[EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 2 [GRUPO 1]
#22
Tras golpear al tipo de manchas y soltarle aquel comentario que aún resonaba divertido en mi cabeza, escuché el seco estallido de un disparo. El sonido rebotó en las paredes del lugar como un trueno en una cueva, y sentí un impacto en la cabeza, justo en la sien derecha. Fue un golpe más molesto que doloroso, un picor ardiente que me hizo parpadear un par de veces y fruncir el ceño, como si un mosquito hubiera tenido el descaro de picarme. Alcé la mano por instinto, palpándome el sitio, y al ver que no había sangre ni grietas, solté un bufido casi burlón. -¿Eso fue todo-uo?- Musité con mi voz aguda, arrastrando las palabras con una mezcla de fastidio y diversión. El de cabellos negros seguía apuntándome, temblando un poco, tal vez esperando que cayera de rodillas o que empezara a gritar. Qué decepción debió llevarse cuando recibí aquel golpe y seguí corriendo tan campante, como si me hubiera lanzado una piedra de juguete. La bala, o lo que fuera, apenas me había hecho cosquillas, y eso me hizo sonreír de nuevo, esa sonrisa mía tan tonta y tan perturbadora que a muchos les da ganas de huir. Giré el cuello, haciendo sonar las vértebras, y continué mi camino hacia la gigantona de cuernos que descansaba contra la pared. Su cuerpo era enorme, su sombra me cubría parcialmente, y por un momento me recordó a una montaña dormida. No parecía tener intenciones de moverse, lo cual me intrigó más que cualquier amenaza. Mis pasos resonaban en el suelo con un ritmo constante, pesado, y cada vez que exhalaba, el aire silbaba entre mis dientes. Tenía la mirada fija en ella, fascinado por esa mezcla de fuerza y desgana que emanaba. -Gigantona…- Murmuré, ladeando la cabeza con curiosidad infantil. -Veamos si te despiertas o si te rompes-uo.- La adrenalina seguía danzando en mi cuerpo, caliente, espesa, y sentía que cada músculo vibraba, ansioso por volver a moverse, por jugar un poco más con mis presas.

Mientras corría, la adrenalina me mantenía caliente por dentro, casi eufórico, como si el mundo entero se estirara ante mí para ser cazado. Pero en medio del estrépito de mis propios pasos, la voz chillona de aquella mujerzuela con cara de mono volvió a taladrarme los oídos. Su tono era desesperado, y me resultaba insoportable. Chasqueé la lengua con un sonido seco, de pura desaprobación, frunciendo el ceño mientras dejaba escapar un resoplido impaciente. -Calla ya, que se te va a caer la mandíbula-uo.- Mascullé, sin perder el ritmo de la carrera. No tenía intención de detenerme por algo tan trivial como sus chillidos. Sin embargo, el universo parece tener un sentido del humor cruel cuando se trata de probar mi paciencia. De repente, sin previo aviso, sentí un golpe seco en mi cola, justo en la base donde se une con la espalda. Fue como si algo pequeño pero rápido hubiera impactado con una fuerza inesperada. El movimiento me desequilibró de inmediato. Mis talones chirriaron contra el suelo, y mi cuerpo se inclinó hacia adelante, obligándome a frenar de golpe. Una sensación de ardor recorrió mi espina dorsal, y una punzada de furia me encendió la vista. Giré la cabeza con lentitud, los ojos rojos entrecerrados, buscando al responsable. Y allí estaba: aquel pequeño animalito que había visto al principio, el mismo que había huido asustado cuando llegué. Ahora estaba fuera de su escondite, con el cuerpo temblando y los ojos brillantes, como si hubiera reunido el valor solo para molestarme. La sorpresa me detuvo durante un instante. Parpadeé, incrédulo, con una sonrisa que se curvó lentamente en mis labios, esa mueca tonta que tanto irrita a los demás. "Así que el bichejo insignificante que corría por las sombras se atreve a golpearme la cola-uo" Podía sentir las protuberancias de mis brazos tensarse, deseando moverse. Era casi tierno. Casi. Pero nadie toca mi cola y se va caminando.

