[Aventura T1] Orfandad en peligro
#4
—Gracias, madrecita —alcancé a decirle, bajando la cabeza con respeto. Era un hombre hecho y derecho, sí, pero sus palabras atravesaron mi coraza más fácil de lo que esperaba. Recordar a mi hija siempre ha sido una herida abierta; cada vez que su imagen se forma en mi mente, el resto del mundo se vuelve borroso. El corazón me pesa, la respiración se me corta y todo lo demás deja de importar.
 
Pero esta vez no tuve ni el lujo de hundirme en esa tristeza, la anciana, con la determinación que solo dan los años y el dolor, me pidió que la acompañara. No esperó respuesta, simplemente giró sobre sus talones y comenzó a caminar con paso firme, arrastrando sus pies mas que caminando.
 
No dudé en seguirla. Había algo en su andar que me recordaba a las corrientes profundas: lentas, pero seguras. Sabía que me estaba llevando a un lugar donde las respuestas no serían agradables, pero ya había tomado una decisión. Si una niña estaba desaparecida, si nadie más quería buscarla, entonces lo haría yo. Aunque tuviera que remover cada grano de tierra de esta isla.
 
Finalmente llegamos a un edificio que, aunque tan humilde como el resto del barrio, tenía algo distinto. No sabría decir si era el aire, el silencio o la forma en que el viento parecía evitar golpearlo con fuerza, pero aquel sitio tenía un aura propia. Sobre la puerta, un letrero medio descolorido anunciaba su nombre, Orfanato del Río Sereno.
 
Las paredes estaban hechas de tablones torcidos y viejos, como si cada uno hubiera sido colocado con manos cansadas pero con intención. Las contraventanas, pintadas alguna vez con colores vivos, ahora se pelaban y dejaban entrever la madera desnuda. Aun así, alguien había tenido el detalle de colocar flores en latas oxidadas frente a la entrada; flores pequeñas, resistentes, obstinadas en seguir vivas pese a todo. Me detuve unos segundos antes de entrar. No hacía falta ser médico para sentir el peso de ese lugar, pobreza, abandono… pero también algo más. Allí dentro habitaba una lucha silenciosa, una especie de amor testarudo que no se rendía, incluso cuando el mundo parecía haberlo olvidado. Y sin saber por qué, sentí que estaba a punto de sumergirme en algo mucho más profundo que la tierra.
 
Dentro, el aire tenía un peso distinto, casi denso, como si cada respiración costara un poco más. La sala era una mezcla de todo: dormitorio, comedor y sala de juegos, todo contenido en un mismo espacio que intentaba parecer más grande de lo que realmente era. Doce camas alineadas con orden impecable, demasiada disciplina para ser obra de niños. Pero dos de ellas… dos permanecían vacías. Las mantas dobladas con cuidado, como si en cualquier momento sus dueños fueran a regresar. Esa clase de esperanza duele más que la pérdida.
 
Los pequeños que aún quedaban estaban reunidos en torno a una mesa, dibujando con trozos de carbón sobre pedazos de papel de estraza. No hablaban. Solo se escuchaba el roce del carbón, el crujir de las sillas y el crepitar leve de un fuego que ya apenas sobrevivía. La niñez, aquí, parecía haber sido reemplazada por una quietud demasiado adulta. Al fondo, junto al fuego moribundo, estaba e, un hombre de rostro agotado pero con la mirada firme, la otra alma que sostenía aquel lugar con lo poco que tenía. Sus manos estaban manchadas de hollín, y aun así seguían trabajando, removiendo el fuego con una vara para mantenerlo vivo. Era evidente que cargaba más peso del que podía soportar, y sin embargo seguía en pie.
 
No dije nada al principio, ni siquiera cuando escuché el tono desconfiado con el que me habló. No lo culpaba. Cuando se vive entre la pobreza y el engaño constante, uno aprende a protegerse con palabras duras y miradas frías; ya no se sabe en quién creer, ni qué promesas valen algo. —No se preocupe —le respondí con voz tranquila, levantando apenas las manos—no tiene que disculparse. — No era la primera vez que me miraban como si fuera un monstruo salido del mar, y probablemente no sería la última, pero no vine aquí buscando comprensión. No soy un demonio. Mi empatía no está en la superficie, ni en las caras que me juzgan al pasar; está aquí, en este lugar herido, en estas personas que luchan sin fuerzas, en esos niños que desaparecen mientras el mundo se queda callado. Si algo puedo hacer, aunque sea mínimo, lo haré, porque si algo aprendí del océano, es que incluso una gota puede cambiar el curso de la corriente.
 
