02-11-2025, 04:13 AM
Esta señora me encanta siempre me enseña que de los humanos hay gente buena. Compartir una buena presentación la jefa, aquella mujer pelirroja dueña de esta cocina, me hizo pasar pero casi que al rincón más interno ahora parecía tener un banco de dimensiones ideales para mi, era más alto, y más amplio que el resto. Tomé asiento contento observando como me presentaban a una nueva cocinera.
Claro verla asomarse tras aquel umbral que separa la zona de los comensales de los cocineros. Un mirada tranquila, sin mucho gesto. Un ademán de saludo, simulando quitarse el sombrero justo antes de pasar a acomodar su cabello de manera que su cola de caballo quede alta. Es curiosa, parece una niña todavía. —Tiene que ser muy hábil para cocinar con el cabello suelto. aunque igual es muy bonito.— Hay que estar claro que ella me llamó la atención, pues siempre esperaré que por ahí aparezca Uker, ahora hay otra persona por lo que es innegable que el tiempo está pasando y yo sigo aquí.
No me voy a quedar atrás. En algún momento se que lo volveré a ver.A simple vista no solo su muy bonito cabello llama la atención, sus orejas también. ¿Ella entonces es una humana? También me parece un poco tímida pues al instante no ha dicho nada y tampoco parece tener muchos deseos de aparecer. Un saludito moviendo los dedos, simulando repiquetear pero en el aire. —Un placer pequeñita.— Mi mirada dedicada no vió mucho más, tambíen tenía que admitir que la tiara la hacía ver mucho más infantil por lo que para mi era una niñita.
—¿De dónde la sacaste la adoptaste?—
—Nada que ver esta chiquilla es más ruda de lo que puedes creer. ¿Por que no le preparas unos vegetales salteados y raya rayada?— Fijate que la miré cuando le pidió ese platillo me quedé sorprendido. Ciertamente los vegetales salteados era la especialidad que Uker me había preparado aquella ocasión así que ahora mismo estaba expectante de que tan buena puede ser la pequeña.
—Además de que si ella es lo suficientemente adulta para viajar sola, no me la voy a adoptar, si quisiera un hijo sería mejor un bebé o uno propio, que tenga alas. — Sorpresa sorpresa, la que comentaba ella era algo que ciertamente a cualquiera lo dejaría expuesto. A mi no, ya que esos juegos son el pan de cada día cuando te das cuenta de quién es ella. Sin pensarlo mucho ella siempre me había tratado con esa confianza que pone a muchos hombres nerviosos. Creo que su cabello rojo es lo que más puede intimidar o despertar el apetito.
—Ya llegará el hombre adecuado para ello, pero ahora quedate tranquila. No has sabido nada de….— No quiero ni decir su nombre ya que si bien la Isla Karate no tiene marines, desde que se fue se había sentido su ausencia, de todo el grupo. Ella me hizo una negativa y tras eso fue a buscar en su despensa de licores tomó unos papeles con un tono amarillento y me lo entregó. Estaban doblados y a su vez amarrados con una cinta.
—Yo también lo extraño. Pero no tengo ni una pista de él. Si lo quieres encontrar, espero tengas el suficiente valor.— Agarré los papeles y lugar en la parte trasera de mi ropa. cómo suelo ir descamisado sobresalía pues sostenía la misma cinta que mantiene mis pantalones amarrados en mi cintura.
Claro verla asomarse tras aquel umbral que separa la zona de los comensales de los cocineros. Un mirada tranquila, sin mucho gesto. Un ademán de saludo, simulando quitarse el sombrero justo antes de pasar a acomodar su cabello de manera que su cola de caballo quede alta. Es curiosa, parece una niña todavía. —Tiene que ser muy hábil para cocinar con el cabello suelto. aunque igual es muy bonito.— Hay que estar claro que ella me llamó la atención, pues siempre esperaré que por ahí aparezca Uker, ahora hay otra persona por lo que es innegable que el tiempo está pasando y yo sigo aquí.
No me voy a quedar atrás. En algún momento se que lo volveré a ver.A simple vista no solo su muy bonito cabello llama la atención, sus orejas también. ¿Ella entonces es una humana? También me parece un poco tímida pues al instante no ha dicho nada y tampoco parece tener muchos deseos de aparecer. Un saludito moviendo los dedos, simulando repiquetear pero en el aire. —Un placer pequeñita.— Mi mirada dedicada no vió mucho más, tambíen tenía que admitir que la tiara la hacía ver mucho más infantil por lo que para mi era una niñita.
—¿De dónde la sacaste la adoptaste?—
—Nada que ver esta chiquilla es más ruda de lo que puedes creer. ¿Por que no le preparas unos vegetales salteados y raya rayada?— Fijate que la miré cuando le pidió ese platillo me quedé sorprendido. Ciertamente los vegetales salteados era la especialidad que Uker me había preparado aquella ocasión así que ahora mismo estaba expectante de que tan buena puede ser la pequeña.
—Además de que si ella es lo suficientemente adulta para viajar sola, no me la voy a adoptar, si quisiera un hijo sería mejor un bebé o uno propio, que tenga alas. — Sorpresa sorpresa, la que comentaba ella era algo que ciertamente a cualquiera lo dejaría expuesto. A mi no, ya que esos juegos son el pan de cada día cuando te das cuenta de quién es ella. Sin pensarlo mucho ella siempre me había tratado con esa confianza que pone a muchos hombres nerviosos. Creo que su cabello rojo es lo que más puede intimidar o despertar el apetito.
—Ya llegará el hombre adecuado para ello, pero ahora quedate tranquila. No has sabido nada de….— No quiero ni decir su nombre ya que si bien la Isla Karate no tiene marines, desde que se fue se había sentido su ausencia, de todo el grupo. Ella me hizo una negativa y tras eso fue a buscar en su despensa de licores tomó unos papeles con un tono amarillento y me lo entregó. Estaban doblados y a su vez amarrados con una cinta.
—Yo también lo extraño. Pero no tengo ni una pista de él. Si lo quieres encontrar, espero tengas el suficiente valor.— Agarré los papeles y lugar en la parte trasera de mi ropa. cómo suelo ir descamisado sobresalía pues sostenía la misma cinta que mantiene mis pantalones amarrados en mi cintura.