Sin apenas moverme del sitio, dejé que la extraña fuerza que me habita hiciera girar mi torso en contra de las agujas del reloj, como si fuera el latigazo de una marea contenida, lenta al principio y luego violenta. Sentí cómo las placas de mi pecho y las protuberancias de los brazos se alineaban con el movimiento, todo mi cuerpo vibró con un latido frío y mi brazo se estiró como un hilo hasta el punto donde el bichejo aún flotaba, atónito y diminuto, después de su patética osadía. La energía se compactó bajo la piel azul, pesada y densa, como una roca esmaltada que quiere caer. Mis músculos tensaron; todo mi cuerpo se convirtió en un arco listo para disparar, y en ese instante el ruido del lugar se volvió un murmullo lejano, filtrado por el eco de mi propia respiración aguda. Observé el movimiento del animalillo con la calma de quien calcula la distancia exacta para que el golpe sea contundente y fuerte. El tiempo pareció ralentizarse cuando mi puño describió la trayectoria: un fósforo despedazando la espera y encontrando su blanco. Sentí el golpe transmitirse por la muñeca, por el antebrazo, hasta la raíz de mi cola, y una risa corta, infantil, se me escapó al comprobar la precisión. El bicho recibió el golpe de lleno, un punto minúsculo que ahora conocía el sabor de mi fuerza, cayendo sobre el suelo con un pequeño chasquido, aturdido pero no destrozado, y volviendo a su forma original, la forma de humano, lo que me complació por una razón extraña y dura. Di un paso atrás, dejando que la gravedad hiciera su trabajo, como si el juego hubiera terminado y yo recuperara mi calma observadora, aunque el borde colérico seguía a punto de saltar si alguien más osaba tocarme.

El aire me golpeó con fuerza cuando mis piernas se impulsaron con violencia, despegando del suelo en un salto de siete metros en dirección hacia la gigantona, que me hizo sentir por un instante, la ingravidez de las corrientes marinas que tanto añoro. Mi cuerpo, pesado y ágil a la vez, trazó una curva en el aire. Caí con un golpe seco, las rodillas flexionándose por instinto, y sin darme un respiro, eché a correr otros siete metros, las aletas dorsales vibrando por la tensión del esfuerzo. Cada zancada levantaba un poco de polvo; el ritmo de mis pisadas se mezclaba con el zumbido del viento que se colaba entre mis cuernos. Aquella gigantona, que me miraba con desdén estaba en mi cabeza con insistencia, empujándome hacia adelante, un faro invisible en medio del caos. Giré la cabeza apenas un instante, lo justo para echar un vistazo por encima del hombro, mis ojos rojos brillando con una mezcla de precaución y desprecio. No confiaba en nadie a mis espaldas. El instinto del cazador me decía que en cualquier momento sentiría el filo o el golpe, que alguien intentaría aprovechar mi movimiento para atacarme como hizo el animal enano de antes, pero solo el silencio respondió, un silencio denso, expectante. Volví a mirar al frente, mostrando los dientes en una mueca que parecía sonrisa, aunque no tenía nada de amable. “Si quieren alcanzarme, que lo intenten-uo” Pensé, dejando que la furia me impulsara aún más. Mi cola azotó el aire detrás de mí, marcando el compás de mi avance. El terreno se inclinaba levemente, y el esfuerzo me hacía crujir los músculos de los hombros. El aire sabía a hierro y polvo, y cada respiración era una bocanada de rabia contenida. No pensaba detenerme, no mientras la gigantona siguiera allí, delante a siete metros de mí, esperándome o provocándome, no importaba cuál fuera la intención. Seguí corriendo, dejando que el peso de mi propio cuerpo se transformara en fuerza bruta, en un impulso animal que me recordaba quién soy, y lo que soy capaz de hacer.

RESUMEN


BÉLICO


SIGUIENTE TURNO
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1008 - 200 = 808
Energia: 845 - 109 = 736
Espiritu: 150 + 0 = 150


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RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 2 [GRUPO 1] - por Uosan Sakana - 01-11-2025, 04:14 PM

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