Escuché en silencio cada palabra del hermano Sael, su voz temblaba como si cada frase le costara respirar. Dos niños. Dos en menos de una semana. El primero, un chico llamado Tomo, desaparecido sin rastro hace siete días. La segunda, anoche, Lita, la niña del nombre que ya me pesaba en el pecho. No había señales de fuerza, ni cerraduras rotas, ni huellas en las ventanas. Todo intacto, como si los pequeños se hubieran desvanecido en el aire.
 
Mientras él hablaba, mi mente comenzó a unir las piezas. Nadie podía entrar o salir sin dejar rastro. Nadie, excepto alguien con una habilidad muy específica, mi mandíbula se tensó sin quererlo. No era posible o tal vez sí. El pensamiento me heló por dentro, a menos que pudieran nadar en tierra, como yo.
 
—Esta joya no parece algo común —le dije, tomando con cuidado el pequeño objeto entre mis dedos. No era de esta isla, eso era evidente, y aunque no conocía mucho sobre sus costumbres o artesanías, bastó una mirada para notar que aquello no pertenecía a un lugar humilde como el Orfanato del Río Sereno.
 
Era una flor de caña de azúcar, delicada, casi perfecta, tallada con una precisión que solo alguien con manos expertas y mucho tiempo podía lograr. El cristal rojizo brillaba débilmente con la luz del fuego, como si guardara algo dentro, una historia o una advertencia. El hermano Sael me explicó que la habían encontrado sobre la almohada de Lita la mañana después de su desaparición. No necesité escuchar más. Aquello no era un simple adorno, era un mensaje. Pero, ¿de quién? ¿Quién querría hacerle daño a un lugar como este? Un orfanato olvidado, sostenido apenas por la fe y la voluntad de dos personas y lo más inquietante de todo ¿por qué dejar algo tan hermoso en medio de algo tan cruel?
 
Escuché con atención cada palabra, dejando que los detalles se ordenaran en mi mente como piezas de un mapa: el conde, su manía por coleccionar “trofeos”, la desaparición de la niña, el cocinero nervioso que evitaba hablar del tema, para mi todo encajaba. No necesitaba más para entender que el lujo del conde se sostenía sobre el sufrimiento de otros y si eso era cierto, entonces ya tenía un nuevo rumbo que seguir.
 
—No tienen que pagarme nada —respondí con voz firme, aunque sin dureza —Lo que hago, lo hago por mi hija. No puedo traerla de la muerte, pero sí puedo evitar que otros niños compartan su destino. —Me incorporé lentamente, la sombra de mi cuerpo cubriendo a los dos humanos frente a mí. Sus miradas reflejaban miedo, sí, pero también esperanza, una mezcla que conocía bien.
 
Los observé un instante más antes de tomar una decisión. —Me retiraré a mi manera —añadí con calma —No es bueno que me vean salir de aquí. Si algo llega a pasar, no podrán vincularme con ustedes, y así estarán a salvo. —Sin esperar respuesta, apoyé una mano en el suelo y dejé que la Sui Sui no Mi hiciera su trabajo. Mi cuerpo comenzó a hundirse lentamente en la tierra hasta que el suelo me tragó por completo.

Sentí la presión del terreno cerrándose a mi alrededor, fría y densa, y nadé bajo el orfanato con la misma naturalidad con la que antes cruzaba las corrientes marinas. Me deslicé en silencio, a la profundidad justa para no dañar la estructura. Arriba, el mundo seguía girando pero bajo la tierra, ya había comenzado la caza.
 
Y poco despues salí detrás de un arbol, a unos metros del orfanato, quizas me hayan visto entrar, pero nadie me habria visto salir, y era un avance en mi nueva misión, ahora tocaba caminar hacia el lugar indicado, sigiloso, sin problemas, al menos no al principio, si esos niños estaban vivos, los rescataria a como de lugar.

OFF
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Espiritu: 45 + 0 = 45


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RE: [Aventura T1] Orfandad en peligro - por Tensui Marlin - 03-11-2025, 10:18 PM
RE: [Aventura T1] Orfandad en peligro - por PX-4 - 23-11-2025, 08:27 PM

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