02-11-2025, 06:00 PM
Una vez en el puerto, el joven marine decidió situarse en el espigón más céntrico, permitiendo tener controladas las áreas de carga y descarga, la zona de los astilleros, las zonas de embarque y el muelle, ubicando este último a sus espaldas junto con los rompeolas y los canales de acceso. Ya se había asegurado al llegar que en esos tres puntos no existía amenaza alguna, así que el problema no venía de fuera de la isla, sino de su interior.
Las terminales a un lado, los almacenes a otro, y las principales vías que conectaban la tierra con el mar las tenía al frente. Las calles anchas que conectaban el muelle con la plaza principal del puerto estaban despejadas, y en los callejones, aquellas vías secundarias más estrechas que unían la zona portuaria con el tejido urbano, lo que se encontraba era escasez de luz.
Enseguida pudo diferenciar entre tanta oscuridad voces de niños, no jugando, sino de preocupación. Agudizó su sentido del oído e identificó algo más. No veía mucho y desde tanta distancia se le dificultaba un poco identificar que era lo que decían exactamente, así que acortó distancia para descifrar aquellas palabras. Oculto entre las sombras, el joven marine pudo además de las voces de los niños, identificar una voz femenina que compartía su misma curiosidad acerca de aquel sujeto que buscaba atraer a los niños al muelle. Sacar a menores en barco era una tarea complicada si tenían familias, pero aquellos niños… Eran un pequeño grupo de supervivientes que se alimentaban de lo que iban encontrando en la basura. Esto Akira no lo podía consentir, y menos aún teniendo orfanatos en los que podrían tener una buena infancia, no solo viviendo bajo un techo y teniendo comida cada día, sino pudiendo ir a la escuela y a jugar como cualquier niño debía de poder hacer.
Esperó a que aquella figura con extrañas orejas y extraña cola se alejara del callejón para presentarse a los menores como una especie de héroe amigable y con su picardía en el habla convenció a aquel pequeño grupo de chiquillos para que se quedaran junto a uno de sus compañeros. Quien patrullaba las calles principales, algo alejadas del muelle, y los llevó al cuartel de la Marina junto con el aviso de Raito acerca del supuesto secuestrador de niños. Por suerte, a este grupito les dio de cenar y los tumbó en las colchonetas de la zona de entrenamiento para que a la mañana siguiente pudieran ser registrados en el censo de niños sin tutelar y así poder darles cuidados y con ellos, una mejor vida.
—Bueno, por lo menos este grupo estará a salvo… ¿Dónde se encontrará a aquella mujer? —regresó sobre sus pasos y vislumbró a lo lejos a aquella muchacha, que ahora se encontraba justo en el punto de partida de Akira, en el puerto. Analizó su apariencia, no era una humana cualquiera, tenía características equinas, debía de ser lo que se conocía como un humink, orejas y cola de caballo, y pelaje grisáceo, perfecto para ocultarse bien entre las sombras, aunque su piel era bastante clara, algo que haría que con un poco de luz pudiera identificarse con mayor facilidad. Le resultaba curiosa, pero le transmitía buenas sensaciones, así que con gran confianza, y sin apenas dudar, el joven marine decidió presentarse ante ella—. Me han dicho que tú también andas buscando al hombre del saco. Me presento, Solaris, un placer —le estrechó la mano como quien se la ofrece a un amigo y sonrió—. ¿Le gustaría colaborar conmigo para encerrar a ese hijo de puta?
Las terminales a un lado, los almacenes a otro, y las principales vías que conectaban la tierra con el mar las tenía al frente. Las calles anchas que conectaban el muelle con la plaza principal del puerto estaban despejadas, y en los callejones, aquellas vías secundarias más estrechas que unían la zona portuaria con el tejido urbano, lo que se encontraba era escasez de luz.
Enseguida pudo diferenciar entre tanta oscuridad voces de niños, no jugando, sino de preocupación. Agudizó su sentido del oído e identificó algo más. No veía mucho y desde tanta distancia se le dificultaba un poco identificar que era lo que decían exactamente, así que acortó distancia para descifrar aquellas palabras. Oculto entre las sombras, el joven marine pudo además de las voces de los niños, identificar una voz femenina que compartía su misma curiosidad acerca de aquel sujeto que buscaba atraer a los niños al muelle. Sacar a menores en barco era una tarea complicada si tenían familias, pero aquellos niños… Eran un pequeño grupo de supervivientes que se alimentaban de lo que iban encontrando en la basura. Esto Akira no lo podía consentir, y menos aún teniendo orfanatos en los que podrían tener una buena infancia, no solo viviendo bajo un techo y teniendo comida cada día, sino pudiendo ir a la escuela y a jugar como cualquier niño debía de poder hacer.
Esperó a que aquella figura con extrañas orejas y extraña cola se alejara del callejón para presentarse a los menores como una especie de héroe amigable y con su picardía en el habla convenció a aquel pequeño grupo de chiquillos para que se quedaran junto a uno de sus compañeros. Quien patrullaba las calles principales, algo alejadas del muelle, y los llevó al cuartel de la Marina junto con el aviso de Raito acerca del supuesto secuestrador de niños. Por suerte, a este grupito les dio de cenar y los tumbó en las colchonetas de la zona de entrenamiento para que a la mañana siguiente pudieran ser registrados en el censo de niños sin tutelar y así poder darles cuidados y con ellos, una mejor vida.
—Bueno, por lo menos este grupo estará a salvo… ¿Dónde se encontrará a aquella mujer? —regresó sobre sus pasos y vislumbró a lo lejos a aquella muchacha, que ahora se encontraba justo en el punto de partida de Akira, en el puerto. Analizó su apariencia, no era una humana cualquiera, tenía características equinas, debía de ser lo que se conocía como un humink, orejas y cola de caballo, y pelaje grisáceo, perfecto para ocultarse bien entre las sombras, aunque su piel era bastante clara, algo que haría que con un poco de luz pudiera identificarse con mayor facilidad. Le resultaba curiosa, pero le transmitía buenas sensaciones, así que con gran confianza, y sin apenas dudar, el joven marine decidió presentarse ante ella—. Me han dicho que tú también andas buscando al hombre del saco. Me presento, Solaris, un placer —le estrechó la mano como quien se la ofrece a un amigo y sonrió—. ¿Le gustaría colaborar conmigo para encerrar a ese hijo de puta?

