo ni clasista, pero a María le hizo hervir la sangre, defendiéndome a capa y espada. Yo posé la mano que la mujer me había dejado libre en su hombro, con tranquilidad y suavidad, como quien intenta acariciar a un pájaro herido. -Tranquila, pequeña niña.- Entonces miré a Hyakintos, sonriendo de forma afable y simpática. -Gracias por tu oferta, querido Cherry, pero me gusta mi ropa. Es cuanto necesito.- No fue un momento demasiado incómodo, realmente entendía porque lo decía, pues ya me habían negado la entrada a otros establecimientos, él solo pretendía que me adaptase a lo que el mundo pedía, pero yo no vivía en el mundo para contentar a los demás, sino para vivir mi vida como yo decidiese.
Se notaba el genuino amor que tenían por la sirena, se ofrecían a pagarle la comida, le protegían de los peligros y le hablaban con cariño y familiaridad. "Están un poco chiflados, pero se que con ellos estará segura" Pensé fugazmente mientras íbamos hacia el restaurante, sujetándome María la mano aún, se le veía bastante cómoda en esa situación la verdad. Se notaba que esa chiquilla me admiraba, casi rozando la veneración, pero... Realmente era algo que no era capaz de comprender... ¿Acaso estaba loca de remate? No podía ser eso, pues dentro de sus fantasiosas maneras de ver el mundo, parecía estar lo suficientemente anclada a la realidad como para estarlo. Era cierto que le liberé en primera instancia de la tripulación que la retenía. Podía entender gratitud, pero no lo veía motivo de veneración, tan solo le di la oportunidad de ser libre, algo que todos debían experimentar.
El tipo con ropas rojas como la sangre se disculpó y sugirió ir a comer algo a modo de redención, la verdad es que era algo que había despertado mi interés, llevaba todo el día sin comer, y... La verdad... Había hambre. -N-No... No te preocupes, tu solo protegías a María.- Le sonreí de forma amistosa, aunque seguramente aún podía notar en mi rostro el mal sabor de boca y un poco de miedo. -Me parece bien comer algo, me muero de hambre, jeje...- Me llevé la única mano libre al estómago, acariciándolo como a un cachorro al que no quieres despertar de la siesta.
El de pelo rosado se ofreció a pagar la comida, pero no solo eso, también se ofreció a comprarme ropa, no intentaba ser ofensivo ni clasista, pero a María le hizo hervir la sangre, defendiéndome a capa y espada. Yo posé la mano que la mujer me había dejado libre en su hombro, con tranquilidad y suavidad, como quien intenta acariciar a un pájaro herido. -Tranquila, pequeña niña.- Entonces miré a Hyakintos, sonriendo de forma afable y simpática. -Gracias por tu oferta, querido Cherry, pero me gusta mi ropa. Es cuanto necesito.- No fue un momento demasiado incómodo, realmente entendía porque lo decía, pues ya me habían negado la entrada a otros establecimientos, él solo pretendía que me adaptase a lo que el mundo pedía, pero yo no vivía en el mundo para contentar a los demás, sino para vivir mi vida como yo decidiese.
Ya en el restaurante.
El lugar era humilde, no es que estuviese empobrecido, pero resultó ser un local relativamente pequeño, sin embargo se respiraba buen ambiente dentro, además me dejaban entrar con mi ropa. Miré a los alrededores, no por desconfianza, sino porque me gustaba ser consciente de lo que había en mi entorno; pudiendo apreciar un par de muchachos sentados y alguna familia comiendo tranquila con sus hijos, una vida soñada. No pude evitar sonreí mientras ladeaba la cabeza, había algo de melancolía, pero no tristeza, solo recordaba a mis padres con cariño. Finalmente nos sentamos todos, quedando yo al lado de la mujer de pelo celeste como el cielo y un amable señor vino a preguntar que comeríamos, María pidió sin siquiera pensarlo. -Pues... Yo, si es posible, comeré un ramen de miso.- Procuré sonar educado y que no diese la sensación de que estaba abusando de la hospitalidad de mi rosado benefactor.
Todo parecía haberse tranquilizado, pero sin previo aviso María se levantó y caminó hacia la pared mas cercana, por lo visto había encontrado un juego y quería entretenerse mientras llegaba la comanda a la mesa. -Vaya, un juego de dardos.- Dije mientras me levantaba y caminaba hasta ella, agarrando un dardo clavado de la diana.-No soy especialmente bueno este juego, pero suena divertido.- Sonreí mientras daba unos pasos hacia atrás, y puse una pose apuntando, una exagerada y teatral mientras cerraba un ojo y sacaba la lengua, mirando de reojo a María para hacerla reír. -Allevoy.- Lancé el dardo de manera torpe, sin siquiera prestar atención en que franja numérica caería. Gracias a Dios el dardo quedó clavado en la diana, sin embargo, y como era de esperar, quedó en la franja del 1, siendo la puntuación mas baja del juego, después arrojé el segundo, clavándose en el cinco y por último, pero no menos importante, acerté en el 2. Lo miré sorprendido, aunque no demasiado, para que engañarnos. -Bueno chicos, se que os lo he puesto difícil, pero a ver si podéis superarme.- Claramente era una broma, de hecho podía notarse en mi tono, pero, de todas maneras me reí levemente y dejé que otro tirase.
Todo parecía haberse tranquilizado, pero sin previo aviso María se levantó y caminó hacia la pared mas cercana, por lo visto había encontrado un juego y quería entretenerse mientras llegaba la comanda a la mesa. -Vaya, un juego de dardos.- Dije mientras me levantaba y caminaba hasta ella, agarrando un dardo clavado de la diana.-No soy especialmente bueno este juego, pero suena divertido.- Sonreí mientras daba unos pasos hacia atrás, y puse una pose apuntando, una exagerada y teatral mientras cerraba un ojo y sacaba la lengua, mirando de reojo a María para hacerla reír. -Allevoy.- Lancé el dardo de manera torpe, sin siquiera prestar atención en que franja numérica caería. Gracias a Dios el dardo quedó clavado en la diana, sin embargo, y como era de esperar, quedó en la franja del 1, siendo la puntuación mas baja del juego, después arrojé el segundo, clavándose en el cinco y por último, pero no menos importante, acerté en el 2. Lo miré sorprendido, aunque no demasiado, para que engañarnos. -Bueno chicos, se que os lo he puesto difícil, pero a ver si podéis superarme.- Claramente era una broma, de hecho podía notarse en mi tono, pero, de todas maneras me reí levemente y dejé que otro tirase.
