01-11-2025, 05:52 PM
(Última modificación: 02-11-2025, 01:25 AM por Sigurd Haakon.)
Outfit ---- Sigurd de Drum
Una botella no es suficiente. ¿Porqué? Pruebo con una segunda. Nada. Da igual que me la beba de una sola tirada que no hace efecto. Vamos con la tercera de las cinco que he comprado. No solo sabe rara, sino que no sube, macho... ¿Tan mierdosa es la cerveza de este lugar que no puede emborrachar a un orgulloso Bucanero? Es imposible, es cerveza invernal, lo más cercano a la cerveza norteña que voy a encontrar en la Gran Line. No me puede fallar...
Sí, aquí estoy, intentando pillar un pedo terrible en el reino Sakura de la isla de Drum. ¿Como he acabado así? Pues bajé de las montañas, cansado de tanta ventisca de los cojones y como todo el mundo aquí parece aburrido y sin ganas de divertirse, pues he decidido beber un poco y montarme mi propia fiesta. Vamos, eso o no he encontrado el buen sitio donde la gente con ganas de marcha se reúne. Hace cinco minutos le he comprado a un vendedor ambulante cinco botellas de cerveza artesanal. Decía que era "lo más artesanal" que encontraría en esta isla. Y después de varios tragos y botellas vacías, aquí no me sube nada.
Estoy tirado en mitad de un callejón, haciendo esquina con una gran calle principal. La gente pasa de largo de un lado a otro, y algún curioso se queda observando a un coloso de siete metros de cuclillas, apoyado en la pared y bebiendo sin éxito. A estos los espanto de un grito o con algún aspaviento tonto. Es cierto que la calle está muy concurrida hoy. Hace fresco, lo admito, pero hoy es un día soleado como pocos. No se ve ni una sola nube en el cielo y las temperaturas invitan a salir y disfrutar del paseo.
Cuando me voy a beber la cuarta cerveza, me da por leer la enorme etiqueta que tiene pegada la botella. Y es en ese momento en el que entiendo porque cuatro litronas no me han hecho efecto alguno... Sin alcohol. En la puta etiqueta hay una pegatina que pone 0,0 sin alcohol. Mientras lo leo, mis ojos se van ensombreciendo y mis dientes chocan entre sí, serrandose. -Intolerable...- mascullo enfurecido. Me levanto ofuscado, mientras sostengo la quinta y última botella. De la propia ira, la hago estallar en mi mano, clavándome los vidrios. Pero no duele. La traición de que un cervecero independiente te venda zumo... Eso sí duele de verdad. Agito la mano y los vidrios caen.
Avanzo con paso firme y seguro, incluso ligeramente acelerado. Tengo tanta ira ahora mismo que incluso voy un poco echado para delante, con el pecho inflado y los hombros de frente. Arrastro a Yggdrasil por la acera, rayando la calzada a su paso y delatando mi trayectoria. Los martillos reposan en el cinturón. La gente se aparta de mi camino nada más es consciente de mi presencia. Se aleja asustada, mirando lo enorme de mi envergadura y mis músculos y rezando por qué no vaya a liarla más de la cuenta. Cada paso que doy hace temblar los cimientos de cada edificio al que me acerco. Y así voy, hasta llegar al puesto de cervezas.
La gente que está haciendo cola huye despavorida al entender que voy hacia ellos. El único que se queda es el propietario del negocio, que se cae de culo, aterrorizado. Nada más llegar, sin mediar palabra, le pego una patada al puesto y este sale despedido hasta reventarse contra el tercer piso de un edificio y abrir un agujero en la pared. Luego agarro al hombrecillo con una mano de la cabeza, como quien agarra una naranja. Lo alzo tanto como puedo, a más de siete metros del suelo. El hombre araña mi mano mientras se asfixia, intentando liberarse del agarre, pero le es imposible. La gente empieza a gritar asustada. Algunos piden ayuda. Otros exclaman por clemencia. Pero yo reclamo venganza. -Hijo de la gran puta... ¡¿Acaso no sientes vergüenza por lo que has hecho!?- suelto recriminando. El hombre, evidentemente, no puede responder. La gente que nos rodea empieza a preguntarse que ha sucedido. Que le perdone la vida sea lo que sea. Yo no atiendo y sigo con mi cruzada personal. -¡¡¡¿¿¿A QUE ALMA PÉRFIDA SE ME OCURRE VENDER CERVEZA SIN ALCOHOL???!!!- grito a pleno pulmón. Por un segundo, todo se paraliza. La gente se enmudece, los ruidos cesan, el tiempo se detiene. Y un segundo después, la gente vuelve a gritar. Pero esta vez, pidiendo la ejecución del vendedor.
Una furia colectiva se apodera por unos minutos de la plaza ante semejante ultraje. Y yo le concedo a mi público lo que pide. Pienso aplastar el cráneo del comemierda hasta que...
Ayuda visual. Sigurd agarra al vendedor
Un hombre, una manzana más allá en la cera de enfrente, sale despedido por la ventana. Parece un establecimiento de comidas o una especie de taberna. No sabría definirlo con solo ver la entrada. Lo que me llama la atención es que hay un bullicio especial, similar al que tengo aquí montado. Parece una bronca, una pelea intensa. Tan intensa, que un hombre ha salido despedido por la ventana sin dificultad. Eso ha estado guapo. Demasiado guapo. ¿Quién cojones tiene los santos huevos de opacar mi bronca con una bronca mayor y no invitarme? Se las verá conmigo.
Suelto al hombre como quien tira una pelota. Este cae en la multitud, y la gente se encarga de hacer su propia justicia social ante tremenda falta de ética. Ya no es cosa mía. Yo voy a plantearme en mitad del bar y auto invitarme a la refriega. Tengo ganas de ostias y hachazos. Cargo a Yggdrasil en el hombro, preparado para saltar a la acción en cualquier momento. Y entonces, me planto en el pequeño porche de entrada que tiene el establecimiento. Antes de que pueda entrar, una sombra cruza la puerta. Una mole de músculos poderosos e imparables me dan la bienvenida. ¿Un rival formidable?
...
...
-Pero cabrón, ¿Como tú por aquí? ¡¡¡JARUL JUL JUL JUL...!!!- me río ante la presencia de Ubbe, mi hermano de otra madre. Hemos coincidido en el mismo sitio y el mamón la está liando tanto o más que yo. Un fiera, si me preguntas. Procedo a hacer nuestro saludo ya clásico. -¡VIVE CON HONOR...!- y le engancho el antebrazo para que culmine. Suelto a Yggdrasil, que se clava en el suelo de madera de la entrada del local y le paso la mano izquierda por el hombro, pasando y agarrando al hombretón del cuello en un gesto amistoso. -Cuentame, Ubbe. ¿Qué tal te ha ido hasta ahora? ¿Alguna novedad para el barco?- inicio una conversación afana en el porche, en medio de la calle. Ya me la suda el caos, las broncas y las peleas. Hacía días que no veía a mi pana y al menos yo tengo muchas cosas que contar.
En efecto, cajita feliz

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